14/04/2026 21:11
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Con habitual pestilencia de carroñeros sin escrúpulos, Pedro Sánchez y su desgobierno de ineptos se han apropiado de una donación de Amancio Ortega sugiriendo que el mérito es del fraudulento, desde los inicios electorales, presidente. Así rezaba la engañosa entradilla de la nota de prensa: 

Sánchez presenta un Plan de Implantación de la Protonterapia que nos situará a la cabeza de Europa en este tipo de tratamientos contra el cáncer.

Por otro lado está la otra barredura denominada podemita contra Amancio Ortega, frontalmente. Hay que poseer un alma de dimensiones microscópicas y un rencor alimentado en las sentinas de la frustración-tratamos con piratas con olor a azufre, demonios también- para disfrazar de «justicia social» lo que, en puridad, no es más que una profunda y traumática incapacidad personal. Seamos meridianamente claros, aunque la claridad deslumbre a los que viven en la penumbra del subsidio: la inmensa manada de forajidos que hoy okupa —con esa ‘k’ de ilegalidad moral— las instituciones de nuestra nación, no odia la riqueza de Amancio Ortega por una cuestión de principios redistributivos. Eso es el cuento de hadas para su clientela cautiva. Lo que les quita el sueño, lo que les produce una urticaria existencial entre fraude y fraude electoral, es la evidencia insoportable de su propia impotencia para crear algo que no sea desorden, deuda pública y división civil. Sería una paradoja romántica que enfermaran de cáncer aquellos que hoy niegan a los enfermos ser tratados con las ayudas oncológicas que se obstaculizan por llegar de Amancio Ortega. ¿Se imaginan ver a Pedro Sánchez desahuciado de la vida junto a los confiados depredadores que le secundan en sus tropelías harto criminales? Justicia poética. A Dios gracias, los demonios también regresan al polvo.

El sanchismo ha elevado la envidia, ese pecado tan español y tan rancio, a la categoría de virtud de Estado y eje de su gobernanza. Observan desde sus despachos asaltados el imperio de Inditex, contemplan la impecable y silenciosa sucesión en la figura de Marta Ortega -una transición que brilla por su naturalidad frente a las purgas y dedazos de sus propias filas- y sienten el vértigo del mediocre ante la cima que jamás podrán escalar. El mediocre no aspira a subir; aspira a que nadie esté por encima de su propia pequeñez. Por eso atacan. Por eso activan a sus terminales mediáticas para que ladren ante cada donación de tecnología oncológica de última generación.

Se revela la envidia patológica y homicida de estos elementos que no han cotizado fuera del presupuesto público, que no han levantado una persiana ni han gestionado una mercería, cuando pretenden estigmatizar los equipos médicos que salvan las vidas que ellos, con su gestión criminal, han decidido desasistir. Es la paradoja del «progreso» sanchista: prefieren un enfermo de cáncer o ELA sin tratamiento antes que un enfermo curado gracias a la «mano del capital». No es ideología, es el berrinche del inútil que, al verse incapaz de construir un refugio, decide que lo más heroico es dinamitar el palacio del vecino para que todos durmamos bajo el mismo raso de la miseria.

Ayer escribí que si Amancio Ortega fuera listo, me contrataría. Y lo sostengo. No desde la arrogancia, sino desde la experiencia de quien ha creado desde la nada, sin permiso ni tutela, y sabe identificar cuándo el talento incomoda a quienes viven del sistema que lo combate. La riqueza que emana de quienes crean es tangible: empleo, proyección, estructura. Lo otro es pestilente fango.

Ellos, los de las siglas manchadas por la sombra del engaño y el presupuesto asaltado, necesitan que el éxito sea castigado, que la excelencia sea humillada, para que su propio fracaso vital y político no resalte tanto en el escaparate de la historia.

La riqueza que emana de los Ortega es luz tangible: son empleos, es soberanía tecnológica, es el orgullo de una España que se proyecta en el mundo con la frente alta. La gestión de este desgobierno es, por el contrario, sombra, fango y barredura moral. En esta batalla desigual entre el creador y el parásito, el analista independiente es el único que puede blindar el relato de la verdad. Proteger a quien construye frente a quien solo sabe destruir no es una opción de consultoría económica; es una obligación de supervivencia existencial para una sociedad que no quiera terminar devorada por sus propios resentidos.

Y en esa confrontación, el papel del analista no es agradar, sino señalar. Porque proteger al que construye frente a quien parasita no es una opción ideológica: es una necesidad de supervivencia para cualquier sociedad que no quiera devorarse a sí misma. La Familia Ortega debe ser defendida frente a la obstrucción de los vagos y maleantes que soporta esta España hasta el hartqazgo de parásitos con ínfulas de marqueses parasitando ferozmente de los recursos públicos con cero méritos personales y colectivos.

Porque al final del día, cuando el ruido de la propaganda se disipe y la perspectiva del tiempo pase su factura implacable, la realidad seguirá ahí, desnuda y cruda: de un lado, el éxito de los que crean y donan vida; del otro, la miseria moral de los que solo saben repartir lo que no es suyo mientras se autoproclaman salvadores de una patria a la que están dejando en el chasis. La envidia es el tributo que la meodicridad paga al genio, y en España, ese tributo se ha convertido en el presupuesto general del Estado.

Trabajo y honra frente a pavonería de ineptos y criminales. En esa diferencia donde siempre vence el Bien se escribirá de nuevo la historia.

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es un escritor, ensayista y pintor español, con una trayectoria iniciada en 1988, autor de más de una decena de libros y miles de artículos publicados en medios de comunicación como ÑTV y El Imparcial, además de una producción pictórica de cientos de cuadros y decenas de exposiciones, documentada en repositorios como Wikimedia Commons.

Editor de ÑTV ESPAÑA desde agosto del 2023-en que adquiere el Digital al entonces editor y propietario durante diez años, don Álvaro Romero Ferreiro-hasta agosto de 2025, tomando el relevo don Santiago García Lucio. .
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