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Este texto forma parte del análisis completo del caso:
👉 https://ntvespana.com/27/04/2026/por-que-escribo-tras-xi-capitulos-el-caso-ignacio-escolar-por-ignacio-fernandez-candela/
Hay resoluciones judiciales que fijan con precisión lo que es derecho y, sin embargo, dejan abierta una pregunta que no se resuelve en los fundamentos jurídicos. La reciente sentencia en el caso de Ignacio Escolar plantea una de esas situaciones. El propio tribunal reconoce que el núcleo del contenido de mi artículo se ajusta a la libertad de expresión. Y, sin embargo, la condena se sostiene sobre el resultado finalmente publicado. Esa doble afirmación no es un matiz técnico. Es una disociación clara entre autoría y responsabilidad. Hasta ahí, la cuestión es jurídica.
Pero deja de serlo en el momento en que las consecuencias de esa condena no se detienen en quienes participaron directamente en los hechos, sino que alcanzan a los herederos de quien ya no puede explicar las decisiones editoriales que resultaron determinantes. Ahí ya no hay automatismo. Hay elección.
Porque a partir de ese punto, lo que se proyecta no es únicamente la aplicación de un derecho, sino la decisión de hasta dónde se está dispuesto a llevarlo. Y esa decisión no es neutra, porque todo lo que puede sostenerse en derecho resulta igualmente defendible cuando se observa en su totalidad. Existen situaciones en las que la extensión de las consecuencias obliga a preguntarse no si son posibles, sino si son razonables cuando recaen sobre quienes no intervinieron en el origen de los hechos.
Josele Sánchez murió durante el proceso… De modo in misericorde queda la decisión de agriar la existencia de los herederos. No se trata de cuestionar la resolución. Se trata de reconocer que hay un límite que no figura en las sentencias: el de la proporcionalidad entre la causa y sus efectos. Cuando ese límite se difumina, el derecho deja de ser únicamente una herramienta de reparación para convertirse también en una medida de cómo se ejerce. Y es ahí donde la cuestión deja de ser estrictamente jurídica, para situarse, inevitablemente, en el terreno de la responsabilidad moral.
Haría falta un estómago poco común para mantener la presión cuando quien adoptó las decisiones ya no está, y desplazarla hacia quienes heredan sin haber participado en los hechos. Ese movimiento cambia la naturaleza del conflicto: de lo jurídico a lo moral, ya que cuando las consecuencias recaen sobre terceros inocentes, lo que está en juego ya no es solo el derecho, sino el límite con el que se ejerce.
No hay venda de justicia que cubra esa elección. Toda carga impuesta sobre quien no la contrajo deja un eco que no se extingue en los autos ni en los plazos. Permanece. Y llega el tiempo -siempre llega- en que cada cual debe responder no de lo que pudo hacer, sino de lo que decidió hacer cuando nadie le obligaba.
Entonces se mide la justicia. Y entonces pesa, definitivamente…
Ay justicia, ¿y quién responde por el terror de no poder velar a nuestros padres, por enterrarlos en soledad, sedados según protocolo, sin despedida ni consuelo? No es una cuestión jurídica. Es una huella. Hay decisiones que, aun amparadas en la norma, no se archivan: permanecen. Y se llevan a la tumba. Unos y otros que con altivez ocultan sus secretos, esos que lastran con el último suspiro.
Ay, justicia… qué flexible para justificar lo ya hecho, y qué implacable cuando se trata de medir consecuencias sobre quienes no tuvieron voz. Qué consistencia en el relativismo de las conveniencias toda vez que los hombres son tan imperfectos en reconocer sus deficiencias que se disfrazan de frialdad administrativa. Cuando no distante, ausente.
Hay verdades que desmienten el escaparate de la solemnidad cuando no es tal. Verdades que se acumulan y acaban pasando factura donde ninguna sentencia alcanza, lejos del juicio mundano.
Por todo ello, Ignacio, sé generoso, audaz con la conciencia y hazte un hueco moral en tus méritos adquiridos más allá de los intereses terrenos: exonera de la carga a los herederos que no tienen culpa, Ignacio Escolar. Demuestra así públicamente que posees la dignidad en esta oportunidad magnánima de un gesto definitivo y concluyente. Qué son 15.000 euros para ti… ¿De verdad quieres cobrarte la victoria sobre un muerto? Si fuera así, esta victoria extraña de hoy podría convertirse en llanto y crujir de dientes mañana.
Ignacio Fernández Candela
(Para quien desee seguir otras líneas de mi trabajo)
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Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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