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Hay memorias que no se borran con el paso de los años, por mucho que algunos intenten blanquear su pasado con el barniz de la modernidad digital. Para entender a Ignacio Escolar, no hay que mirar sus métricas de hoy, sino los pasillos del poder de ayer; aquellos tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, donde un jovencito Escolar asomaba la cabeza, orbitando en entornos de poder cuya opacidad aún hoy plantea más preguntas que respuestas.
Yo estaba allí. En aquella primera línea de fuego que surgió tras las cenizas del 11-M, combatiendo junto al afamado Foro AntiZP, Los Monclovitas, las mentiras de un sistema que pretendía demoler la nación desde dentro. Desiertos lejanos era el grupúsculo que pretendía desviar la atención de los focos de responsabilidad sospechosa. Yo debatía y vapuleaba bajo un seudónimo —un nombre que hoy sigue escociendo en ciertas redacciones y que no revelaré, pues el daño que causó a la impostura del zapaterismo fue letal— y desde esa trinchera invisible, confronté con la tesis de la confusión. Yo sabía quién era él cuando él aún no sabía quién sería.
Mientras algunos hoy se envuelven en la bandera de la transparencia digital, otros ya publicábamos en 2009 y 2011 —bajo el escrutinio de analistas como James Nava— lo que el poder intentaba sepultar. Aquí está el rastro de ‘La afilada navaja de Ockham II. Usar el sentido común ante la evidencia criminal’, el libro que desvela desde el pasado lo que fue nuestro futuro, ahora presente.
Entonces escribía con intuición filosamente acertada:
«Somos un experimento de cobayas sociológicas; así fue previsto antes del 11-M y todo es posible a partir de ahora en que tanto queda al descubierto y que hay que tapar aunque sea de nuevo con muertos, con recorte de libertades y la justificación del estado de alarma para mantener el orden constitucional desde hace tiempo dinamitado.»
Lo que no pude imaginar es que con esos estados de alarma matarían a mi padre años después, junto a mi suegro y decenas de miles de personas, sin poder velarlos y enterrados en soledad. Poco es la muerte para cuantos gritarán de terror en la dimensión infinita de sus aberraciones de ser. Vivos y muertos, porque aquí nada acaba. Como sabe la Física Cuántica, la energía, incluso la más nauseabunda con apariencia humana, solo se transforma.
Cuando esos periodistas de tres al cuarto, de interminable perorata sobre previsiones fallidas, no veían delante de sus narices lo que se avecinaba, en el 2014 ya había calado al elemento del infierno, el homicida de nuestros padres, devenido de los bajos fondos del negocio de la prostitución… Prostitución también del alma siendo proxeneta el mismo Satanás. Malditos y míseros los confiados que ya han reservado por sus obras sitio en las saunas de Pedro Botero. Respirarán azufre. Todo llega. Todos estarán muertos hacia lo desconocido algún día. Maravillosa justicia, la implacable e inesquivable. Maravillosa y verdadera para quien haga los deberes de la conciencia.
https://www.elimparcial.es/noticia/140211/opinion/las-orejas-de-pedro-sanchez.html
Escolar es el prototipo del Fausto moderno. Esa figura que parece fresca y renovada, pero que está alimentada por las viejas raíces de la historia contada a conveniencia. Es el joven que asumió un papel que, con el tiempo, ha resultado difícil de separar de determinadas dinámicas de poder, convirtiéndose en una pieza funcional dentro de una corriente de influencia que empezó con el diabólico—por sus obras son conocidos— Zapatero y que hoy pretende prolongarse bajo nuevas formas.
Desde mi percepción —siquiera somera y necesariamente subjetiva—, la figura de Ignacio Escolar se acerca más al Fausto contemporáneo que a otra cosa: alguien que, sin plena conciencia del alcance, parece haber intercambiado su voz por un lugar en el escenario. Y ya se sabe que hay pactos que no se saldan en el momento… sino cuando llega la hora de cobrarlos recogiendo las siembras de lo mundano aquí o Allá.
Pero la experiencia es un grado y el tiempo es un juez implacable que no admite sobornos. Él cree que habita en la cima, pero los que conocemos el terreno sabemos que el pasto seco arde más rápido cuando la verdad asoma. Nuestra confrontación viene de largo; él defendía la sombra, yo buscaba la luz desde el anonimato. Hoy, las máscaras caen. La experiencia y el tiempo le demostrarán que el alma no se vende gratis y que las tramas de las que procede tienen los pies de barro.
Coda de Memoria y Justicia
Lo que algunos llaman éxito periodístico, los que estuvimos en el barro del post-11-M lo interpretamos como el resultado de alineamientos muy concretos en un contexto determinado. La trayectoria de Ignacio Escolar no es una carrera de fondo, es una deuda pendiente con una verdad que intentaron enterrar y que hoy, décadas después, reclama su lugar. Arrieritos somos, y aquel seudónimo que un día les quitó el sueño, hoy vuelve convertido en palabra firmada y rostro descubierto. El tiempo ha comenzado su cuenta atrás.
Existe justicia verdadera, gracias a Dios… la mejor empieza con el último suspiro del que no escapa nadie. Ah. la conciencia…eterna olvidada.
Ignacio Fernández Candela
El caso Ignacio Escolar VII: Malditos vivos y muertos. Por Ignacio Fernández Candela
El caso Ignacio Escolar VIII: Arrieritos somos… Por Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es un escritor, ensayista y pintor español, con una trayectoria iniciada en 1988, autor de más de una decena de libros y miles de artículos publicados en medios de comunicación como ÑTV y El Imparcial, además de una producción pictórica de cientos de cuadros y decenas de exposiciones, documentada en repositorios como Wikimedia Commons.
Editor de ÑTV ESPAÑA desde agosto del 2023-en que adquiere el Digital al entonces editor y propietario durante diez años, don Álvaro Romero Ferreiro-hasta agosto de 2025, tomando el relevo don Santiago García Lucio. .
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