14/04/2026 21:14
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Con dinero público, ese botín que consideran infinito porque no les pertenece sino que lo extraen del esfuerzo ajeno como parásitos de un cuerpo exhausto-y accediendo mediante el artificio del fraude electoral-cualquier tramposo de baja estofa y su camarilla de vagos y maleantes pueden llegar hoy al Gobierno de España. Se han instalado en las instituciones con la voracidad de una plaga de termitas en una biblioteca clásica, devorando el saber y la ley para construir sus nidos de serrín y mentira. Aquí, en este nuevo orden de la degradación, todos se reclaman «doctores», pero su única especialidad académica es la picaresca de bajos fondos, esa pericia para conculcar las leyes vigentes mientras dictan otras nuevas que les garanticen la impunidad. Su agenda es clara: arremeter contra la Justicia y demoler todo lo bueno y sólido construido en España antes de la llegada de esta generación de sinvergüenzas sin conciencia, sin valores y, lo que es peor, sin la más mínima estética moral, lo que les convierte en ilimitados canallas que cuantos más destrozos provocan más se justifican en la contención del fascismo que son, en realidad, ellos.

España se ha convertido en un quirófano de pesadilla donde la mediocridad, cuchillo de carnicero en mano, y la soberbia de cátedra comprada en rebajas ideológicas, intenta amputar cualquier asomo de excelencia que se atreva a sobresalir por encima de la media. No es una sospecha paranoica; es la anatomía forense de una envidia institucionalizada que el sanchismo ha elevado a rango de ley orgánica. En este ecosistema de lo gris, el talento no es un valor refugio ni un motivo de orgullo nacional; es una molestia burocrática, un obstáculo para quienes necesitan la uniformidad del rebaño, manso, subvencionado, silencioso y agradecido,  para perpetuar su saqueo estético y moral. El talento insulta porque expone la desnudez del incapaz.

Contemplemos con repugnancia el espectáculo grotesco con la distancia que otorga la salud mental: una manada de burócratas, sobrantes que en su vida han sentido una buena inspiración ni la responsabilidad moral de una nómina pagada con el sudor de la frente, se atreven a señalar con su dedo inquisidor a Amancio Ortega. Es una escena que rozaría la comedia del absurdo si no fuera por su insoportable carga de odio social. Estos elementos, devenidos de la baja guardia de un Estado de Derecho que no supo prevenir la estafa de gentuza sin conciencia, pretenden dar lecciones de ética y gestión al hombre que levantó un imperio desde una modesta mercería. ¿Por qué este ensañamiento? La respuesta es tan sencilla como cruel: porque el éxito de los Ortega es la prueba viviente, diaria e internacional de su propia inutilidad palmaria.

El talento de los Ortega molesta porque es autónomo y soberano. Es una bofetada de realidad para el poder político abusivo e inútil porque no ha necesitado de los despachos oficiales, ni de las redes clientelares del amiguismo parlamentario para brillar ante el mundo con una luz que no se apaga cuando termina la legislatura. Mientras el sanchismo sobrevive a base de decretos y de comprar voluntades con el erario público, el éxito privado se sostiene sobre la excelencia y el servicio. Es un brillo que deja en evidencia la absoluta oscuridad de un desgobierno que, en su cénit de cinismo, ha preferido dejar morir a enfermos de ELA y cáncer antes que reconocer la eficacia de la iniciativa privada.

Hablamos de un sistema que ha enterrado en lodo a toda una región por pura desidia administrativa; que aprovechó confinamientos para practicar una masiva eutanasia protocolaria bajo el silencio de los despachos; que ha matado por una corrupción endémica que abandona las infraestructuras elementales mientras desvía fondos a sus pesebres. Para el mediocre con mando en plaza, es preferible la carencia igualitaria y la muerte administrada por el Estado que la salvación que provenga de una mano que no sea la suya.

El éxito no se negocia con quien solo sabe repartir la miseria del prójimo mientras llena sus alforjas con el dinero de todos, disfrazando su codicia de filantropía estatal. El talento es el único insecticida eficaz contra la plaga de lo vulgar que hoy okupa nuestras instituciones. Y mientras ellos sigan puliendo el bisturí de la envidia para intentar nivelar el país por lo bajo, otros pulen con obras -con hechos, con empleos, con donaciones y con arte-la luz de la verdad. La obra Inditex y su creador es la holística batalla del Bien contra todo el mal que representa el sanchismo.

Porque al final del día, cuando el sanchismo sea solo una nota a pie de página, una mancha de café en el gran libro de la historia de España, los imperios que se crean con talento, y no los que se erigen sobre la confiscación y el engaño, serán los únicos que mantengan en pie la dignidad de esta nación tomada hoy por la inepcia y la iniquidad. El talento no insulta por voluntad; insulta por el mero hecho de existir frente a quien no tiene nada que ofrecer salvo su propia ofensa de inútil y malvado.

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es un escritor, ensayista y pintor español, con una trayectoria iniciada en 1988, autor de más de una decena de libros y miles de artículos publicados en medios de comunicación como ÑTV y El Imparcial, además de una producción pictórica de cientos de cuadros y decenas de exposiciones, documentada en repositorios como Wikimedia Commons.

Editor de ÑTV ESPAÑA desde agosto del 2023-en que adquiere el Digital al entonces editor y propietario durante diez años, don Álvaro Romero Ferreiro-hasta agosto de 2025, tomando el relevo don Santiago García Lucio. .
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