15/08/2026 05:09

Siempre me he sentido incómodo con los personajes que de alguna forma han modificado, a conveniencia, su nombre de pila o alguno de sus apellidos. Uno de ellos es el actual ministro del Interior que escribe su segundo apellido con «K» transformándolo al vascuence y, sin embargo, no lo hace ni con su primer apellido ni con su nombre de pila. ¿Un acomplejado, tal vez?

Sea como fuere, Fernando Grande Marlasca en español o Erlantz Handi Marlaska en vascuence es la misma persona con distinto collar. Un juez que se ganó el prestigio en su carrera actuando con firmeza y valentía ante los terroristas etarras.

Su excelente actuación, en tiempos, ante la miserable y asesina banda le hizo saltar a la fama mediática y ya con el Partido Popular en el poder y con Rajoy de presidente aceptó un puesto en el «Consejo General del Poder Judicial». Esto no fue óbice para que años después no le hiciera ascos al nombramiento de ministro por parte de Sánchez. Vamos, demostró hacer a «pelo y a pluma» profesionalmente hablando. No se entienda mal el símil.

Indudablemente, se encuentra mejor entre los partidarios del puño y la rosa que entre los de la gaviota, tal es así que Marlasca forma parte de la más leal guardia pretoriana de Sánchez junto con Marisú Montero, la ya tristemente apodada «trilera de Triana», el ministro multidisciplinar Bolaños, el polivalente Planas, traidor a todos los agricultores españoles y Margarita «Roblespierre» siempre dispuesta a emular a su antepasado Maximilien, pero solo con sus subordinados.

Cuando en el ya lejano año de 2018 recibió la cartera de Interior muchos supusimos que su valor tanto profesional como político se le «suponía» como así rezaba antaño en las cartillas militares ya que llegaba a ese fundamental ministerio con una fama acreditada de buen juez y persona de formación y sensatez. Todo fue un espejismo. Pronto se alineó con los principios más radicales del sanchismo e incluso de los podemitas.

En la durísima época de la pandemia se sintió enormemente compungido por la muerte de un recluso etarra en prisión por la COVID y sin solución de continuidad, fue autorizando el traslado de etarras a las prisiones de Vascongadas y en la actualidad ya pasean libremente por sus calles.

En sus inicios como ministro se supo que fue insultado por una compañera de bancada y fue incapaz de defenderse dado su elevado «orgullo» pero ante un bulo en el barrio de Chueca sí sacó pecho y acusó a la «extrema derecha» de homofobia.

A lo largo de sus casi ocho años como ministro ha sido incapaz —no ha movido un dedo por ello— de declarar como profesión de riesgo ni a los guardias civiles ni a los policías nacionales a sus órdenes. Son profesiones de riesgo, declaradas en el BOE, los mineros, personal de vuelo, ferroviarios, profesionales taurinos, bomberos, artistas (cantantes, bailarines y trapecistas) y lo más indignante, policías locales y autonómicos. Las Fuerzas de Seguridad del Estado, no.

Una vez consolidado en su poltrona ministerial, se hizo fuerte en ella sabedor de que Sánchez le protegía y avalaba sus decisiones, fueran cuales fueran. Así cesó al coronel Sánchez Corbí por solicitarle más medios materiales para el eficaz cumplimiento de sus misiones. No contento con ese fulminante y descabellado cese fue de lleno a por otro magnífico oficial, coronel también, Pérez de los Cobos por negarse este último a proporcionarle una información de carácter judicial. Fue una actuación ministerial gravísima. Más si cabe siendo el ministro juez. Pérez de los Cobos recurrió y ganó el recurso, pero el daño estaba hecho. No paró el ministro en dañar a coronel y le apartó del más que merecido ascenso a general. Cuestionable actuación de Marlasca. A pesar de todo sigue de ministro.

Marlasca se siente fuerte como ministro, fiel al principio bélico de «el que resiste gana» y siguió haciendo de las suyas o de las que le ordena Sánchez. Cedió las competencias de tráfico en Navarra a la policía Foral y concedió permisividad absoluta a la inmigración que llega no solo a Canarias sino a Ceuta y Melilla. Mira para otro lado y da manga ancha al narcotráfico en el estrecho. Así fue como en Melilla, su valla de protección, fue asaltada masivamente y murieron 23 inmigrantes en junio de 2022. Su ignominia, fue a más cuando disolvió en el verano de 2022 una eficaz Unidad de la Benemérita en la lucha contra el narcotráfico (OCON- Sur), y poco después, en febrero de 2024, fueron masacrados dos guardias civiles en Barbate por narcolanchas.

