15/08/2026 12:07
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 Hoy voy a hablar un poco de este personaje, poco recomendable, pero que gracias a su innegable carisma personal provocó un movimiento sísmico que anima la primera parte del siglo I d.d.C.
 
Lleno de deudas hasta las orejas, comienza su carrera político y militar a la sombra del gran genio Julio César. Destacó en la guerra de las galaxias y en el senado, gracias a su oratoria, un tanto demagógica, oliendo a alcohol por todos sitios. Pues nuestro hombre no se privaba de nada y era amigo de las bacanales y de la ingesta masiva de vino.
 
Pero ayudó a César mucho en la guerra civil y a no ser por sus numerosos vicios este lo hubiera elegido su sucesor. Cuando en su testamento César nombró como heredero a Octavio, se llevó un gran disgusto, pero siguió con la ambición inalterable de llegar a lo más alto del poder pues no veía un rival en aquel adolescente.
 
Juntos ambos y con la ayuda de otro ambicioso como Lépido, vencieron a la facción senatorial y se dividieron el imperio en tres partes. A Marco Antonio le tocó el Oriente y allí se dirigió a poner orden con la suerte o la desgracia de que fué seducido por la reina de Egipto, Cleopatra.
 
Puesto fuera de juego Lépido se produjo el encontronazo con Octavio. Y allí se fraguó su desgracia. Pues como general, a pesar de su carisma personal nunca pudo competir con portentos como César o Agripa, al cual no le llegaba a las suelas de los zapatos.
 
Derrotado por Octavio y Agripa, se suicidó junto a su mujer Cleopatra, pasando así juntos a la leyenda. Tras una vida llena de éxitos militares, juergas y ese romance con la reina que lo haría pasar a la posteridad. No es un tipo para tomar como ejemplo de nada pues era un avispado vividor y nada más, pero ahí lo tienen, en la memoria de todos los hombres e inspiración de aquellos tipos de mentalidad dionisíaca.
 
Quedemonos pues con los ejemplos de Octavio y Agripa, mucho más sobrios y austeros que él y mucho más avezados como políticos y militares.
 
Su romance con Cleopatra ha sido fuente de inspiración para el arte. Numerosos grabados, pinturas, películas y obras literarias inmortales se han inspirado en el.
 
En fin, de todo tiene que haber en la viña del señor. Pero no lo tomemos como ejemplo a seguir. Eso si, si no lo hubiesen frenado gente mucho más competente que él, se hubiera hecho el amo del mundo.
 
A fin de cuentas, no fue más que el último y sobresaliente eslabón de una corrompida clase senatorial romana que se resistió a fenecer sin gloria.Me recuerda un poco a Silvio Berlusconi, el italiano. Por su extraviada vida privada y por su carisma.
 
Pero prefiero que viniesen a dirigir España un Octavio y un Agripa. Gente mucho más preparada y competente, y que nos diesen unas nuevas glorias a la nación.
 
Y ya poco más que contarles, les recomiendo que lean el Marco Antonio y Cleopatra de Shakespeare y disfruten de la historia de amor que en realidad no dejó de ser un simple braguetazo, como vulgarmente se dice.
 
Yo voy a pasar de nuevo la moto azada al huerto en esta bella mañana de Primavera.  Los surcos se dibujan en el suelo como las prietas filas de las legiones y mi mente vagará al glorioso Egipto de la última de los Ptolomeos donde Marco Antonio vivió sus juergas que escandalizaron a Roma.
 
Sean más sobrios que Marco Antonio pues, hay que sacar a la patria del cenagal en que estamos metidos y no convienen esos excesos. Aunque si hay que disfrutar un poco de la vida,y hoy por fin han abierto otra vez el bar del pueblo. Me tomaré esta tarde café, copa y puro, pero con cuidado de no entregarme a desvaríos. No es el ejemplo de Marco Antonio el mejor para seguir a pesar de su leyenda.

Autor

REDACCIÓN
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