15/08/2026 03:59

A continuación vamos a dedicar este espacio que se nos ha concedido a analizar la obra La afilada navaja de Ockham, firmada por el prolífico e insigne escritor Ignacio Fernández Candela.

Observamos, como imperativo moral incluso, comenzar explicando el sentido de este título, pues ni todo el mundo tiene porqué entender de filosofía, ni todo el mundo tiene porqué conocer, tampoco, la ya mentada teoría filosófica.

Sencillamente, dicha construcción no hallará sentido si no se le colocan antes los cimientos a la casita, que diría un maestro albañil.

Veamos:

Lo primero es lo primero: ¿A quién debemos esta teoría? La misma fue planteada por un monje franciscano del siglo XIV.

¿Su objetivo? Ser aplicada a campos de la ciencia o la lógica, motivo por el cual será enormemente polivalente (BBC)

¿Su formulación estándar? «En igualdad de condiciones, la solución más sencilla suele ser, también, la más probable».

Visto todo ello, ahora sí, podemos extraer conclusiones del título de la obra o, al menos, hacernos intención de ello.

Si el autor elige ese título, probablemente está invitando al lector a pensar en una serie de posibilidades:

  • simplificación,
  • búsqueda de una verdad oculta,
  • eliminación de hipótesis falsas,
  • conflicto entre apariencia y explicación.

Nos ha llamado poderosamente la atención, del mismo modo, el surtido de citas cuidadosamente seleccionadas por su autor, Ignacio Fernández Candela, particularmente, por lo que las mismas dicen de su persona, en primera instancia. En segunda, porque elegir una cita textual es decir a la obra por donde dialogar exactamente.

Y estas dos cosas, qué duda cabe, resultan vitales a la hora de colocar los cimientos de la casa a construir.

  • «Y Dios dijo: Hágase la Luz; y la luz se hizo» (Génesis)
  • «La verdad os hará libres» (Jesucristo)
  • «Toda adversidad lleva consigo la semilla de un mayor beneficio» (Napoleon Hill)

En el primero de los escalones, concluiremos ya varias cosas de importancia: la obra utiliza dos citas, ambas dos bíblicas, motivo por el cual es prácticamente un dato seguro que el autor sea persona religiosa, para ser más exactos, de ideología tradicionalista-conservadora, bosquejando así un retrato rápido del autor en cuestión.

Ambas citas, también, hablan de una persona fuerte, dura y de férreos principios y sólidos valores. La primera, capaz de decir: Os hablo en Esperanza, hagamos juntos la luz; la segunda, buscando romper las cadenas de la mentira y la falsedad para ser conducido siempre de la mano de la verdad.

Se vislumbra así el retrato de una persona íntegra, de férreos principios y altos valores, pero no por ello menos luchadora. Un ser cuya opción nunca es agachar la cabeza para optar por el sometimiento vil.

Queda, para cerrar, la cita de Napoleon Hill: «Toda adversidad lleva consigo la semilla de un mayor beneficio», la cual nos habla de un ser humano acostumbrado a sacar petróleo de las dificultades, una de esas almas que encienden una luz por oscura y aterradora que sea la sombra.

En lo tocante a la premisa «elegir una cita textual es decir a la obra por donde dialogar exactamente», podemos ver lo que sigue:

El manuscrito traído a nosotros, su letra, habla un solo lenguaje: hablar en Verdad, hablar en Fe, Hablar en Amor, Hablar en Esperanza.

Así pues, descifrada ya la persona que tenemos delante y el tono del texto recibido, es ya hora de pasar al argumentario de la obra.

Dicho argumento solo puede ser definido con una única palabra: impactante. ¿Otra? Podría ser cruel o, incluso, sádico.

Fíjense en cómo la define el propio autor:

              «Una pesadilla que apareció de la nada una noche de lo cotidiano en que regresaba tranquilamente a mi casa» (Página 17).

Hemos querido recalcar éste párrafo porque, a nuestro juicio, no se nos ocurre experiencia peor que esta. ¡Una auténtica pesadilla nacida de la normalidad de lo cotidiano! ¿Infierno o broma pesada? Según si gusta usted del humor negro.

Fernández Candela no se queda ahí, siendo aún más incisivo:

          «Esta experiencia vivida en la que se atropellaron mis derechos inalienables como ciudadano» (Ibídem)

Para entender la gravedad de esta frase, lo primero es, obviamente, conocer el significado de la expresión «inalienables». «Que no se puede enajenar», dice la Real Academia Española.

Hablando en plata: este hombre observó, atónito, como se le quitaba aquello que por propia definición no debe ser quitado. Aquello que debe ser, incluso, no solo protegido, sino, garantizado.

Y es que, ¿Qué haría usted ante una detención ilegal fruto de un abuso policial? ¡Piénselo!

Santiago García Lucio, Experto en Revolución Francesa

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Editor ÑTV ESPAÑA
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