Robert Francis Prevost nacido en Chicago el 14 de septiembre de 1955, es un cardenal agustino que ejerció las misiones durante muchos años en Perú donde alcanzó ese alto cargo eclesiástico. Tiene nacionalidad peruana, es matemático y doctor en «Derecho Canónico» y desde el cónclave de mayo del pasado año es el Sumo Pontífice de la iglesia católica y la dirige con el nombre de León XIV.
León XIV ha visitado recientemente España durante toda una semana cuando llevaba tan solo un año de Papa. España, nación mariana por excelencia pues no hay una localidad por muy recóndita que sea que no venere a su virgen cualquiera que sea su advocación es tierra, además, de multitud de Santos. Los españoles creyentes en la fe de Cristo, como no puede ser menos, se lo hemos agradecido. Sin embargo, su predecesor que ejerció el papado durante doce años, argentino de nacimiento, formado en Universidades españolas no tuvo esa gentileza y creo que hasta obligación moral de visitar nuestra tierra que tanto ha colaborado a lo largo de su extensa Historia a propagar la fe cristiana. Que Dios tenga al cardenal Jorge Mario Bergoglio donde se merezca.
Ignoro si esta pronta visita —anteriormente, solo había visitado unas pocas naciones africanas, además de Turquía, Líbano e incluso Mónaco— obedece a una iniciativa exclusivamente Papal o ha sido forzada por este Gobierno infame para lavar su imagen o por una Institución eclesiástica muy asociada últimamente a aquél. Me refiero a la Conferencia Episcopal Española (CEE).
La acogida que el Santo Padre ha tenido en la capital de España ha sido apoteósica y difícil de igualar. Personas mayores de cualquier condición y jóvenes, muchos jóvenes, una juventud sana, sin duda, que no creó ningún problema de orden público ni necesitó de un servicio especial de limpieza y desinfección posterior recibieron a León XIV con un fervor y respeto inigualable tanto en la Cibeles, como en las calles adyacentes, en la Almudena, en la plaza de Lima, en IFEMA y en Santiago Bernabéu donde tal vez sobró alguna puesta en escena que no venía a cuento.
También visitó, sorprendentemente, el Congreso de los Diputados —clara y manifiesta maniobra gubernamental— donde tanto el Gobierno como sus adláteres «progresistas» esperaban que el Papa loara su gestión. Los que desde la tribuna de las Cortes, desconocen e ignoran lo que fue la Escuela de Salamanca en pleno siglo de oro español, defienden la eutanasia, propugnan que el aborto es un derecho, que la inmigración masiva, incontrolada e ilegal es un fenómeno admisible, que la familia es un invento patriarcal, que el idioma español es una herencia franquista, que el terrorismo era un deber en España y que hay que elevar un muro entre las dos Españas según sean sus ideales, aplaudieron, siete minutos, sí siete minutos de cinismo, hipocresía e ignominia.
Entre los que aplaudían estaban miserables que defienden la lucha armada, la ruptura de España bajo las imágenes de los Reyes Católicos, los fervientes proabortistas y los que no han pisado una iglesia católica desde que hicieron la primera comunión. Muchos de ellos no saben ni santiguarse ni persignarse y están más decididos con sus leyes a defender el islamismo que el cristianismo felicitando las fiestas de los seguidores de Mahoma y no las de Cristo. Entre los centenares de farsantes —no todos los parlamentarios lo son obviamente— estaban el ministro Ángel Víctor Torres que el pasado 25 de octubre de 2025 inauguró en Santa Cruz de Tenerife un templo masónico; comunistas de pura cepa como Yolanda Díaz; individuos como Óscar Puente que compara a los sacerdotes con los magos; parlamentarias como Merche Aizpurua que defendieron y defienden enconadamente a terroristas y asesinos; Félix Bolaños que vive obsesionado no solo con exhumar restos humanos del Valle de los Caídos sino con «recalificarlo» y ¡cómo no! Su Sanchidad que como todo el mundo sabe es un ferviente y decido defensor del catolicismo. Mención especial merece la «jefa» del Parlamento la inefable Paquita Armengol que dudo se sepa el Padrenuestro pero que se le caían las pestañas cuando estaba al lado de León XIV. En su fuero interno pensaría: «hoy he pasado a la historia».
León XIV pronunció un discurso impecable utilizando puño de hierro con guante de seda y en ningún momento se situó y defendió las tesis que algunos llaman progresistas. Creo que el Papa no debiera haber subido a la misma tribuna que el tres de mayo de 2023 se subió el canalla de Gustavo Petro presidente colombiano y a diario, entre otros parlamentarios dignos, lo hacen los enemigos de España, los proabortistas, los enemigos de la familia y los promotores de la eutanasia entre otros. No hay que confundir tribuna con púlpito o presbiterio.
