15/08/2026 06:54

Uno de los mejores comunicadores radiofónicos españoles, para mí sin duda el mejor, curtido en multitud de emisiones tanto en RNE, como en Onda Cero y ahora en la COPE, utiliza un lenguaje muy particular, nada ofensivo, sí gracioso y muy acertado. Algunos escuchantes suyos lo conocemos por el idioma «herreriano». Este médico de formación, también columnista en el antiguo diario nacional «ABC», actor de reparto recientemente, legionario de honor, gran aficionado taurino, español de una pieza y cabo primero de ferrocarriles no es otro que Carlos Herrera Crusset.

Este gran comunicador, hace ya un tiempo bautizó acertadamente en su lenguaje «herreriano» al poliministro y factótum de Pedro Sánchez, Félix Bolaños como «Gracita» Bolaños. El nombre de Gracita alude al de la entrañable actriz cómica María Gracia Morales Carvajal (1928-1995) que interpretaba como nadie los papeles de empleada de hogar, sirvienta o criada   —empleos tan dignos como cualquier otros— comparando la actitud de la inolvidable Gracita con la del actual ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. La comparación es perfecta ya que las actitudes de ambos con sus respectivos jefes, son idénticas.

Félix Bolaños, sin duda alguna cuenta con la plena confianza de Su Sanchidad de ahí que ostente tres ministerios a la vez; es todo un «agente de transmisión» de su jefe —entiéndase este cargo como ordenanza, sirviente, mayordomo o asistente incondicional— y por tanto, es el encargado de transmitir todas las órdenes, instrucciones y consignas, las que sean menester, que salgan del despacho presidencial de Su Sanchidad. Bolaños, lo cumple a rajatabla pues es poseedor de un cinismo a prueba de bombas y de una cara tan dura como el hormigón pretensado. No hay que olvidar que Bolaños cumplió y lo hizo en primer tiempo de saludo ante su superior jerárquico, con los trámites de exhumación de Francisco Franco, una de las actuaciones más mezquinas y cobardes por las que Pedro Sánchez quiere pasar a la historia.

El mencionado poliministro es afín a los micrófonos, ruedas de prensa y comparecencias parlamentarias donde demuestra su cinismo, donde miente con descaro y nos toma por imbéciles a los españoles o donde desprecia a quienes le escuchan diciendo lo que le viene en gana y no contestando a lo que se le pregunta o, siendo inquisidor continuamente de jueces y martillo de herejes de los españoles que no piensan como él. Lo que no sabe Bolaños es que se puede engañar a todos una vez, a uno muchas veces, pero a todos todas las veces, no.

En los últimos meses —es intolerable siendo él ministro de Justicia— ha sido implacable con todos aquellos jueces que han abierto investigaciones a la conocida por un gran libro de Alejandro Entrambasaguas como sagrada familia, en especial contra el juez Peinado. De la misma forma ha arremetido contra el «poder Judicial» cuando el Jurado pertinente condenó al exfiscal general del Estado. Pero todas sus inadmisibles declaraciones, repito siendo «ministro de Justicia», no han quedado ahí. Ha osado decir que, aunque condenen a la mujer de Su Sanchidad —cuatro posibles delitos a sus espaldas— habrá otra instancia judicial que la absolverá. Lo mismo para el ya condenado ex fiscal general. No hay duda de que la misma suerte correrá el «director de artes escénicas» en Extremadura un tal David Azagra que habitaba y aparcaba su autocaravana en la zona VIP de la Moncloa. Otro más de la sagrada familia. Y siempre le quedara la «última ratio judicial» el tribunal de su incondicional Cándido. Es inexplicable que las diversas asociaciones judiciales no hayan pedido en bloque la dimisión de este cuestionado ministro por sus continuas intromisiones en el poder judicial.

