25/09/2026 00:13

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo reniega de su historia, especialmente de lo mejor de ella.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo lleva medio siglo votando a los mismos ineptos, sinvergüenzas, golfos, ladrones y para qué seguir.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo con su voto lleva medio siglo sosteniendo un sistema partitocrático aberrante, una dictadura de partidos brutal.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo sostiene un Estado que lo es de impunidad para los vagos y maleantes de toda calaña.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo sigue vitoreando a un rey, como en su día a su padre, ambos perfectos ejemplares de una estirpe degenerada que un mal día se nos cayó encima y de la que no conseguimos deshacernos por culpa, precisamente, del pueblo.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo sigue vitoreando a unas fuerzas de orden público, gubernamentales, autonómicas o municipales, que confunden voluntaria, premeditada y alevosamente, por su único interés personal, disciplina y obediencia con sumisión y neutralidad con inhibición.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo sigue creyendo que las FFAA están al servicio de la Patria, de la nación, de España, y no se convence de que solo y únicamente lo están al servicio de los intereses espurios de sus miembros.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo sigue nutriendo un funcionariado gubernamental, autonómico y municipal sobredimensionado, cuyo único fin no es servir, sino vivir de los demás.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo sigue soportando una presión fiscal y tolerando una injusticia social y laboral inhumanas a pesar de reducir al mismo pueblo a la condición de esclavos.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo sostiene una Constitución, una ley electoral, un sistema autonómico, todo ello manifiestamente antinacional, que están desmembrando España.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo colabora con la invasión inmigratoria y los perjuicios que de todo tipo conlleva ahora y peor aún para el futuro de nuestros hijos y nietos.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque el egoísmo, la falta de respeto, la insolidaridad, la deshonestidad y la mala educación se han adueñado de este pueblo porque él mismo lo permite.

No, el pueblo no salva al pueblo, ni lo va a salvar, porque este pueblo ni es capaz, ni quiere reaccionar.

No, el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo se ha corrompido, de ahí todos sus males.

Y lo peor de todo, pues es la raíz de todo lo dicho y de mucho más que se podría decir: el pueblo no salva al pueblo, porque este pueblo ha dado la espalda a Dios, prefiriendo servir y obedecer antes a los hombres que a Él.

Por todo ello, el pueblo no salva ni puede salvar al pueblo, porque tiene lo que se merece. Lo que sí podría hacer este pueblo, al menos, es dejar de quejarse, pues la culpa de todos sus males la tiene el propio pueblo.

Autor

Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
Suscríbete
Avisáme de
guest
3 comentarios
Anterior
Reciente Más votado
Alvar

El populacho solamente se dejó engañar porque se le hizo creer que podría satisfacer sus bajos instintos a tutiplén.
Pero le pido a Dios que me deje en la otra vida ir a buscar a los responsables y cómo no, al grandísimo hijo de satanás de Zapatero. Me dejo unos cuantos, pero con estos me conformaría.
El populacho merece su castigo, pero quienes lo han engañado merecen el suyo, y con una vida no hay suficiente para que paguen por lo que han hecho.

Jose M.

Gracias Sr.Bendala:
Me ayuda sobrevivir.Que error´Que inmenso error se cometió.

«En España el mérito no se premia.Se premia el robar y el ser sinverguenza»
(D.Ramón Maria del Valle Inclan ,Dramaturgo, 1866.1936)

Hakenkreuz

«El pueblo salva al pueblo», pocos dichos más repugnantemente bolcheviques, materialistas, políticos, mundanos y anticristianos, propio de judíos bolcheviques enemigos acérrimes de Dios y los católicos de toda la tierra, que no hacen otra cosa que engañar incluso a los que más sufren.

Solo Dios salva al pueblo de Dios con el sufrimiento de la Cruz de todos sus pecados, con la sangre preciosísima derramada y con la muerte redentora augurio de Gloriosa Resurrección.