Pero con todo respeto y humildad me permito decir al Santo Padre que los que fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o los desvergonzados en el mentir o que defienden y practican acciones o doctrinas vituperables son por todos conocidos y por él también, pero los que quebrantan la lealtad o fidelidad que deben guardar, los tiene en sus filas. Me refiero en este último caso, a los traidores que llevan su mismo uniforme, báculo, mitras, ínfulas y solideos. También llevan visibles crucifijos, pero ninguno de los tres que voy a mencionar porta uno con una reliquia del obispo Polanco como la que lleva León XIV. El palentino —paisano por cierto de monseñor Argüello— Anselmo Polanco Fontecha fue obispo de Teruel de 1935 a 1939 y fusilado el 7 de febrero a poco de finalizar la guerra por el Ejército rojo cuando huía en desbandada hacia Francia. Uno más de los trece obispos que fueron pasados por las armas. Esto también es memoria y el Papa, lo sabe.
El cardenal de Madrid, monseñor Cobo que se sentía al lado del Pontífice en olor de multitudes —antes se decía en olor de santidad— bien podría ser, creemos muchos, el Judas actual. Se ha vendido al Gobierno y a su representante Félix Bolaños, no sabemos con qué contrapartida y ha entregado la basílica del Valle de los Caídos para que la profanen y la «resignifiquen». Ha cedido una propiedad de los católicos al enemigo. Acuérdese monseñor: «Roma no paga a traidores».
Juan José Omella turolense de nacimiento y expresidente de la CEE es el arzobispo de Barcelona, tolerante ante los intentos secesionista de la iglesia catalana, al igual que indultar a los golpistas catalanes y consentidor del primer intento de profanación del Valle de los Caídos.
El actual presidente de la CEE es monseñor Argüello, claro ejemplo del cura que «predica y no da trigo». Es defensor de la política de Pedro Sánchez de permitir la inmigración masiva e ilegal, pero él y la Conferencia que preside no aporta nada para solventar este grave problema que nos afecta a todos los españoles.
Barcelona, antaño ciudad condal y cosmopolita fue el segundo destino de León XIV siendo la basílica de Montserrat y la Sagrada Familia las principales visitas. El recibimiento fue magnífico, sin duda y verdaderamente excepcional la puesta en escena de la inauguración de la torre de Jesucristo en la obra magna de Antonio Gaudí que por cierto lleva 144 años construyéndose. No obstante, resulta paradójico el fervor actual al genio de Riudoms, pues cuando murió en 1926 atropellado por un tranvía fue considerado un mendigo y pasaron tres días para que alguien se hiciera cargo de él. A este acto, a la inauguración de la torre de Jesucristo, sí asistió el hipócrita de Pedro Sánchez. Sin duda en Barcelona, al lado de Illa, se encuentra más cómodo que en Madrid a la vera de Ayuso, siendo él madrileño de nacimiento.
El archipiélago canario fue el broche final del viaje Papal y sin duda el destino más político por ser esas islas el rompeolas de la mayor parte de inmigrantes africanos. El sátrapa de la Moncloa solo visita Canarias cuando veranea allí a cuerpo de rey con toda su tropa a costa de los españoles. Nunca había visitado los puertos que periódicamente son objetivo de las pateras que las mafias africanas lanzan sin pudor a las aguas del Atlántico. Esta vez sí fue a hacerse la foto con el Sumo Pontífice e incluso con un niño de corta edad. Esa foto es el paradigma de la hipocresía. A Su Sanchidad (Pedro Sánchez) no confundamos términos, le importa una higa el control de las mafias que abandonan a cientos de inmigrantes en alta mar, las condiciones de vida de esta pobre gente que normalmente se aloja en cuarteles abandonados, su día a día y menos aún su futuro, su modus vivendi y lo que nos cuesta al erario toda su estancia y manutención, además de los problemas delictivos que presentan.
Todo no podía salir bien en este magnifico detalle del Papa León visitando con prontitud España y el día de regreso al Vaticano el avión de la que fue línea aérea de Bandera española se averió. Hay quien a estas circunstancias desafortunadas lo llama el «infierno español».
¿Nadie entre tantos organismos implicados en la visita habría previsto tener un avión de reserva ¿No había en todo el archipiélago canario un avión disponible de inmediato entre tantos aeropuertos insulares?
Afortunadamente, el Rey Felipe VI prestó el suyo al Santo Padre y pudo regresar dignamente a Roma.
Estoy seguro de que Su Sanchidad (Pedro Sánchez) no hubiera reaccionado de igual manera y de prestarle un avión al Papa hubiera sido uno de la línea Plus Ultra.
Santidad, gracias por visitar nuestra tierra, la que vio nacer entre otros a Teresa de Jesús, y Juan de la Cruz y en la que veneramos a la virgen del Pilar, al apóstol Santiago y también a la virgen de la Candelaria que esperaba ser visitada por el sucesor de Pedro.
En dicha semana espero que su Santidad haya conocido de verdad a los millones de españoles que le queremos y nos abrazamos como el obispo Polanco a la fe de Cristo, pero igualmente haya conocido a multitud de cínicos, hipócritas y traidores que solo han buscado una fotografía con el obispo de Roma.
¡Vuelva pronto Santidad!
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