Bolaños insisto una vez más, «ministro de Justicia y Notario Mayor del Reino» en estos últimos días ha sido más protagonista aún que la ministra portavoz del gobierno Elma Saiz y se ha ufanado en bendecir el «R.D. 316/2026 de 14 de abril» por el que se aprueba una Ley Orgánica nueva sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social. Una vez más el «decretazo» no ha pasado por el Congreso y tampoco ha sido consensuado con ninguna Institución afectada como son fundamentalmente la «Policía Nacional» y la «Guardia Civil».

Quiero dejar claro que mis palabras no deben interpretarse, ni tienen el más mínimo matiz de «HODIO», sí, ese concepto que ha parido el «Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones». No quiero dar ningún discurso ni opinión de odio y polarización social en RRSS (que no tengo) ni en las páginas de este diario.

Es servil Bolaños, leal a su jefe como nadie, se ha apresurado a justificar con su cinismo habitual las bondades de este decretazo que permitirá legalizar a ilegales, él dice que en torno a 500.000. No estoy en contra ni mucho menos de que vengan a España personas inmigrantes de todo tipo de cualificación profesional pero que vengan a trabajar dignamente, que se integren en nuestra sociedad y costumbres, que coticen anualmente como el resto de españoles, y que reciban el mismo trato social que los nacidos en España. El mismo trato y las mismas ayudas, no más ni mejores que los nacidos en España.

El cínico ministro de la presidencia ha aludido que ese decretazo está «bendecido»  por la «Conferencia Episcopal» —¡ como si a él le importara la opinión eclesiástica!—  y también por la patronal. No ha dicho nada sobre la opinión de los llamados sindicatos dinásticos tan aficionados a las grandes mariscadas. Es de suponer que la «CEE» alojará a gran parte de los inmigrantes entrados en España de manera ilegal en su inmensa red inmobiliaria, les dará educación católica y a diario les ofrecerá de comer en sus comedores sociales. El señor Antonio Aramendi Lecanda, presidente de la patronal, dará las órdenes oportunas para que a todos ellos se les pague a final de mes un sueldo, mejor incluso que al de los trabajadores españoles que llevan cotizando toda una vida.

Otro ministro, el más reprobado de la democracia, Marlasca, no ha abierto la boca, pronto lo hará para mentir nuevamente, sobre los problemas sociales y de orden público que, no resulta descabellado pensar, proporcionarán gran parte de estos ilegales en nuestras ciudades, y el colapso que crearán en los establecimientos penitenciarios. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que los países de origen van a facilitar antecedentes penales o policiales de personas que huyen de su país de nacimiento? Bolaños dice muy orgulloso que estos ilegales son los que nos van a pagar nuestras pensiones. No seas tan mentiroso y cínico ministro: las pensiones nos las pagamos los españoles, a ti incluido. Estos miles de inmigrantes ilegales, la inmensa mayoría hombres jóvenes, que le paguen la pensión a sus padres en su país de origen.

 Y ante esta invasión pacifica, de momento en Ceuta, Melilla y Canarias, ¿qué dice o manifiesta Europa? Pues tibieza y despreocupación. Me temo que, a la Europa del norte, este problema le importa un bledo como la mayoría de los problemas que tenemos los españoles creados todos ellos por este nefasto gobierno.

El resumen de este gravísimo problema de la inmigración ilegal se sustancia en que el gobierno lo genera, las comunidades autonómicas se lo comen y los españoles de a pie lo sufren. ¿Quién es entonces el beneficiado? Con el tiempo, una persona y un partido cuando haya elecciones. ¿Hay duda alguna?

Los próximos beneficiados con otro decretazo del tándem Sánchez–Bolaños será dejar votar en las elecciones a los descendientes de las «Brigadas Internacionales».  Ya lo dijo el presidente: hay que sacar votos hasta de debajo de las piedras.

Bolaños ya está esperando en la puerta del despacho presidencial recibir esa orden. De momento, «un momento señor presidente que le están peinando».

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Mauro Velasco
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Juan

Lo único que tiene Bolaños es esa mala leche y esa superprotección que le da su inmaterial señor

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