Vaya por delante que soy de Andalucía, de Jaén, para más señas. Como también quiero dejar claro que los catalanes no son “santo” de mi devoción, por motivos fácilmente imaginables. Sin embargo, desde hace unos días se ha producido un profundo cambio en mi forma de pensar y, por primera vez en mi vida, me da vergüenza reconocer que soy andaluz y, además, también por vez primera, ya digo, reconozco que los catalanes, al menos en el tema que nos ocupa, llevan toda la razón del mundo. Ambas cosas las ha conseguido, de una sola tacada, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. Les cuento el motivo de esta radical transformación personal, de la que Moreno Bonilla es el principal y único culpable.
Conviene empezar diciendo que, al presidente de la Junta de Andalucía, le han diseñado sus asesores una campaña de imagen basada en el “buenismo” y en el “buen rollito”, es decir, que aparezca en la televisión sonriente, con cara amable, que module la voz y que entorne los ojos, pues así caerá bien al personal, y que el trabajo sucio ya se lo harán otros (antes Elías Bendodo y ahora Antonio Sanz).
Pero yo, que conozco bien el paño, les aseguro a ustedes que todo es mentira, solo fachada y que, la situación política de Andalucía, en lo que a servicios públicos se refiere, es un auténtico desastre y, para demostrarlo, sólo diré que las listas de espera en la sanidad pública (tanto para ser visto por un especialista como para someterse a una intervención quirúrgica), son eternas e inadmisibles, pues se está jugando con la salud de las personas, un tema este que, por su gravedad, creo que requiere que la Fiscalía intervenga de oficio, pues hay gente que sufre y se muere esperando para ser atendida como se merece.
Pero es que, además, en el tema de la educación, que es el que yo conozco mejor, aquí en Jaén los padres de alumnos de varios pueblos llevan en pie de guerra desde el inicio del curso escolar, protestando por la supresión de unidades en algunos centros (arbitraria, a todas luces), o también por las carencias en el transporte escolar.
Pues bien, en medio de este panorama, ciertamente sombrío, al presidente de la Junta de Andalucía sólo se le ocurre poner en marcha dos medidas fiscales populistas, innecesarias e injustas, a saber: que los gastos de los ciudadanos cuando van al gimnasio, o los que originen las mascotas cuando sus dueños las llevan al veterinario, puedan desgravarse cuando se haga la declaración de la renta. Me parece una gran injusticia, además de una estupidez y un sinsentido, que los gastos de dos caprichos (porque ir al gimnasio o tener una mascota son caprichos, se mire por donde se mire), puedan beneficiarse de ciertas ventajas fiscales.
De los gimnasios no voy a hablar, porque es una gilipollez tan grande que se comenta por sí sola, pero lo de los animales me parece una vergüenza infame, pues es tanto como decir que los perros o los gatos les importan a los políticos andaluces más que las propias personas.
Yo vivo en una ciudad media de Andalucía, en la que los perros (mejor dicho, sus dueños), son un problema muy grave, tanto para la salud pública como para la convivencia vecinal. Las calles están llenas de mierdas de perros, las fachadas de las casas están inundadas de orines de perros y hay esquinas de calles que desprenden un olor nauseabundo a meadas de perros. Y a los dueños de los perros no se les puede decir nada. El otro día, cerca de mi calle, un vecino mayor, de forma educada, le pidió a otro que llevaba un perro que, por favor, que su animal no se orinara en la fachada de su casa, pues ésta se estaba deteriorando por culpa de los orines y que a él (un hombre mayor, viudo y enfermo), le costaba después mucho trabajo coger el cubo y la fregona para ponerse a limpiar.
La respuesta del dueño del animal, que yo escuché, fue una antología a la estupidez humana, pues dijo lo siguiente: que su perro se meaba donde le saliera de los cojones y que si él (se refería al hombre mayor), estaba enfermo, que se jodiera, que ese era su problema y que todos tenemos nuestros achaques. La conversación se acabó ahí, obviamente, pues intentar razonar con un energúmeno de ese calibre es imposible y, además, las cosas pueden llegar a mayores. Y vi con tristeza cómo el hombre mayor, con dificultades para andar y con la cabeza agachada, entraba a su casa… en busca del cubo y de la fregona.
Ahora, el presidente de la Junta de Andalucía, es decir, el ínclito Moreno Bonilla, con sus medidas populistas, innecesarias, injustas y vergonzosas, ha venido a darle carta legal a la actitud del dueño del perro que yo vi, porque si sus gastos en el veterinario desgravan en Hacienda, ¿cómo no va a poder mearse o cagarse el animal donde le salga de los cojones?
En estas aparece en escena (me refiero a la televisión) un político catalán diciendo que, en Andalucía, el dinero de los catalanes (y el del resto de los españoles, tenía que haber dicho), se lo gastan en subvencionar gimnasios (para que el personal se ponga “cachas”), y para que los perros tengan más derechos que las personas, pues mientras éstas esperan meses, o años, para ser vistas por un especialista médico, o para ser intervenidas quirúrgicamente, a los perros los puede ver el veterinario pronto y, por si todo esto fuera poco, encima el dueño se puede beneficiar de ello a la hora de hacer la declaración de la renta.
Por lo anteriormente expuesto, creo que, por esta vez, y sin que sirva de precedente, los catalanes llevan más razón que un santo en lo que dicen y yo, desde la distancia, le mando al señor Turull un abrazo afectuoso, pues él se ha atrevido a decir lo que mucha gente piensa, pero se calla.
El año próximo, Dios mediante, se celebrarán elecciones autonómicas en Andalucía, y ya les adelanto yo el resultado: Juan Manuel Moreno Bonilla volverá a ganar, no sólo por sus medidas populistas, que también, sino porque el PSOE ha elegido al peor candidato posible, pues hay que estar muy mal de gente, o de la cabeza, para proponer a la acelerada María Jesús Montero como candidata a presidir la Junta de Andalucía.
Pero, al menos, siempre me quedará la íntima satisfacción de saber que el Partido Popular no ganará con mi voto, porque yo nunca votaré a un partido político que acaba de decirme, en la cara, que los perros tienen más derechos que yo. Sé que eso, lo de no votar a Moreno Bonilla, es hacer muy poco… pero es el único consuelo que me queda.
Autor
- Blas Ruiz Carmona es de Jaén. Maestro de Educación Primaria y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Tras haber ejercido la docencia durante casi cuarenta años, en diferentes niveles educativos, actualmente está jubilado. Es aficionado a la investigación histórica. Ha ejercido también el periodismo (sobre todo, el de opinión) en diversos medios.
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