15/08/2026 05:43
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Hay que reconocerle a este sanchismo y a sus detestables y biempagados secuaces una capacidad inagotable para el esperpento y el drama de cartón piedra. Pero lo vivido esta semana con el caso entre Vito Quiles y Sara Santaolalla-o Santa Tontaelhaba, que para el caso tanto monta en este santoral de la infamia-no es ya una cuestión judicial; es el epitafio de una era donde la verdad es un estorbo que se soluciona con un buen filtro de Instagram o Tik Tok-u Onlyfans-y una subvención ministerial.

Desde la cúspide de la pirámide, con un Pedro Sánchez que no pierde ocasión de santificar cualquier relato que huela a incienso ideológico, hasta la infantería de esa juventud y veteranía vendida en las redacciones, ergo prostituida en las redacciones, todos salieron en tromba. No necesitaban pruebas, les bastaba con el adjetivo, el falso relato que califica al inocente. Anatematizaron al periodista Vito Quiles con la saña de quien quema a un hereje en la plaza pública, sin sospechar que las llamas de esa hoguera acabarían chamuscando el canesú de seda de la propia denunciante.

Es de un patetismo poco profesional que raya en lo patológico observar el pánico de una abogada defensora intentando, con una audacia que envidiaría el mismísimo Houdini, que la jueza no viera los vídeos. Señoría, no permita que la tozuda realidad contamine este hermoso relato de ficción que tanto nos ha costado armar en los platós… Pero la justicia, en un arrebato de impertinente profesionalidad, decidió darle al play. Y lo que vio fue un vacío absoluto.  Una nada cósmica donde la agresión brillaba por su ausencia y la orden de alejamiento se disolvía como un azucarillo en el café de un ministro o una raya de cocaína en la juerga con sobrinas.

Resulta que el agresor no existió más que en la febril imaginación de quien confunde un micrófono con un arma blanca. Y ahora, la santa del relato oficialista se enfrenta a la frialdad de la denuncia falsa. La espada de Damocles, esa que manejaban con tanta soltura los sicarios de la pluma y el micrófono, ya no pende sobre el periodista que hacía preguntas incómodas, sino sobre el delicado cuello de quien decidió que mentir era la vía rápida hacia el encumbramiento o el pesebre político. Ay, Sarita, la cárcel es un boomerang en las intenciones de quien lo lanza.

Lo que antes eran focos y aplausos de la pandilla mediática, se está convirtiendo en el pasillo gélido de un juzgado donde la palabra cárcel empieza a resonar con una musicalidad inquietante. Qué ironía tan compensada: ver a todo un desgobierno de desalmados quedar en el más absoluto de los ridículos por haber comprado un guion de aficionado, una opereta de celuloide rancio que no aguanta ni un visionado en YouTube.

No, no hay ultraderecha ni fascismo en la ciudadanía de a pie y con sentido común que soporta la ultrabasura llegada al poder con trampas en el 2018. Ya lo sabe el mundo entero en el escaparate internacional. Sois de la piel del Diablo. La burla a las mujeres que sí son maltratadas y a los hombres que son acusados falsamente de maltrato ha traspasado los límites de la conciencia en este circo de payasos diabólicos. A toda esa prensa que se vendió por un titular de género y un minuto de gloria oficialista, les queda ahora el silencio de los cómplices. La verdad no necesita discursos en el Congreso ni editoriales lacrimógenos; la verdad sólo necesita un objetivo que grabe y una jueza con el cuajo necesario para no dejarse intimidar por el ruido de la calle ni las órdenes de arriba.

Para la santa de pacotilla Sara, el problema de subirse a un pedestal de barro para señalar al prójimo es que, cuando llega la lluvia de los hechos, el barro se deshace… y la caída suele ser, además de estrepitosa, bellamente patética. El León de la Verdad con mayúscula ha rugido, y la cámara, ha hecho justicia. Y no basta una peineta de la grosera que la acompañaba a la salida de los juzgados. El contraataque judicial de Vito va ser espeluznante y además no se lo quitará de encima con la Ley de su parte. Jugada redonda.

Se preguntaba el periodista falsamente denunciado y Juango Ospina, su abogado vilipendiado por la maquinaria del fango sanchista, que qué pintaban ocho policías y un furgón policial para escoltar, esto lo oigo, a una mamporrera ignorante con la boca como un buzón; a imagen y semejanza de la bocaza de la marquesa de Galapagar. Que el dios inicuo de las mentiras socialistas-las del exterminio de nuestros padres durante la plandemia, la Dana, de Ademuz- la asista. El Dios verdadero los deja en evidencia descarnada.

Sara Tontaelhaba, como la denomina el acervo popular harto de parásitos que no dan un palo al agua a la sombra de estos vagos y maleantes gozando de prebendas inconfesables con coche oficial, se abunda perdida en el limbo de la penitencia kármica, pero en tanto puede seguir manifestándose como la nada que es más allá de la artimaña y la manipulación. Descanse en paz mientras pueda a la espera de su citación judicial con expectativas  penal y pecuniaria severas… si es que puede.

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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