El pueblo que vota, incluso en blanco o nulo, se condena al infierno por su propia voluntad, sin que nadie les obligue, sin que se les conmine a apostatar con chantaje o violencia. Votar es consentir en un poder elegido por mayorías, como las del ¡crucifícale! y el ¡suéltanos a Barrabás!. Después de votar, de nada vale lamentarse. El votante es aficionado a la mentira, consiente y colabora con ella, luego con el padre de la mentira.
El pueblo cobarde paga con el infierno (Ap 21, 8).
El pueblo que odia a sus antepasados y a las gestas más grandes de la humanidad que llevaron a cabo sus mayores, las de la evangelización de todos los continentes, como el Señor mandó a sus apóstoles y discípulos, así como la defensa de la fe vertiendo incluso la sangre propia por la Cristiandad en suelo patrio o extranjero, no merece otro calificativo que judío y de viñadores homicidas.
El pueblo que rechaza el amor sincero y entregado sin petición de retribución alguna a la patria, no es digno de ella, sino de andar errante por el mundo como los judíos tras la diáspora.
El pueblo que NO obedece a Dios en todos sus mandatos, incluso los menores, incluso en la más dura adversidad, no merece más que el mismo infierno, pues ha perdido todo respeto y autoridad, por mucho poder que tenga.
El pueblo que apostata de modo voluntario o negligente, merece el infierno por cobarde y acomplejado.
El pueblo que no respeta el «ganarás el pan con el sudor de tu rostro» es un pueblo de delincuentes, parásitos, estafadores y ladrones chupasangre, como los mercaderes del templo en tiempos del Señor.
El pueblo que adora a ídolos, especialmente a los que están a sueldo de los grandes de la tierra que oprimen a los pequeños en lugar de servirles en sus desdichas, y no a Dios, sea el ídolo que sea, incluso un rey demócrata o absoluto, es un pueblo de idólatras, se atrae la perdición eterna. No hay más Rey que el que lo es de reyes, Jesucristo Nuestro Señor. Ninguno otro es digno de ser rey si no reconoce al que es Rey de reyes como su Amo.
El pueblo cuya policía es política democrática (socialista o liberal fiscal) y que persigue al justo y encubre al malvado, es un pueblo totalitario enemigo de Dios y de su Iglesia, debe ser arrancado como cizaña y arrojado al horno de fuego eterno sin contemplaciones.
El pueblo que tiene un ejército de funcionarios mercenarios iscariotes «todo por las treinta monedas» no merece más que un gobierno de cetro de hierro implacable con exterminio de todo mercenario del mal.
El pueblo que roba con impuestos y que vive del dinero de subvenciones es un pueblo de anticristos que merecen el infierno por ladrones. Robar es ofender a Dios hasta el extremo, por muy extendido que esté en las democracias de todo tipo. NO hay excusas ni justificación para el robo, no hay justificación para los impuestos y las subvenciones. Quien roba, mata al pobre.
El pueblo que elige la esclavitud por un plato de lentejas, el pueblo que se prostituye votando a sueldo como súbdito de la Gran Ramera de Babilonia, el pueblo que rechaza el martirio como gloria máxima dada a Dios, no es digno de Dios ni de salvación alguna. Es pura cizaña.
El pueblo que se autojustifica alegando preceptos de hombres (estados de derecho, democracia, legitimación, legalidad, legismos diversos, constituciones, leyes orgánicas, ordinarias, decretos, reglamentos, etc.) vulnerando y transgrediendo los santísimos mandamientos de Dios, especialmente el de la Caridad, no merece otra cosa que el infierno.
El pueblo hipócrita y fariseo que trae inmigrantes a conveniencia e interés de sus empresas y negocios durante décadas para que trabaje para él y luego se queja de la llegada de inmigrantes en exceso y su desorden y crímenes, es un pueblo judío hipócrita y fariseo que merece Mt 23, 33.
El pueblo que consiente el macro genocidio del aborto, no merece vivir la verdadera Vida, la Vida eterna.
El pueblo que corrompe a los niños y niñas, impidiéndoles acercarse y conocer al Señor, como Él lo pidió, y escondiendo su depravación incluso en las aulas bajo el título de «educación», merece la suerte del que es arrojado al mar con una rueda de molino atada al cuello.
El pueblo que permite con todo tipo de mentiras y silencia de modo impune pestes asesinas llegadas del infierno rojo por puro interés multi trillonario comercial internacional, matando a millones de personas por permitir la propagación de esa peste sin contenerla en frontera, para evitar la ruina generalizada, ha quedado marcado por satanás para el Juicio Final sin haber superado la prueba definitiva de Vida Eterna, pues es un pueblo que cambió sangre por riquezas.
El pueblo impuro, idólatra, adúltero, vicioso, drogadicto, hedonista, avaro, explotador, ladrón, etc., no hereda con toda Justicia el Reino de Dios como establece 1 Co 6, 9-10.
El pueblo que intenta instrumentalizar a Dios con sus sectas heréticas a conveniencia de sus intereses mundanos nombrando obispos políticos, pretendiendo que Dios no existe porque no les libra de sus «legiones romanas», de sus fariseos, de sus herodianos, porque no satisface sus expectativas de mesianismo político terrenal y mundano, y que no les encumbra como reyes de todos los reinos del mundo, les manda ángeles para que les libre de todo mal que cometan y de las consecuencias del pecado sin hacer penitencia por ellos o les transforma las piedras en panes, no es pueblo de Dios ni nunca lo ha sido, sino pueblo enemigo de Dios, pueblo de vanos, de vanidosos, de ególatras, de narcisistas y de endiosados anticristos.

3
0
Deja tu comentariox
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.