15/08/2026 04:46

Rodríguez Zapatero fue producto de un sistema, de ese «régimen del 78» que obedece, a su vez, a un plan premeditado y alevoso; y muy posiblemente también nocturno o al menos elaborado en la oscuridad… y ya saben a quienes me refiero. Zapatero no fue Zapatero, fue una herramienta. Sin Juan Carlos I, sin Suárez, sin Felipe González, sin Aznar, no habría existido Zapatero, como sin él tampoco Rajoy, ni Sánchez, este último quintaesencia de todos ellos, o sea, del sistema.

Zapatero ejerció su papel a la perfección; el papel, el rol, que el sistema le asignó. Zapatero fue el de los gestos amables, beatíficos, perfumados, el del «buen talante», el dialogante, afable, angelical, de sonrisa perenne, gestos suaves y voz melosa sin altibajos. El sistema lo necesitaba así en ese preciso momento pues, tras Juan Carlos I, Suárez, González, Aznar  —¡¡Ay, Aznar!— !y sobre todo y por encima de ellos el 11-M, fin, pero sobre todo principio, el sistema iba a dar una importante vuelta de tuerca que, con otras formas, o sea, sin Zapatero, tal vez, puede, aunque nunca se sabe, no hubiera podido.

Con Zapatero se inauguró la ruptura total, drástica y cruel de lo poco que ya para entonces quedaba de España. Con Zapatero se abrió completamente la caja de Pandora de la radicalización ideológica sin retorno, del enfrentamiento directo, de las posiciones extremas, de la transformación del adversario en enemigo, de unos u otros sin los unos o sin los otros, del choque «de trenes», de un sistema —supuestamente democrático— en el que sólo unos tienen derecho a existir: la antiEspaña, o sea, el «Frente Popular» redivivo, la izquierda junto con sus primos hermanos los secesionistas de todo pelaje; los demás, la derecha, siempre cobarde, que proclama a un Dios en el que tampoco cree y a una Patria a la que como la izquierda tampoco ama, y sólo busca su parte del pastel, puede existir en tanto se lo permita la izquierda… según convenga… al sistema.

Zapatero, debajo de su máscara, ocultaba al mismísimo demonio. Con Zapatero se impuso, manu militari, el cordón sanitario como método de exclusión del contrario; la «Ley de Memoria Histórica» y con ella el pensamiento y expresión únicos y la reescritura a medida del pasado para dominar el futuro, y la manipulación de mentes y de… 1984; el nuevo «Estatuto de Cataluña» ya descaradamente secesionista, modelo de otros dieciséis más, germen y embrión planeado del procés; y, cómo no, la rendición institucionalizada ante ETA, que es lo que fue, por mucho que se la quiso disfrazar de «negociación».

Zapatero se fue obligado por coyunturas externas, más en concreto económicas, pero lo hizo sólo físicamente, no espiritualmente, porque su obra permaneció e incluso continuó desarrollándose con Rajoy y ahora con Sánchez que la ha llevado a un nivel superior, toda vez que el sistema así lo tenía determinado; que nada ocurre porque sí y las casualidades no existen.

Pero el sistema no se conformó, como sí lo hizo en otros casos, como con Felipe González o Aznar, con la retirada de Zapatero, pues la herramienta había demostrado que aún podía valer y mucho, y Zapatero se «reinventó» y fue reutilizado como mediador internacional, cooperador de relaciones pesudodiplomáticas, conseguidor, traficante de influencias, muñidor de contubernios, negociador de amistades siempre peligrosas, amparador de toda ideología sucia y destructiva, embaucador de mafiosos y amorales, lavadero de tiranos y sátrapas, comercial de profanadores y, en fin, Merlin de todo lo podrido y mal oliente que pueda haber, por supuesto que siempre bien pagao. Zapatero, habiendo vendido su alma al diablo, creyó que tan vil señor mantendría su retrato intacto, no como el de Dorian Grey, sin pensar ni por un instante que cuando su amo no lo necesitara lo iba a tirar, como ha hecho, a la basura pública para proteger a su nueva y más eficaz herramienta que es Sánchez; en esas estamos, que nadie piense otra cosa.

La «caída» de Zapatero está amortizada por el sistema, porque es el sistema el que la ha planeado; y será, además, controlada, también para él, para que sufra sólo lo imprescindible, que no se trata de hacerle sangre porque eso sentaría un precedente que el propio sistema ni desea ni resistiría, menos aún teniendo en cuenta que el cobarde, débil, acomodaticio y fundamental pilar del propio sistema son los otros, los Aznar, Rajoy y Feijóo, las Díaz Ayuso, Cayetana Álvarez de Toledo y… para qué seguir, sin que pueda perdonarse a ninguno.

Por último, y ténganlo bien en cuenta, la caída, con sordina, de Zapatero, salva a Sánchez, a Feijóo y, en definitiva, que es lo que importa y de lo que se trata, al sistema, que con ella aparenta una justicia, imparcialidad y pulcritud, un quien la hace la paga y un caiga quien caiga que en absoluto lo es; como con Juan Carlos I, que fue la piedra angular, que ahí sigue impasible el ademán y recibiendo aplausos.

Autor

Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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