15/08/2026 06:29
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Este texto forma parte del análisis completo del caso:
👉 https://ntvespana.com/27/04/2026/por-que-escribo-tras-xi-capitulos-el-caso-ignacio-escolar-por-ignacio-fernandez-candela/

Ilma. Sra. Dña. María Cristina Sanz Blas:

Le escribo no desde el desafío, sino desde el agotamiento y la fortaleza de quien siente que a una vida ya marcada por demasiadas tragedias se le añade ahora una condena que percibo profundamente injusta. Saldré reforzado, como siempre lo he conseguido con la ayuda de Dios ante adversidades mucho más trágicas que esta.

He enterrado a mi padre y a mi suegro en la soledad más cruel, sin poder velarlos ni despedirlos, durante dos confinamientos que la Justicia declaró ilegales sin reparar el daño causado. Desde el 2020, quizá por la tensión inhumana soportada, he sobrevivido a un infarto y otras minucias; a dos meses de hospital por el ataque de un pit bull, a seis stents por una reacción adversa a naproxeno, y a pérdidas que no caben en una frase. No cabe mayor injusticia que una sentencia contra la dignidad, la honra y la inocencia.

He soportado años de desgaste judicial defendiendo a ciudadanos frente a un estafador reincidente al que logré frenar. Desde el 2017 hasta el 2023  arrastré un procedimiento que jamás debió prolongarse, porque el juez instructor no comprobó que aquel individuo había cumplido doce años de cárcel por estafa continuada. No hubo injuria ni calumnia: hubo ineficacia. Y cuando la justicia falla en lo esencial, el inocente queda desprotegido.

En medio de ese infierno —y en pleno duelo imposible por la muerte de mi padre y de mi suegro en 2020— llegó la demanda de Ignacio Escolar. En el juzgado de paz se me aconsejó declararme en rebeldía porque ya no quedaban fuerzas para más. A mi esposa y a mí nos recomendaron una sola palabra: supervivencia.

Hoy, a ese encadenamiento de adversidades, se suma el embargo de mi salario por unas palabras cuyo sentido jamás fue el que la sentencia me atribuye. No discuto que mi artículo fuera duro, hiperbólico o incómodo. Siempre he asumido la responsabilidad de mis opiniones en miles de artículos afectos a la más estricta legalidad, en el marco bien entendido de la libertad e expresión. Lo que me hiere es ser condenado por una interpretación construida sobre afirmaciones que no existen en el texto.

La inteligencia artificial utilizada en el análisis técnico que he publicado no dicta sentencias, pero sí evidencia de contradicciones entre lo que realmente escribí y lo que jurídicamente se me atribuye.

Resulta especialmente doloroso verme asociado a la idea de utilizar el asesinato de un niño como instrumento de ataque personal, cuando mi artículo polemizaba sobre discursos ideológicos y no contenía una justificación literal del crimen. Por eso le pregunto con respeto, pero también con firmeza: ¿Dónde leyó que yo atribuyera a Ignacio Escolar la justificación del asesinato de un niño?

Quizá el tiempo coloque cada cosa en su sitio. Quizá no en esta tierra minada de adversidad. Pero todos terminamos algún día frente al silencio definitivo de nuestra propia conciencia. Allí desaparecen cargos, togas y prestigios. Solo queda el rastro moral de lo que hicimos con el dolor ajeno. Polvo al polvo, y el juicio íntimo que nadie puede eludir. Me reconforta pensar en ese último suspiro de justicia ignota y universal.

A mis tragedias personales sumo ahora esta herida. No solo la económica —el dinero va y viene— sino, sobre todo, la humana: la de sentirme juzgado por algo que honestamente considero que nunca sentí ni escribí.

No entraré en el desgaste de contratar abogado y procurador para volver a adentrarme en una maquinaria que consume al ciudadano honrado. La Justicia, la verdadera, no es de este mundo. Pero toda adversidad contiene la semilla de un beneficio mayor. Con Dios como único norte, saldré fortalecido una vez más. Podrán quitarme dinero que tan honradamente cuesta ganar, a diferencia de otros influidos por inconfesables intereses, pero nadie me robará la nobleza de mi ser, la honradez y la dignidad. Vivimos tiempos oscuros en que la honra está indefensa ante lo que debería ser la protección universal del justo. Gana el Mal,  pero es solo cuestión temporal; siempre es temporal para cada actor en el escenario efímero de la existencia terrena. Mi consuelo.

Esta experiencia ha dado origen a mi serie El Caso Ignacio Escolar, que en solo diez días ya estaba posicionada en buscadores de todo el mundo. A veces la injusticia inspira la verdadera justicia: la que nace de la palabra y del alma. En breve, el libro y sus partes correspondientes. Nada como la superación personal ante los embates de la vida para desarrollar la creatividad con el impulso de la dignidad y la conciencia.

“Con el mismo juicio seréis juzgados”, dijo Jesús.

Le deseo lo mejor, lo más justo.

_______________

CODA

A continuación reproduzco íntegramente el artículo objeto de condena.

Que cada lector responda por sí mismo a una pregunta sencilla:

¿Dónde se atribuye literalmente a Ignacio Escolar una apología o justificación expresa del asesinato de un niño?

El básico Ignacio Escolar 

No podía ser de otro modo que junto al rancio leninista Luis García Montero, el de todos somos ana julia, se sumara a la defensa y justificación de esa alimaña asesina un parásito arrimado a los efluvios pútridos del poder socialista: el básico Ignacio Escolar. El encumbrado hijo de su padre que haciendo sus pinitos de bloguero se endosó una carrera universitaria inexistente a sueldo mercenario del zapaterismo, brindándose al juego sucio de la manipulación y la intoxicación informativa.   
   
