14/04/2026 21:13

La oposición húngara, respaldada por la Unión Europea (y Ucrania, no se olvide), obtuvo una mayoría de dos tercios en las elecciones parlamentarias de ayer que pone fin a los 16 años de mandato de Viktor Orbán, la «oveja (o bestia) negra» para Bruselas.

En su derrota han tenido mucho que ver las presiones europeas de todo tipo ejercidas desde Bruselas sobre los húngaros, entre otras la material como fue la congelación de fondos con el pretexto de que no existía en Hungría un Estado de Derecho y las nunca probadas teorías conspirativas del Russiagate derivadas de las escuchas telefónicas a Orbán y su ministro de Asuntos Exteriores, pero también el chantaje energético de parte de Kiev en los día previos a dichas elecciones. Como era de esperar, el globalismo más totalitario y exacerbado liderado por Ursula von der Leyen, Alex Soros Donald Tusk  ha celebrado por todo lo alto la derrota de Orbán; también, seguro y casi más, el propio e ínclito George Soros, expulsado en su día de Hungría por Orbán.

Pero también hay que reconocer que han existido otros factores que han influido en lo ocurrido: la edad de Orbán y su lógico desgaste de tantos años en el poder que no atraía ya tanto a la juventud como su rival, Peter Magyar, algo más joven. Además, se ha culpado a Orbán del estancamiento económico actual del país, a pesar de que hizo todo lo posible por combatirlo máxime dadas las circunstancias, y, cómo no, los casos de acusaciones de corrupción que siempre son un arma electoral muy recurrente para cualquier oposición ante unas elecciones, aún si no fueran ciertas.

¿Y ahora qué?

El sistema sociopolítico que Orbán construyó con tanto trabajo y esmero será desmantelado, ya que la mayoría de dos tercios obtenida por la oposición le permite modificar incluso la Constitución. Las políticas en defensa de los valores tradicionales quedarán paulatinamente en el olvido. Aunque Magyar se declara partidario de una política migratoria intransigente, podría muy bien cambiar de postura para complacer a la UE, para evitar sus sanciones y para, en definitiva, obtener su favor y consolidarse en el poder.

En el ámbito económico, intentará desvincularse de la energía rusa, pero con cautela para no provocar un aumento de los precios que podría socavar el actual apoyo obtenido que le ha dado el triunfo. Otro objetivo de Magyar es sustituir el florín, la moneda nacional húngara, por el euro. El resultado final será el debilitamiento o incluso la pérdida de la soberanía húngara de la que Orbán ha sido siempre tan celoso y por la que tanto ha luchado.

En definitiva, la Unión Europa, Ucrania y los liberales globalistas europeos y también del otro lado del Atlántico se verán envalentonados por la caída de la «oveja (o la bestia) negra» europea, lo que redundará en un endurecimiento de la actitud de la Unión Europea contra Rusia, y consiguiente aumento del respaldo a Ucrania, en definitiva, que la guerra continuará, aunque sea como en la actualidad, es decir, estancada.

Como daños colaterales quedan la República Checa y Eslovaquia, que ahora solas intentarán seguir en la lucha por la recuperación de la soberanía de las naciones europeas y en contra del totalitarismo globalista que todo lo anega, bien que son más vulnerables a la presión de la UE, incluidas las posibles «revoluciones de colores» que todo lo trastocan.

Por último, la caída de Orbán abre una significativa brecha entre los «patriotas» europeos, VOX incluido, grupo del que el ya exmandatario húngaro fue alma y pilar fundamental.

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Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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