Las personas que ya llevamos muchos tacos de almanaque en nuestra mochila de la vida y fuimos aficionados al fútbol de antes, el no politizado, el que se jugaba los domingos a las cinco, el que escuchábamos por las emisoras de radio en AM, el que veíamos los domingos por el televisor donde los jugadores no eran hombres anuncios, sabemos que a partir de 1962 la Real Federación Española de Fútbol prohibió los jugadores extranjeros en los equipos españoles. Anteriormente, sí hubo extranjeros jugando en la liga española pero no eran tan mediáticos y tan problemáticos como muchos de los actuales. Algunos de aquellos formidables jugadores, llegaron incluso a ser internacionales por España. ¿Quién no ha oído hablar entre otros de Kubala, Di Stefano o Puskas?
Pero con el inicio de la temporada 1964/65 llegaron jugadores que se denominaron «oriundos» hasta que en 1973 se permitió la llegada de jugadores extranjeros, solo dos por club para que jugaran en la liga, pero no en la copa. Los «oriundos» eran jugadores iberoamericanos fundamentalmente argentinos, uruguayos y paraguayos. Estos jugadores que poblaron tanto la primera como la segunda división acreditaban con una documentación más que dudosa que eran descendientes de españoles emigrados a diversos países de Iberoamérica. ¿Les suena esta estrategia en la actualidad?
Los nombres de Roberto Martínez, Óscar Rubén Valdez, Rubén Cano, Adorno, el «lobo» Diarte, Heredia y el contundente defensa Aguirre Fernández fueron algunos de los más de sesenta que se alinearon en diversos equipos españoles. El tema de los «oriundos» con el tiempo se comprobó que era una completa corrupción y engañifa demostrándose en los juzgados que el entorno al ochenta por ciento de los jugadores había presentado documentaciones falsificadas. El epicentro de la trama se situó en Paraguay y el detonante a esta trama partió de los equipos vascos que no aceptaban oriundos y del todopoderoso —también en esos años— Barcelona que llevó por agravio comparativo a los tribunales a varios jugadores de equipos rivales. Por los Juzgados de aquella época pasaron tanto futbolistas, como directivos e intermediarios, algunos de ellos fueron condenados.
Los requisitos para ser considerado «oriundo» y poder jugar en la liga de fútbol español eran dos: Presentar antecedentes familiares de ascendencia directa de parentescos (padres o abuelos) y no haber sido internacional con el país de nacimiento.
Es más que conocido que la Historia se repite y en la actualidad, año 2026, sesenta años después los «oriundos» se han convertido en «nietos». Lo que en los años sesenta y setenta fuera un problema menor y de alcance exclusivamente futbolístico que no influyó en nada en la marcha de la entonces una España próspera y unida que había olvidado la guerra civil, se ha transformado con la promulgación de la disposición adicional octava de la cainita Ley de Memoria Democrática en una estratagema más que ignominiosa de este infame gobierno para ganar votantes cautivos que viven lejos de España, que ni la sienten y conocen y que incluso no sitúan en el mapa.
El sátrapa que desde el verano de 2018 habita en la Moncloa es plenamente consciente que poco a poco va perdiendo votantes a raudales y de que sus apoyos son cada vez más débiles y a la vez más exigentes en sus peticiones llegando el caso de que España como nación, si este canalla sigue gobernando, puede desaparecer. Él, inasequible al desaliento, a pesar de estar rodeado de corrupción por todas partes tanto en su gobierno como en su partido y lo más doloroso en su familia, aguanta lo indecible y quiere perpetuarse en la presidencia del gobierno sine die. Pretende destrozar lo que queda de España y gobernar desde sus cenizas. Ya lo dijo en su día: «voy a buscar votos debajo de las piedras si hace falta».
En España no los tiene y los ha buscado al otro lado del Atlántico retorciendo una vez más la Ley de la Memoria Democrática a manos de la Directora General de Seguridad Jurídica y Fe Pública —el cargo no tiene parangón— de nombre Sofía Puente Santiago hermana de ese ministro, matón de taberna, camorrista de suburbio, macarra de ceñido pantalón, pandillero suburbial que diría Joaquín Sabina. Además de ser un pésimo ministro conocido fundamentalmente por su afición a insultar y provocar en las redes sociales y no por su eficacia en la gestión ministerial.
El objetivo claro e inequívoco de esta disposición es alterar el censo electoral en beneficio claro y notorio del PSOE y ganar las elecciones del próximo año incorporando masivamente nuevos electores al CERA (censo electoral de residentes ausentes). El BOE, un «arma» letal que solo controla el gobierno, especifica claramente quienes pueden ser los nuevos votantes y por tanto nuevos españoles como antaño fueron los «oriundos»:
- Hijos y nietos de españoles que perdieron o renunciaron a la nacionalidad española por su exilio político
- Hijos e hijas de mujeres que perdieron o renunciaron a su nacionalidad como extranjeros antes de la Constitución de 1978
- Hijos e hijas de las personas a quienes ya se les concedió la nacionalidad española con la M.H. entre 2007 y 2022
Ante esta bicoca de nueva nacionalidad la respuesta ha sido masiva e incontrolable debidamente en los diferentes consulados. Concretamente el de Buenos Aires ha recibido en torno a 650.000 votantes potenciales. En los consulados a fecha uno de enero de 2026 había 3.202.000 inscritos para ser reconocidos como nuevos españoles con derecho a voto. Pero el Gobierno, ante este desbordamiento documental ha externalizado el control de mismo a una empresa muy conocida por José Luis Ábalos, INECO, de la que cobraba su entonces pareja por no ir a trabajar. Curiosamente, esta disposición parida por la hermana de Óscar Puente no contempla la nacionalización exprés de los exiliados en la época de la segunda república. ¡A esos fachas que les den!
Esta «ley de nietos» es toda una estafa democrática, un fraude de ley. Una afrenta a los españoles que les equipara ante las urnas, con unos extranjeros desvinculados por completo de los que en su día fue la madre patria. Hoy solo es un país rendido y sin orgullo patrio que gracias a un canalla les concede un privilegio inmerecido. El ser español ha dejado de ser un orgullo y un título. Hubo una época en la que ser español era una de las cosas serias que había en el mundo.
Pedro Sánchez no va a adelantar las elecciones hasta que esta trampa democrática no esté perfectamente preparada para su activación y conseguir los mejores réditos electorales que no son otros que la distribución conveniente de los «nietos» por provincias donde más le beneficien a él.
Toda esta artera maniobra está siendo denunciada por diferentes organismos como Iusticia Europa y Hazte oír ante la Comunidad Europea, pero tengo mis dudas de que surta efecto antes de las elecciones del próximo año. La oposición, como casi siempre, en estos casos, ha estado hasta ahora, tarde ya, tocando el caramillo. Cuatro años más con este Maquiavelo actual serán demoledores para los españoles y para España.
Los «oriundos», falsos españoles sin duda la mayoría de ellos, al menos se partían el pecho por sus equipos españoles donde militaban y dejaban sangre sudor y lágrimas en los terrenos de juego, su lugar de trabajo, pero, ¿qué ofrecen los «nietos» a España y a los españoles? Sólo benefician a una persona, que sin duda quiere destrozarla y no es que sea muy querido en los terrenos deportivos precisamente.
Los golpes de Estado no sólo se dan con armas. También se dan con los fraudes electorales. En España no sería la primera vez que ocurre.
Pedro Sánchez es un depredador de la democracia, aunque no lleve armas en la mano y esgrima sólo el BOE.
¡Los «nietos» que voten donde han nacido, donde pagan sus impuestos y donde viven!
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