La incompetencia de este sujeto quedó una vez más de manifiesto cuando un prófugo de la justicia española, Carlos Puigdemont, entró, pernoctó, dio un mitin y salió de España en agosto de 2024 vulnerando todo tipo de seguridad estatal. Una vez más las Fuerzas a sus órdenes quedaron, por su culpa, a los pies de los caballos.

En enero de 2020 los españoles pudimos ver hasta qué nivel de corrupción y mentira puede llegar el gobierno de Pedro Sánchez. Me refiero al conocido caso «Delcygate» en el que la entonces vicepresidente de Venezuela Delcy Rodríguez tomó tierra en el aeropuerto de Barajas, se entrevistó con el entonces ministro Ábalos y dejó una abultada carga de maletas teniendo la entrada prohibida en la Unión Europea. Marlasca, jefe supremo de la Policía y Guardia Civil desplegada en el aeropuerto, dio la callada por respuesta.

Finalmente, en otro alarde de arbitrariedad de este cuestionable ministro, concedió mediante ley la ampliación sine die del mandato de los directores adjuntos operativos tanto de la Guardia Civil como de la Policía Nacional permitiendo a ambos seguir en el mando a pesar de cumplir la edad de jubilación consiguiendo tener en ambos una fidelidad absoluta y creando con ello, un malestar más que evidente en los subordinados de los respectivos DAO,s. Todos sabemos cómo ha resultado esta decisión recientemente.

El trascurrir de Marlasca por su ministerio en sus ocho años ha estado acompañado de gente fiel, sumisa con la principal divisa de que «aquí el más principal objetivo es obedecer ciegamente mande lo que mande el señor ministro»… que luego nos premiará debidamente. Tanto los secretarios de Estado como los directores generales han sido fieles al Partido, elegidos por miembros importantes del mismo, maleables, dóciles, genuflexos y siempre al entrar en su despacho, lo hacen en primer tiempo de saludo. Me voy a referir únicamente a los últimos.

La inmediata al ministro es la secretaria de Estado de Seguridad, la desconocida Ana Calvo Sastre, pedagoga palmesana que en su vida profesional nunca ha ocupado cargos en lo que a seguridad nacional se refiere. Toda una paracaidista en el ministerio del Interior.

El siguiente escalón jerárquico en el ministerio son los directores generales y en él se encuentra lo más «granao» del mismo. La Dirección General de la Guardia Civil es ocupada desde que Felipe González nombrara a Luis Roldán por un civil, salvo un periodo muy corto que Bono, quien, si no, designó al general del Ejército del Aire, Gómez Arruche. La actual directora es la periodista Mercedes González Fernández, anteriormente delegada del Gobierno en Madrid que viene a ser la comisaria política, en este caso no hay duda, del actual Gobierno pues es una directora que va y viene en el cargo. Lo fue brevemente en 2023 y volvió al mismo cargo en 2024. Nadie sabe lo que será en un futuro, lo cierto es que obviamente, no reúne los conocimientos indispensables para ser la sucesora del duque de Ahumada. Aun así, ejerce el mando de unos 82.000 hombres y mujeres.

El director general de la Policía Nacional es el albaceteño Francisco Pardo Piqueras, apodado «pata negra» socialista íntimo del inefable, antes albaceteño ahora dominicano José Bono. Este conocido socialista castellano manchego fue vicepresidente de la empresa «Tecnove S.L.», empresa de la que su dueño Eusebio Ramírez fue condenado a seis años por sobornar a funcionarios públicos. El señor Pardo Piqueras ocupó cargos importantes tanto en el gobierno autonómico con sede en Toledo como en las Cortes de la ciudad imperial. Como no podía ser menos, el ahora dominicano José Bono se lo llevó al ministerio de Defensa como secretario de Estado (2004-07) y allí su antigua empresa,  «Tecnove» ganaba de calle la mayoría de los concursos publicados para dotar a los tres Ejércitos no solo en territorio nacional sino también en zona de operaciones. Sorprendente ¿no? Este señor, como en su día fue Ángel Olivares, vale para todo en ambos ministerios.

Estos son parte de los mimbres que conforman el actual ministerio del Interior en lo que concierne a la seguridad y más próximos al ministro más cuestionable que ha pisado la sede del mismo. Marlasca ha sido reprobado varias veces tanto en el Congreso como en el Senado. Intuyo, viéndole su cara de aspecto cadavérico cuando le reprueban, que le importa una higa. Es inadmisible en un juez de carrera.

Me preocupa mucho que un andóbal —persona que no merece respeto ni confianza— como este, cuando deje de ser ministro ocupe un alto cargo en la Judicatura. ¿Se lo imaginan de presidente de la «Audiencia Nacional», de presidente del «Tribunal Supremo» o del «Tribunal Constitucional»?

No hay más preguntas señoría.

Autor

Mauro Velasco
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