Ignacio Escolar surgió de la nada zapatera para permanecer en la nada tiempo después; es intrascendente pero financiado. Si no fuese por la ambición inescrupulosa que le mantiene rastreando el escándalo, como las hienas olfatean una presa previamente atacada, sería un depredador sin pitanza, un muerto de hambre sin sombra que le cobijara ante el sol abrasador de la subsistencia. Pero vive del parasitismo demagógico. Una bicoca de trabajo para alguien sin virtud reconocida pero bien pagada.

La genialidad consiste en ir de A a D sin pasar por B y C. Existen ingenios autodidactos que han forjado una labor descollante al margen de la estructuración académica. Caso de Camilo José Cela que sin estudios universitarios consiguió un merecido Nobel de Literatura. La condición del ingenio incluso se rebela contra la limitación del conocimiento reglado, cuando confrontan las alas de la genialidad con los barrotes de una enseñanza estereotipada y coactiva.  La razón de rebeldía es tan preclara como el goce o el sufrimiento del virtuosismo, según el éxito del intento: porque la inteligencia singular huye de la masificación y procura conservar en esencia su capacidad inalterada,  al margen de discipulados y gurús de la enseñanza que desvirtúan el carisma creativo. Así es el sino de un genio que en muchas ocasiones se pierde en el anonimato.

Otros periodistas como Luis María Anson se convierten en genios de la especulación siendo licenciados, pero esa es otra cuestión.

Ignacio Escolar es famoso por presumir de lo que no hay. Carece de calidad personal, de grandeza profesional, de carisma comunicador; en él se ausentan los valores inherentes al personaje de influencia pero, sin embargo, agita las plumas cual pavo real del panorama periodístico. ¿Sus méritos? Que se constaten, ninguno, salvo que se valore la capacidad del oportunismo en la que es un maestro consumado a fuer de practicarlo desde los inicios de su trayectoria. Escolar es un básico aprovechado de la política que le ha surtido de un sueldo prostituido por la desinformación y los espurios intereses de la argucia.

Los genios se dirigen por la vida a contracorriente de los postulados que pretenden imponer un sistema a la libertad creadora. Quien asume la resistencia como difícil modo de existencia sabe que estará en inferioridad de condiciones competitivas, a no ser que se tome la senda del intrusismo bajo los auspicios de la política. Ignacio Escolar sabe de ese intrusismo profesional como de sectarismo político. Unos factores ideales para una práctica simpleza personal.

Quien denunció el máster de Cifuentes-hay que ser redomado sinvergüenza es el que engañó a la sociedad ostentando una licenciatura de Periodismo inexistente. Bien puede decirse que el sectario Escolar se descubrió aún más hipócrita, cuestionando un máster cuando él se quedó en la básica escolarización, carente de ingenio alguno.

Ignacio Escolar es un mediocre de la ocurrencia y su único aval de profesionalidad estriba en ser un arrimado a quienes lo procuran un sueldo bajo la premisa de la manipulación informativa. No es periodista y tampoco es un genio. Se ha desenmascarado su práctica inutilidad y queda en entredicho la supuesta honestidad. Este lumbreras surgido de las mieles de la mediocridad auspiciada por el infame Zapatero, es el que dice que Ana Julia Quezada es denostada y aborrecida por ser mujer, negra e inmigrante. Nada en particular de esta abyección de ignorante cantamañanas de vida fácil que nos debiera sorprender, a sabiendas de que se trata de una rémora sin escrúpulos automatizada en el mecanismo goebbeliano de la toxicidad izquierdista ausente todo rubor moral.

Los antecedentes del fingido periodista son tan elementales como oscuros: arrimado a buena sombra siendo un incompetente presto a demostrar que los escrúpulos son artificios perfectamente excusables. Ignacio Escolar surgió como un funambulista desde las cerrazones de la mediocridad que alentó Zapatero, el nefasto presidente de gobierno que encumbró a inútiles hechos a imagen y semejanza de su sectarismo oscurantista y repulsivo. Allí estaba pertinazmente arrimado aquel que apareció por arte de birlibirloque a sueldo de la manipulación sin límite. No obstante había carecido de formación universitaria aunque presumiera y mintiera sobre ello, prescindiendo de honra y vergüenza si hizo pasar por algo representativo lo que nunca existió. ¿Cómo fiarse entonces de quien es impostor desde lo privado a lo público, para poder mentir desde un medio de comunicación?

Lo falaz posee representación social e influencia de opinión en un caradura sin méritos propios adquiridos y avezado en la fullería.  Algo así como el presidente de gobierno en funciones pero sin Falcon, aunque a sueldo del mismo George Soros.

Quien justifica a una depredadora de rasgos psicopáticos como la negra Quezada, debe de ser un mamarracho o un mal parido. Dicho lo de negra a modo objetivo y sin tintes xenófobos, lo de mamarracho es pura y estricta objetividad, también.

Ignacio Fernández Candela

Para quien desee recorrer el conjunto de esta serie:
https://ntvespana.com/?s=el+caso+ignacio+escolar

Ignacio Fernández Candela

(Para quien desee seguir otras líneas de mi trabajo)
Web de autor

El edicto de mi honra:

 

 

 

Mucha gracias a Javier Borja de Unión Editorial, por su inestimable comprensión que redujo la cuantía que pretendía ser exorbitante por un módulo cargado de visceral injusticia.

El Caso Ignacio Escolar y mi artículo legal. Segunda parte: IA COPILOT de Microsoft. Análisis técnico-argumental de la sentencia dictada por la Ilma. Sra. Dña. María Cristina Sanz Blas. Por Ignacio Fernández Candela

 

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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