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PREÁMBULO PARA UNA FUNCIÓN DE GALA (O DE SÓTANO)
Antes de entrar en materia, me veo en la obligación de pedir disculpas por el tono de solemnidad casi litúrgica que voy a emplear. Que nadie se confunda: no es que haya recuperado el respeto por el proceso, ni mucho menos por sus operarios. Es, simplemente, una cuestión de rigor artístico, digamos. He aquí una representación de formas artísticas de mi obra para compensar lo amorfo que trato.

Comprenderán que, ante un despliegue de medios tan fastuoso —con sus juicios de cartón, sus caras agencias de publicidad con ínfulas de oráculo que cobran un dineral que tanto cuesta ganar honradamente por un módulo de mierda, con perdón y sin él, para publicitar la condena y su burocracia de mirada gélida… uno no puede responder con una simple queja. Si han decidido montar una tragedia de época en este circo de barrio, lo menos que puedo hacer es subir el volumen de la orquesta. Me pongo solemne porque la mediocridad de esta función es de tal calibre, que solo el lenguaje de los clásicos está a la altura de su ridículo.
Porque al final igual que todos defecan, esos mismos todos serán devorados por anélidos. Dicho esto, que empiece la música de órgano, que aquí llega mi tributo:
El caso Ignacio Escolar VII: Malditos vivos y muertos
Habéis pretendido tasar el honor con la aritmética del mercader, ignorando que mi paz es un alcázar forjado en el fuego de mil tragedias que vuestras almas raquíticas no podrían ni soñar. Habéis exigido un tributo de papel a la integridad, como si la verdad fuera una moneda que se pudiera subastar en un diario de olvido.
Pues bien, aquí tenéis vuestras piezas de plata. Tomadlas. Pero sabed que este dinero no lleva mi firma, sino el peso de una justicia moral que no se escribe con tinta, sino con el aliento de la indignación. Vaya con el pecunio saqueado mi maldición para los actores: vivos y muertos.
Para aquellos que han conspirado contra mi descanso después de tanta batalla frente a la tragedia y la adversidad: Malditos seais vivos y muertos.
Que el dinero que hoy me arrancáis sea en vuestras manos oro de ley estéril. Que lo asimiléis como un peso de sombra en el espíritu, una carga de conciencia que os acompañe en cada silencio. Gastaos este botín en intentar sanar la llaga de vuestra propia infamia; que cada céntimo sea sal en vuestra tierra y hiel en vuestro sustento. Sal sobre vuestras heridas, lágrimas de sangre sobre las tumbas de vuestros seres queridos. Al menos podréis velarlos y enterrarlos sin soledad. Malditos seais vivos y muertos en el cementerio de lo propio y de lo ajeno. Esa es mi sentencia. Y si os cobráis de los muertos que os saqueen el alma los demonios en sueños, para despertar vivos en el terror de una tumba. Acaso se os arranque el hálito para despertar en la oscuridad de vuestras siembras.
Habéis cobrado este dinero para saborear la amargura de lo injusto. Habéis soliviantado mi paz ganada a pulso junto a mi mujer para alimentar vuestro ego; recibid ahora mi pago como una simiente que solo dará frutos de nada. Que el olvido sea vuestro único legado, tanto en la vida como en el tiempo que ha de venir, pues habéis hecho de la justicia una mercancía. Que os revolváis en la tumba y escuchéis el rumor de los gusanos al frotaros de terror eterno contra las paredes de vuestra nada. Que Julio Iglesias arrase como un tsunami de dignidad, je.
Ay de los navegantes de la ignominia:
¡Ay de aquellos que con juicio liviano y alma pequeña dañan al inocente! ¡Ay de los que usan el protocolo para ocultar el vacío de su propia mediocridad. Llegará el día en que el ruido de vuestros edictos se apague y os encontréis a solas con vuestra propia historia, convertida la vanidad en polvo y silencio. Doblemente revueltos en la exigua tumba de la solemnidad enterrada. A tomar por gusanos, fantoches.
EPÍLOGO: CRÓNICA DE UN CIRCO DE BARRIO
Bajo ya de las tablas, que el polvo de este circo mundanal me está ensuciando los zapatos. Al final, después de tanto drama y tanta solemnidad de cartón-piedra, uno mira a su alrededor y se da cuenta de que la función es, en realidad, un sainete mediocre.
Ver a tanto administrativo dándose aires de Gran Inquisidor y a tanto leguleyo contando monedas con la lengua fuera es un espectáculo que no tiene precio… bueno, miento, tiene el precio exacto de una publicación legal obligatoria y una condena pecuniaria sin fundamento de la RAE. Comprender un texto es una lección básica de sentido común e inteligencia.
Así que, cumplido el rito, pago la entrada de buena gana. Tomen sus moneditas, cómprense una nariz roja nueva y sigan haciendo cabriolas sobre el lodo. Me retiro a mi palco a ver cómo se cierran las cortinas de este banquete de sombras.
Aplaudan, señores, aplaudan, que para eso les he pagado. La función, para mí, ha terminado; para ustedes, el ridículo es el único guion que saben interpretar. El destino bajo tierra es el mejor juez.
Justicia Poética. Justicia Real. ¡Que pase el siguiente al escenario de la maldición asegurada!
Consummatum est. La función ha muerto.
Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es un escritor, ensayista y pintor español, con una trayectoria iniciada en 1988, autor de más de una decena de libros y miles de artículos publicados en medios de comunicación como ÑTV y El Imparcial, además de una producción pictórica de cientos de cuadros y decenas de exposiciones, documentada en repositorios como Wikimedia Commons.
Editor de ÑTV ESPAÑA desde agosto del 2023-en que adquiere el Digital al entonces editor y propietario durante diez años, don Álvaro Romero Ferreiro-hasta agosto de 2025, tomando el relevo don Santiago García Lucio. .
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