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Mientras el reino godo se descomponía, el general musulmán Táriq ibn Ziyad a las órdenes del califato damasquino omeya del norte de África, iniciaba el paso del estrecho de Gibraltar en el año 711, contaba con el conde de Ceuta, don Julián, traidor a la causa del último rey de la España visigoda, don Rodrigo (1).

Almanzor, en el siglo X, siendo canciller del califato de Córdoba, y gobernante de facto de la Iberia islámica, no dio tregua a los reinos cristianos, arrasando con sus múltiples aceifas las ciudades, pueblos y campos ganados por los cristianos, merced a la ya emprendida Reconquista; en la batalla de Simancas, año 939, las tropas encabezadas por el rey Ramiro II de León, sufrieron una importante derrota, que supuso una ruptura de la línea defensiva cristiana del Duero.

Este árabe de origen yemení tuvo un ascenso portentoso debido, además de, a una crueldad inmisericorde, a una sed de dominio y poder justificativos de todos los infames actos que le llevarían a lograr sus fines.

No pueden pasar desapercibidas las cualidades perversas de estos hombres, tales como la Traición de don Julián, o el Afán incontenible de Poder de Almanzor, pues son idénticas a las que adornan al ilegítimo presidente del gobierno.

Superados estos siglos, tan turbulentos como sangrientos, en el siglo XI nos encontramos con la nefasta visita de Yúsuf ben Tasufín, emir del primer imperio bereber, almorávide, que derrotó en la batalla de Sagrajas(1086) a Fernando VI y a los aragoneses, frenando la expansión leonesa y castellana hacia el sur de la península.

Una vez recordados los ímprobos esfuerzos que tuvieron que  hacer nuestros gloriosos antepasados, para hacer frente a las hordas musulmanas en su labor de Reconquista; después de que, tengamos diáfana y clara la imagen de los ríos de sangre que tiñeron nuestros campos, es deber de españoles calibrar, sopesar y reflexionar sobre la miserable actitud del presidente del gobierno, cuando una vez abandonada la ciudad de Ceuta, se toma vacaciones, dejando a los ceutíes huérfanos de seguridad y seriamente preocupados por su futuro; y al resto de españoles indignados por haber sido espectadores de cómo la soberanía nacional ha sido maltratada, humillada y vulnerada por una invasión de decenas de miles de marroquíes de forma tumultuaria y bárbara.

El sosias del conde don Julián, enfermo de un cinismo oceánico, se despide de los españoles, recomendándoles unas malditas canciones para el verano; ante esta nueva provocación, no queda, sino preguntarse ¿con qué clase de sustancia pútrida está construida su alma, en el supuesto de que la tuviera?

El aluvión de estas pobres almas se había detectado por los servicios de inteligencia, y por tanto, el gobierno lo sabía; como es costumbre, no hicieron absolutamente nada, no tomaron ninguna medida para abortar la tragedia que se iba a producir.

Este desgobierno apestoso, que no se arredra en el rápido despojo y olvido de los muertos, a esta lepra sanchista-comunista que corroe y carcome sin gloria y con deshonor los cimientos de la democracia, que deja el campo de batalla al alba del día siguiente sembrado de cadáveres, hay que hacerle la guerra sin cuartel ni tregua para culminar con la aniquilación de estos fantasmas incorregibles, infectados de criminal ideología y personales intereses.

En efecto, el más de un centenar de cadáveres que el mar ha vomitado en la playa, se podían haber evitado, tomando las medidas que cualquier gobierno decente hubiese adoptado para cerrar el paso a la parca, cuya presencia era inevitable, según las informaciones recibidas por los servicias de inteligencia.

¿Estamos en guerra?

El argumento criminal que esgrimen es, que los responsables de este apocalipsis invasor son las redes y las mafias; la única y verdadera mafia es la que conforma el gobierno en pleno, con el apoyo de sus sayones y la multitud de gentuza que se aproxima a ellos, los que piensan que la sangre es más dulce que la miel.

Nunca falta una justificación para tranquilizar la conciencia del cobarde, del inepto, del traidor.

El rey de Marruecos también es responsable del centenar de muertos, y de la invasión del territorio nacional de Ceuta.  ¿por qué actúa con tanta impunidad, con la seguridad de no recibir ningún reproche o actuación de defensa por parte del gobierno de España?

Muy sencillo, elemental, el carácter pusilánime y acobardado del gobierno, es debido a que nuestro desgobierno está probablemente chantajeado por la inteligencia marroquí, además, es lógico   suponer que todos los dirigentes del mismo, tienen un muerto en la mochila; así pues, es fácil colegir que ellos  se acomodan sin esfuerzo a la opresión y al chantaje del agareno.

¿Estamos en guerra?

Otro de sus argumentos consiste en celebrar la íntima, armoniosa y estrecha colaboración con Marruecos; esto se parece a la charlatanería hueca propia de mujeres ociosas o sinvergüenzas redomados, con tendencia a perder el tiempo en chácharas estériles, tramposas y engañosas.

Así defiende España el horrendo personaje que veranea en Lanzarote, cuyo alumbramiento se produce el día del aborto político que lo puso en la presidencia del gobierno durante el siniestro proceso del cambio de piel de la serpiente «alpargatera»; estas son las bromas pesadas de la democracia sin articular, sin defensas y sin estructuras sólidas.

He aquí, la lucha del traidor, sin semejanza alguna a la de los reyes cristianos en favor de la Reconquista.

¿Estamos en guerra?

El gobierno pastoreado por el hortera con reminiscencias de prostíbulo, debe creer que la salvación de la sociedad estriba en la multiplicación de los parásitos que le rodean, de las sanguijuelas ignorantes y estúpidas que le asesoran, que no cesan de hocicar en los pesebres del procomún para satisfacer su desenfrenada gula y su inconsolable rijosidad.

Un contubernio entre sátrapas es lo que se deduce de los acontecimientos del pasado, de lo sucedido en Julio y de lo que habrá de venir en el futuro.

¿Estamos en guerra, o en el juego sucio entre dos sátrapas desvergonzados?

A la mera observación, por puro empirismo, poco o nada  puede esperarse de los responsables de la integridad territorial de España y de la garantía del orden constitucional.

Ceutiés y melillenses,  la protección y seguridad que merecéis, y a las que tenéis derecho, en este momento, se convierten en una entelequia, una ilusión que no habitará con vosotros, que no habréis de conseguir.

Las tragedias y las traiciones rara vez se anuncian e incluso cuando lo hacen acostumbramos a ignorar sus señales, bien sea por desidia, abulia, egoísmo, o por manifiesta incapacidad para analizarlas.

En contraposición a esto, el gobierno no se plantea ninguna duda, y es absolutamente consciente de que la miel venenosa vertida en los oídos de la sociedad por su falaz propaganda sigue dando los frutos apetecidos.

 

NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO

(1) «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».

Autor

Antonio Cebollero del Mazo
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