15/08/2026 05:13

Entre los organizadores se barajaba la idea de la suspensión. Nevaba en la Sierra de Béjar y los accesos por la A-66 se complicaban por momentos. Sin embargo, Abascal no quiso saber nada de suspensiones. No se podía dejar plantados a los bejaranos y el mitin se haría fuese como fuese. Y así se hizo. La nieve fue dejando paso a la lluvia, la cual seguía cayendo con fuerza pocos minutos antes del acto, y, milagrosamente, esta cesó a la hora exacta del comienzo del mismo: las 19:30. Comentaban en el bar de la Plaza Mayor de Béjar que en Ciudad Rodrigo había pasado lo mismo. Todo el día había llovido incesantemente, pero el agua dejó de caer de siete a nueve. Cosas que vienen de las alturas, supongo.

En un ambiente de frío y humedad, a los pies del Palacio de los Duques de Béjar —hoy instituto de secundaria—, delante de la iglesia de El Salvador, y desde un pequeño escenario, se dirigió Abascal a los presentes, que a pesar de lo adverso del tiempo esperaban con expectación las palabras del líder de VOX. Este incidió en los mensajes habituales sobre la necesidad de anteponer los intereses nacionales a cualesquiera otros, sobre la «mafia» instalada en la Moncloa, sobre los pactos PP-PSOE en Bruselas y en Madrid, sobre la inmigración ilegal recibida con alfombra roja mientras muchos compatriotas pasan necesidades, y sobre la urgencia de recuperar las cosas sencillas que antes eran normales y ahora son un lujo: sueldos dignos, comprar una vivienda, formar una familia, echar raíces.

El propio Abascal reconoció que aunque diga lo mismo en cada acto, es necesario repetirlo, puesto que son tantos años de estafa bipartidista, es tanto el hartazgo de la llamada al voto útil de unos y la apelación al miedo a los «fachas» de los otros que no se puede dejar de señalar la hipocresía de los que llevan décadas gobernando y ahora hablan como si fueran nuevos. Hizo énfasis en no dejarse engañar de nuevo por estas consignas, en especial la llamada de Feijoo a concentrar el voto en el PP por miedo a que gobierne la izquierda. Eso no va a pasar, proclamó Abascal. La izquierda en esta región no tiene ninguna posibilidad, ni de ganar ni de sumar, y lo que realmente está en juego en estas elecciones del próximo día 15 es qué fuerza va a tener VOX. Si esta es grande, se podrán hacer muchos cambios; si no, esos cambios serán menores. Así de simple.

También respondió a las acusaciones de que VOX no quiere gobernar. Recordó a los presentes que VOX se tuvo que ir de los gobiernos regionales porque estos incumplieron los pactos al aceptar el reparto de MENAS por toda la región —cada uno de los cuáles, por cierto, cuesta 3.000 euros al mes en Castilla y León—. Por eso, el partido quiere ahora asegurarse de que se pacten medidas concretas, con garantías de cumplimiento y con partidas presupuestarias asignadas, para poder llevar a cabo cambios reales. Afirma que en Extremadura y en Aragón ha comenzado ese camino de reconquista de lo perdido al duplicar el partido su fuerza y anima a que en Castilla y León ocurra lo mismo.

La nota emotiva fue, una vez más, para los jóvenes. Abascal les agradece especialmente su entusiasmo y su apoyo, y declara que es el logro del que más orgulloso se siente. Que el mensaje de VOX haya sido capaz de llegarles es para él más importante que el número de diputados o concejales logrados. Y a ellos, a los chavales allí presentes —la mayoría de los cuáles no tiene aún edad para votar—, les hace una petición especial: que en estos días de campaña que quedan intenten convencer a sus padres, a sus abuelos, y les pidan que les den una oportunidad a ellos, a sus hijos, a sus nietos. Que les den una oportunidad de tener un futuro. Me parece una frase doblemente dramática, por lo que implica sobre la situación del país y por lo que implica en la dinámica de muchas familias españolas, en las que el inmovilismo del voto de los mayores contrasta con el de las nuevas generaciones de la casa.

Al terminar el acto, y a modo de corroboración de esa especial conexión de los más jóvenes con VOX, —y yo diría que más bien con Santi—, se desata la locura. Como si de un ídolo musical se tratase, se forma una marea de chavales que va desde el escenario hasta la furgoneta aparcada que espera a Abascal. Todos con los móviles preparados, cartulinas con mensajes para él, banderas que esperan les pueda firmar… Los de seguridad hacen un pasillo y les tratan con cariño a pesar de lo complicado del momento. Detrás y observando la escena están los padres y algunos mayores del pueblo que no salen de su asombro. Reconozco que yo tampoco. Sobre todo con un grupo enorme de chiquillas que estaban absolutamente emocionadas. Llevaban la bandera de España pintada en la mejilla y sus caras brillaban literalmente. Les pregunté la edad y me dijeron que doce y trece. No sé aún cómo calificar este fenómeno. Lo que sí sé es que no creo que jamás haya habido un político que provoque esta reacción en chavales tan jóvenes. Bueno, en nadie, en realidad.

La escena termina cuando Santi se va finalmente saludando al tendido, subido a la furgoneta pero con el cuerpo aún fuera mientras han comenzado los cánticos de «Pedro Sánchez, hijo de… tal» entonados por los chavales de más edad. Por mi parte, con la sonrisa aún en el rostro por la escena de las niñas que acabo de presenciar, acudo al bar de la plaza para tomar un café y entrar en calor. Como era de esperar, se entrecruzan las conversaciones, y hete aquí que un concejal del PP de un pueblo que no voy a mencionar me confiesa que su mujer vota a VOX y que él también está con Santi, pero que de momento cree que tiene que seguir «con estos otros»… Así está el panorama.

No sé lo que pasará el día 15, pero hoy hemos tenido una tarde entrañable y peculiar en este bonito pueblo salmantino, envuelto ahora de nuevo en un esperanzador manto blanco.

Autor

Ana Isabel Garnelo
Ana Isabel Garnelo
Filóloga. Docente.
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