11/09/2026 04:54
Getting your Trinity Audio player ready...

Si Marruecos vulnerara de nuevo la integridad territorial con hostilidad deliberada, la defensa de España no dependería de Sánchez sino del Rey Felipe VI como garante de la integridad territorial. En un escenario de quiebra del deber de custodia por parte del Ejecutivo, la Jefatura del Estado debería actuar como el ancla de soberanía innegociable a la que se debe la cúpula militar por juramento y mandato constitucional.

Así pues, el artículo 8.1 de la Constitución encomienda a las Fuerzas Armadas la misión de garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Esta obligación legal, reforzada por las Reales Ordenanzas y el Código Penal Militar, sitúa el deber de defensa por encima de las conveniencias u omisiones tácticas del Gobierno de turno.

La reunión del Rey como Capitán General de todos los Ejércitos ha sido una estrategia audaz de la Corona frente al boicot y la sospecha de alta traición del gobierno, cuya inacción facilita la mayor envergadura del propósito de la invasión hostil sobre Ceuta y Melilla. Con las reivindicaciones generalizadas desde Marruecos queda clara la intencionalidad anexionista de la que España ha de defenderse como  también de Pedro Sánchez.

El dilema de la seguridad nacional en el norte de África ha cruzado el umbral del chantaje migratorio para adentrarse en la amenaza explícita sobre la integridad territorial. Las plazas de soberanía española, Islas Chafarinas, Alhucemas y el Peñón de Vélez de la Gomera, han pasado de ser guarniciones históricas a convertirse en el tablero de pruebas de la estrategia híbrida de Rabat. Ante el riesgo inminente de que el régimen alauí abandone el disimulo para ensayar un asalto sobre las Chafarinas o un colapso operativo de Ceuta y Melilla, conviene despejar la propaganda e ir al análisis estricto de la doctrina de defensa y la capacidad operativa real de las Fuerzas Armadas.

El reciente refuerzo de infraestructuras críticas y modernización perimetral en los peñones e islas de Alborán responde a una exigencia táctica de primer orden: la autosuficiencia operativa. La independencia energética, la potabilización directa de agua y la fortificación electrónica garantizan que las guarniciones de Regulares y de La Legión apostadas en estos enclaves no dependan de suministros externos ni queden a merced de un bloqueo inicial. Si Marruecos intentara un asalto directo o una infiltración en las Chafarinas, se encontraría de inmediato con el principio irrenunciable de la legítima defensa. A pesar del colaboracionismo traidor de la Moncloa, las Reales Ordenanzas y el mandato constitucional del artículo 8 imponen al Ejército el deber ineludible de la custodia territorial.

En la hipótesis de que Rabat traspase las líneas de la guerra híbridda para entrar en el terreno del enfrentamiento convencional, la superior proporción tecnológica de las Fuerzas Armadas españolas sobre el teatro de operaciones del Estrecho es categórica. El control de la línea del mar de Alborán y del Estrecho de Gibraltar por parte de la Armada Española, sumado a la cobertura aérea desde la Península, neutraliza de origen la logística de desembarco o el abastecimiento de cualquier incursión enemiga. A esto se añade una capacidad cibernética y de inteligencia consolidada, con facultad técnica para cegar los radares adversarios, paralizar los centros de mando y neutralizar la infraestructura crítica de coordinación militar marroquí en cuestión de horas. La proyección de las unidades de élite del Mando Operativo Terrestre y Marítimo garantiza además una respuesta de recuperación inmediata ante cualquier intento de ocupación ilegal.

Marruecos se ha aprovechado de la indefensión de los españoles porr estar el enemigo de los mismos en el gobierno que ha obrado según las estrategias de expansión cocinadas desde Marruecos con la anuencia de la corrupción política. Sin embargo, España sin Sánchez posee la capacidad operativa para defenderse de cualquier agresión externa, y si terciara constitucionalmente, interna de ser identificado el enemigo en las entrañas del Estado.

A esta aplastante ventaja en el plano estrictamente militar se suma una tutela estratégica letal: la vulnerabilidad y dependencia energética de Marruecos respecto a la infraestructura española. Tras el cierre del tubo argelino, el régimen alauí sostiene la operatividad de sus principales centrales eléctricas gracias al flujo inverso del Gasoducto Magreb-Europa desde la península y a la interconexión eléctrica del Estrecho. España posee la capacidad técnica de ejecutar un boicot directo e inmediato interrumpiendo el bombeo de gas regasificado y cortando el suministro eléctrico. Esta medida paralizaría la red nacional marroquí y dejaría a sus centros urbanos e industriales en un colapso energético inmediato en menos de 24 horas.

El estatus quo que favorece la expansión paulatina de Marruecos sobre el norte de África solo puede sostenerse mediante la docilidad y la negligencia de la dirigencia política de la Moncloa. Sin embargo, la alta traición o el alineamiento del Ejecutivo con los intereses de Rabat encuentran un muro infranqueable en la propia estructura técnica de las Fuerzas Armadas. Cualquier ataque contra las Chafarinas o intento de sofocar la viabilidad de Ceuta y Melilla activa automáticamente los protocolos de respuesta militar que escapan a la componenda o al electoralismo de despacho. En el momento en que las líneas rojas territoriales son violadas, la doctrina de la defensa nacional no se somete al relato oficial ni a la conveniencia del gobernante de turno: se ejecuta bajo el principio inexcusable de la soberanía innegociable.

España dispone de la fuerza, la capacidad técnica y el derecho internacional para neutralizar de raíz cualquier intento invasivo. Solo la falta de voluntad política en la cúpula del Gobierno traidor,  dilata una disuasión que, en el terreno puramente militar, es absoluta y contundente.

RES NON VERBA.

Ignacio F. Candela

El Rey y el Ejército ante la alta traición en Ceuta: De Núremberg al deber legal y constitucional. Por Ignacio Fernández Candela

Ejército bajo presión: Invasión de España y el peso del deber en conciencia. Por Ignacio Fernández Candela

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.

Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
Suscríbete
Avisáme de
guest
0 comentarios
Anterior
Reciente Más votado
0
Deja tu comentariox
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.