07/11/2026 16:42
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Considera que la mejor manera de vivir con alegría es ser amable y compasivo con los demás

Nació en Eindhoven, Holanda y vive en Camprodon, Gerona. Da gracias a Dios cada día. Es licenciado en Administración y Dirección de Empresas y Doctor en Humanidades. Trabaja como formador y conferenciante y ha dado clases en la Universidad de Barcelona, la Universidad Internacional de Cataluña y la Universidad Autónoma de Barcelona.

Anteriormente trabajó como vicepresidente de Barna Consulting Group y Research Assistant de IESE. También tiene la suerte de recibir invitaciones de hospitales y colegios para impartir conferencias sobre «Vivir con Alegría.» Se dedica a la formación por vocación, pues considera que es un trabajo fantástico.

¿Por qué la alegría no es solo cuestión de psicología, sino que en su caso, y en el de mucha gente, viene del sentido trascendente?

La alegría profunda es un sentimiento que llena nuestras vidas y les da sentido. Es una sensación de paz interior, de serenidad, y tiene que ver con sentir un orgullo auténtico por tu manera de ser y tu manera de hacer las cosas. La trascendencia nos inspira e impulsa para cultivar esa manera de ser y de hacer, lo que se traduce en una sensación de alegría profunda.

A pesar de ser católico convencido, ¿cómo consigue separar su fe personal de su trabajo profesional?

Soy un católico convencido porque no se me ocurre serlo «parcialmente convencido». A mí no me gustan los extremos; no me siento cómodo con algunas organizaciones católicas o con las ideas de algunos obispos que adoptan posiciones muy extremistas, pero sí estoy plenamente convencido del mensaje que leo en el Evangelio. No la intento separar; al contrario, mi fe me ayuda en mi trabajo en el sentido de que intento hacer las cosas lo mejor posible, ayudar a los demás y ser amable. No comprendo bien la pregunta, porque cuando uno tiene fe, eso impregna toda su vida, tanto la personal como la profesional.

¿Ha tenido la tentación de ponerse «a predicar», aunque sea sutilmente?

No, nunca. A mí me gustaba lo que decía el Papa Francisco cuando explicaba que no hay que hacer proselitismo; es mucho mejor intentar ser ejemplo de los valores cristianos. Las palabras pueden convencer, pero el ejemplo arrastra.

Dice siempre que «lo importante es que lo importante sea lo importante». En su vida real, ¿ese «importante» es Dios y, en función de Dios, todo lo demás?

Sí, claro. Ser católico es lo que da sentido a mi vida e influye en mi rol de padre, pareja, amigo, profesional, etc. Sería incoherente que fuera al contrario. Ser católico no es lo mismo que ser socio de un club de ping-pong; ser católico es comprometerse con unos valores que deben influir en todos los ámbitos de tu vida y, es algo voluntario, nadie está obligado a serlo. Además, la manera de vivir que propone el Evangelio es la mejor para hacerlo con alegría y con buen humor, que es lo que todos buscamos. Consiste en ser buena persona, ayudar a los demás, ser amable, generoso, paciente, solidario y altruista.

La famosa «A» de su fórmula es la actitud, pero para los cristianos la clave es la A de amor. ¿Es ese su verdadero motor secreto en el fondo?

La experta en Psicología Positiva Barbara Fredrickson dice que el amor es la emoción suprema. En ese sentido, efectivamente, el amor sería la actitud motor que hace que el resto de las actitudes fluyan más fácilmente. El amor se traduce en la amabilidad y la compasión, en comprender que estamos en esta vida para ayudarnos unos a otros, en mirar con el corazón, en poner afecto y cariño a las relaciones, y en ser sensibles al sufrimiento ajeno.

¿Cómo se consigue contagiar la alegría del Evangelio en una charla ante un público corporativo que, a lo mejor, pasa totalmente de la religión?

Yo no intento contagiar la alegría del Evangelio. Mi trabajo es transmitir las ideas que proponen los expertos para afrontar la vida personal y profesional con alegría; con problemas, preocupaciones y disgustos, por supuesto, pero también con optimismo, ilusión y esperanza. Lo que ocurre es que estas ideas coinciden con las del Evangelio. Por otro lado, no creo que el público corporativo «pase» de la religión; son personas y, como todas, tienen una inclinación espiritual a la que dan respuesta de diferentes maneras. Todos necesitamos desarrollar esa vertiente espiritual que tenemos, es absolutamente necesario para que nuestra vida tenga sentido, y muchas de las personas de ese público corporativo también lo hacen siendo católicas.

Cuando usted también se viene abajo y se queda sin fuerzas, ¿suele recargar con la oración?

Yo recargo pilas de muchas maneras, también rezando, por supuesto. Pero también rezo cuando no tengo problemas y me siento contento y feliz.

¿Tiene algún santo como referente a la hora de hablar de vivir con entusiasmo, aunque no lo cite?

Mi gran referente ha sido la Madre Teresa de Calcuta. Siempre cito una frase suya que me parece que resume muy bien el propósito que tenemos en esta vida: «Que nadie llegue jamás a ti sin que, al irse, se sienta un poco mejor y más feliz».

Para un católico, la alegría no es un optimismo ingenuo de «todo va a salir bien». ¿Cómo se mantiene esa sonrisa por dentro cuando las cosas duelen de verdad?

La alegría profunda no significa estar siempre feliz, contento o riendo; eso es imposible y sería agotador. La vida tiene momentos fabulosos y momentos muy duros, y la alegría profunda surge cuando sabes que vives con sentido, con grandeza, y eso tiene que ver con tu manera de ser y de hacer las cosas. los momentos de sufrimiento pueden ser también momentos de grandeza que, con el tiempo, se traducen en alegría auténtica.

Si mañana fuera su última conferencia y solo pudiera dar un único consejo, ya no como formador sino como hombre de fe, ¿cuál nos dejaría?

Como nunca he querido dar consejos, creo que no rompería esa tradición; no soy nadie para dar consejos, bastante tengo yo con lo mío. Pero si solo tuviera un minuto para dar una conferencia, explicaría que la mejor manera de vivir con alegría es ser amable y compasivo con los demás. La compasión no significa llorar por alguien, esa es una parte muy pequeña; la compasión significa ponerse en el lugar de otra persona, sea conocida o desconocida, y querer lo mejor para ella, ayudarle y hacerle la vida más agradable.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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