¿Habéis visto la película, clásica del cine español, Raza? ¿Aquella película escrita por Francisco Franco bajo el seudónimo «Jaime de Andrade»? La película se llama Raza en alusión al alma inmortal de aquella estirpe guerrera que no nace de la vanagloria, sino del peligro cierto de la Patria. Esa raza inmortal no es linaje de sangre solamente, sino espíritu de sacrificio, temple de voluntad y amor a la verdad católica que forjó a España cuando era lumbre del mundo. Pues sabed que esa raza no ha muerto, a saber, al ser inmortal aún pervive entre los españoles «¿dónde si no la vemos?», se preguntarán, pero he de responderles, que no la ven porque duerme en el fondo de vuestros huesos, aguarda en la sombra de vuestros hogares, y sólo un sueño indigno la ha adormecido. Mas la hora se acerca, porque la Patria, asaltada por esa bestia de diez cabezas y diez cuernos que llaman falsamente democracia, ha parido gobiernos insufribles que muerden la identidad española, escupen su cultura y persiguen su fe católica como nunca vieron nuestros abuelos. No es tiempo de lamentos, sino de que los herederos despierten.
Emerged, pues, pero no con las armas de plomo y pólvora, sino con las armas del alma: en el trabajo, siendo los más firmes, los más honrados, los que no doblan la cerviz ante la mediocridad ni la trampa; en el hogar, siendo los mejores maridos y esposas, los que no ríen las costumbres livianas ni abandonan la cruz del día a día; en la educación, siendo los primeros maestros de los vuestros, porque el parvulario no es guardería, es fragua. No permitáis que vuestros hijos crezcan con impedimentos disfrazados de tendencia generacional o de mercado, no permitáis que crezcan entre pantallas podridas, entre doctrinas sin Dios, con el miedo a llamar al bien por su nombre, dar la cara al mal y enfrentarle; pues el germen heroico sólo emerge en el alma bien templada, el alma que ha admirado la belleza, el alma que se ha elevado a las altas cumbres. Guiadlos con la mano izquierda en el castigo justo y con la derecha en el ejemplo santo de saber razonar, de saber divertirse con elegancia y nivel, de vestirse con «facha» y presencia infranqueable, de amar a Dios, de defender la Fe, la Santa Iglesia y la patria, de leer a los grandes autores y libros sempiternos; todo para que cuando España los necesite en el futuro, no sean cobardes de salón sino guerreros de la raza.
Y no os engañéis: el gobierno miserable que hoy padecemos es el resultado directo de la educación que ayer sembraron los padres. Los padres quisieron rebelarse contra la educación tradicional, olvidando que la revolución(1) todo lo arrasa, y que no reconoce nada de lo bueno que trajo el pasado, ni la disciplina, ni la autoridad legítima, ni el temor de Dios, ni la lengua limpia, ni el amor a la Patria. Crearon hijos para ser profesionales y ganar dinero, divertirse y amar por curiosidad y placer, criaturas sin raíz, votantes del rencor, veletas reciclables que el destino premiará con el olvido de tan vanas vidas. Pero no escribo esto para que lloréis el pasado y el presente, aún estáis a tiempo: volved a ser padres, no cómplices de fechorías; volved a ser hogar, no un triste trastero; volved a ser esa raza que no pide permiso para nacer cuando la Patria arde. Que despierte el guerrero dormido en ti y nazcan los guerreros en tu descendencia. Que el mundo vea que España no ha muerto, sólo duerme en espera de sus más loables y grandiosos guerreros que vendrán en su auxilio.
NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO
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