10/09/2026 11:33
  • Sánchez aparta a Puente del control de las listas después de que el ministro insinuara que podría sucederle y entrega a Óscar López un papel decisivo en la depuración de candidaturas

En el PSOE ya no basta con discrepar: también hay que medir hasta dónde se puede hablar. Óscar Puente apenas necesitó unas palabras para abrir la puerta a una posibilidad que, hasta entonces, nadie en el Gobierno se había atrevido a colocar sobre la mesa con tanta claridad: que algún día pudiera ser él quien recibiera el testigo de Pedro Sánchez.

No anunció una candidatura. No desafió al presidente. Ni siquiera pidió su relevo. Se limitó a dejar una frase suspendida en el aire: si la pelota llegaba a sus manos en los últimos segundos, él no sería de los que la pasaran.

La declaración llegó el 23 de agosto, en una entrevista con Europa Press. Puente dejó abierta la posibilidad de liderar el PSOE cuando Sánchez concluya su etapa política, aunque situó esa eventual sucesión dentro de cuatro o cinco años y, al mismo tiempo, reivindicó al actual presidente como «el mejor líder posible» y lo comparó con Michael Jordan.

Pero apenas dos semanas después, el escenario interno descrito desde el propio entorno socialista resulta muy diferente.

Según las fuentes, Sánchez ha relegado a Puente del diseño preelectoral de las candidaturas mientras Ferraz prepara el comité de listas. Ese proceso estaría adquiriendo además una dimensión especialmente sensible: la selección de candidatos quedaría acompañada, siempre según esas fuentes, de una depuración de dirigentes considerados discrepantes.

El movimiento coloca a Óscar López en el centro de la operación. De acuerdo con la información publicada este jueves, el ministro para la Transformación Digital tendría un papel determinante en las decisiones que afectan al comité de listas y al comité electoral, aunque la responsabilidad orgánica corresponda a la secretaria de Organización, Rebeca Torró. La terna se completaría con Montserrat Mínguez.

De la frase de Puente al nuevo reparto de poder

Hasta ahora, Puente había tenido un peso interno superior al que formalmente corresponde a su condición de vocal de la Ejecutiva Federal. Su presencia política se había reforzado además desde su llegada al Ministerio de Transportes y por su exposición pública como uno de los dirigentes más combativos del Gobierno.

Ahora, sin embargo, queda fuera del núcleo que puede resultar decisivo si Pedro Sánchez termina adelantando las elecciones. La presión territorial, el desgaste provocado por la crisis de Ceuta y la creciente contestación interna hacen de las candidaturas una pieza especialmente delicada para Ferraz.

Y ahí aparece la cuestión que sobrevuela todo el episodio: ¿qué ocurre cuando dentro de un partido alguien empieza a ser visto como posible sucesor?

Puente no dijo que quisiera sustituir a Sánchez mañana. Ni siquiera afirmó que fuese a competir por el liderazgo. Dijo que, si algún día recibía la pelota con dos segundos por jugar, no sería de los que la pasasen.

Para las fuentes socialistas, aquella insinuación ha tenido consecuencias políticas. La dirección, según estas mismas fuentes, habría optado por situarlo al margen del diseño de unas listas que podrían terminar definiendo buena parte del futuro inmediato del partido.

«Amenazados en privado, sentenciados en público»

La información obtenida dibuja además un clima interno especialmente duro. Dirigentes conocedores de los planes atribuidos a Óscar López sostienen que determinados cargos serían advertidos previamente y que quienes no cedieran podrían quedar fuera de las candidaturas. Uno de ellos resume esa estrategia con una frase especialmente contundente: primero se les advertiría en privado y después se les apartaría públicamente de las listas.

El mismo relato habla de un «estado de terror» en Ferraz y sitúa entre los potencialmente afectados a dirigentes territoriales y alcaldes que han criticado abiertamente la gestión del Gobierno durante la crisis de Ceuta. Casi cuarenta alcaldes socialistas secundaron las manifestaciones de apoyo a la ciudad autónoma, según la información publicada.

Todo ello dibuja un PSOE en el que la batalla por las candidaturas puede convertirse también en una batalla por el poder interno. Y, sobre todo, deja una pregunta incómoda encima de la mesa.

¿Se puede pensar en el día después de Sánchez dentro del PSOE sin pagar un precio por ello?

Porque Puente no presentó una candidatura, no pidió la dimisión del presidente y no cuestionó públicamente su liderazgo. Simplemente admitió que, llegado el momento, podría jugarse la última pelota.

Ahora, según las informaciones publicadas, aquel gesto le habría costado influencia precisamente allí donde se empieza a decidir quién sigue y quién deja de seguir en las listas socialistas.

En política, a veces no hace falta pronunciar la palabra sucesión para que todo el mundo entienda lo que acaba de escucharse.

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