15/08/2026 05:35

Evangelina Sobredo Galanes fue una famosa cantautora de los años setenta del pasado siglo. Nacida en El Pardo, Madrid, era hija de un oficial de Intendencia de la Armada y diplomático. Tuvo una exitosa pero corta carrera como cantante, pues perdió la vida con veintisiete años en un accidente automovilístico en la pequeña localidad zamorana de Colinas de Transmonte. Las letras de sus canciones más populares, que fueron unas cuantas, tenían claros y acertados mensajes no solo para aquella época sino también para la actual. La letra de una de sus canciones más conocidas me ha inspirado este artículo. El título de esa canción es Mi querida España. Me estoy refiriendo a la cantante de nombre artístico Cecilia (1948-1976).

En estas últimas semanas los españoles nos hemos vuelto a sobrecoger, casi tanto como en el primer trimestre del fatídico año 2020, cuando hemos conocido que en un buque de recreo y gran lujo el «MV Hondius» se había detectado una infección de nombre «hantavirus» que había provocado varios contagios y al menos tres muertos.

El citado buque de bandera holandesa (ahora dicen de Países Bajos o neerlandesa) es una embarcación de alto lujo, adaptada a expediciones polares donde viajaban 147 personas entre tripulación y pasajeros de más de veinte países, entre ellos catorce españoles.

La singladura del «Hondius» era ni más ni menos que desde el cono sur argentino hasta los actuales Países Bajos. Zarpó el primero de abril desde el puerto de Ushuaia, continuó su navegación a las islas Sandwich, Tristán de Acuña, isla de Santa Elena, isla de Ascensión, islas de Cabo Verde, islas Canarias (Tenerife) y de allí, se supone, hasta el puerto de Róterdam. Pero ese viaje idílico y de placer para gente muy acaudalada se truncó por al parecer, unos malditos roedores que habitan en la zona sur de los Andes según la OMS y causan estragos en esa zona tanto argentina como chilena. Los síntomas de este hantavirus aparecen entre una y cinco semanas y como los de la «COVID 19», inicialmente, vienen a ser como los de una gripe común.

El problema de este nuevo virus para la casi totalidad de los españoles declarado en el «Hondius» se agravó cuando a la altura de las islas de Cabo Verde se extendió y dejó tras de sí tres muertos (11 de abril, 26 de abril y 2 de mayo respectivamente). Obviamente, el capitán del barco pidió ayuda médica pero los países próximos a la singladura de ese barco en esas fechas, —sin duda una gran embarcación contaminada por un virus contagioso y mortal— y me refiero fundamentalmente a Argentina, Senegal, Mauritania, Marruecos, Sudáfrica y Cabo Verde no quisieron hacerse cargo del mismo. Indudablemente, sus gobiernos no quisieron correr el riesgo de contagiar el virus a sus compatriotas ya que el «Hondius» es de bandera holandesa y entendieron que ese gran problema y peligrosa decisión no era de su competencia a pesar de ser miembros de la OMS.

Pero hete aquí que el gobierno español, ya que el citado barco tenía previsto atracar en el puerto de Tenerife se ofrece voluntario para resolver el problema de este crucero tan pintoresco y tan potencialmente peligroso ante la sorpresa de la mayoría de los españoles y la estupefacción de los tinerfeños especialmente. Lo peor del caso es que lo pone en manos de la ministra de Sanidad —a este ministerio no van precisamente los más listos de la clase, véase Illa y Darías— Mónica García, en su día médico de profesión y desde hace mucho tiempo recalcitrante sindicalista, que desprecia y explota a sus compañeros y que destila maldad por todos los poros de su piel contra los que no piensan como ella. No faltó tampoco a la cita el inefable Fernando Simón que aun ocupa un alto cargo en el ministerio de Sanidad. Sus palabras sobre el hantavirus y su poca letalidad y contagio nos recordaron a las similares que pronunció en enero de 2020 sobre la «COVID». Solo en España, mi querida España, esta España nuestra un sujeto como éste puede ocupar un cargo oficial bien remunerado.

Esta mujer de la gauche divine, incapaz a todas luces de ostentar una cartera ministerial se ha hecho acompañar en la gestión de la crisis, además de la pegatina orgánica en su vestimenta, de otras dos lumbreras ministeriales: Marlasca y el canario Ángel Víctor Torres. Los tres, a cuál peores, han obviado por completo al presidente canario Fernando Clavijo que inicialmente les plantó cara, pero muy «poquita» ya que es de «Coalición Canaria» y ya se sabe que, como buen partido regionalista, está del lado que más le conviene y Su Sanchidad tuvo el apoyo de este partido en su investidura como presidente del gobierno

Para este «desembarco» en el puerto de Granadilla de Abona no hubo «cogobernanza» ni un «si quieren ayuda que la pidan». El gobierno capitaneado por la nefasta ministra de Sanidad actuó manu militari e hizo lo que le vino en gana. En la extinción de incendios, en las inundaciones de Valencia y en la gestión de la «COVID» cuando esta se disparó alarmantemente, el gobierno central cargó el mochuelo a los gobiernos   autonómicos. Lo cierto es que ambos gobiernos, el central y el autonómico nunca están a la altura que les corresponde y no por sus funcionarios sino por sus dirigentes políticos.

No hay duda, yo al menos no la tengo, la decisión irresponsable y peligrosa a la vez, en especial para los canarios de autorizar el fondeo, luego atraque del «Hondius» en el puerto de Granadilla de Abona por el gobierno central ha sido un intento de promoción internacional de Pedro Sánchez al igual que su eslogan vacío y sin sentido de no a la guerra, además de una cortina de humo para ocultar su corrupción familiar, la de su partido, su debilidad parlamentaria, su falta de aprobación de presupuestos y su negligencia en la lucha contra el narcotráfico en el estrecho. No hay que descartar que la actual ministra, médico y madre —no añado nada más— busque un puestazo en la OMS mejor remunerado que el que tiene en la actualidad, el que tuvo en su día en la «Asamblea de Madrid» o el que percibía antaño como médico especialista en un hospital madrileño.

¿Quiénes han estado a la altura de sus obligaciones? Los de siempre, los miembros de las «FAS» (en este caso el Ejército del Aire, la Sanidad militar con el hospital Gómez Ulla y la UME), la «Guardia Civil» y la «Policía Nacional» a los que Sánchez ha despreciado siempre que ha podido y a los que les niega ser una profesión de riesgo. Obviamente, también los funcionarios y trabajadores portuarios y aeroportuarios han sido ejemplares.

Esta es mi querida España, esta España mía esta España nuestra como cantaba allá por los setenta Cecilia. Unas de las estrofas más significativas ahora, medio siglo después, conviene recordar:

¿dónde están tus ojos?

¿dónde están tus manos?

¿dónde está tu cabeza?

Y otra más decía:

de tu santa siesta

ahora te despiertan

versos de poeta

En esta España nuestra, los españoles necesitan abrir los ojos, votar adecuadamente con sus manos y que su cabeza y corazón les hagan ver la realidad actual de su España. Desgraciadamente, en estos tiempos no existe un poeta que la despierte de su siesta y si Sánchez sigue en el gobierno no despertará jamás de esa siesta. Simplemente morirá como nación.

Entonces, Dios no lo quiera, esa España no será mi querida España, no será mía y no será nuestra.

Autor

Mauro Velasco
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