27/09/2026 07:52
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Pablo Garrido Gil. Profesor de Latín y Griego en la escuela pública. Es padre de tres hijos y abuelo de 1 nieto. Es un enamorado de los clásicos, de los libros y de la cultura y procura que esta pasión le ayude también a acercarse a Dios y a acercar a Dios a las personas que le rodean.

¿Cómo nace la idea de la web Alhilodelevangelio.es?

Por mi profesión y mis inclinaciones culturales, llevo más de cuatro décadas leyendo a los clásicos grecolatinos e interesándome por sus escritos. Y en ellos he encontrado auténticos tesoros de sabiduría. Tengo tomadas infinidad de notas y, muy a menudo, en charlas y clases me salen referencias a Séneca, a Platón, a Cicerón, etc.

Estoy ya cerca de mi jubilación como profesor, aunque soy consciente de que nunca nos jubilamos de cristiano. Uno seguirá siendo joven mientras tenga en su interior ilusiones y deseo de seguir evangelizando y transmitiendo el tesoro de la fe que guardamos en vasos de barro. El cristianismo tiene el don de concederte la eterna juventud, la juventud del Amor, pues, como sostenía Platón, el Amor es siempre joven, audaz, osado y emprendedor.

Un buen amigo, Florentino, que falleció el año pasado y tiene la fortuna (estoy convencido de ello) de estar gozando de la presencia de Dios eternamente, me dijo en alguna ocasión que por qué no me decidía a escribir todas esas ideas que tengo archivadas, ya que podrían hacer mucho bien a las personas que lo leyeran.

Y de ese modo, este año me decidí a hacer el blog. Le pedí ayuda a un hijo mío (ya que yo no tengo conocimientos suficientes como para hacerlo) y me lo creó en un santiamén. Y me propuse escribir una entrada semanal. Por ahora llevo publicadas veintidós. En ellas intento no extenderme en exceso, de modo que su lectura no lleve más de diez o quince minutos. Tengamos en cuenta que escribimos para el hombre de hoy, que muy a menudo tiene poco tiempo y muchas actividades y obligaciones a las que atender.

Mi objetivo es seguir publicando entradas, dejándome llevar al hilo del evangelio, sin seguir un orden sistemático por evangelios o por temas. En ellas procuramos explicar cada semana un pasaje del evangelio al hombre del siglo XXI, apoyándonos en las enseñanzas y referencias positivas que hallamos en los clásicos grecolatinos.

Y nuestro único deseo e ilusión es colaborar en la evangelización, en la medida de nuestras exiguas posibilidades. Nos gustaría que, fruto de la lectura de alguno de nuestros artículos, alguna persona desconocida de algún lugar del mundo pueda plantearse con radicalidad el sentido de su vida y hallar que este solo cobra plenitud en Cristo.

¿Por qué decidió que los comentarios del Evangelio estuviesen enriquecidos con citas de los filósofos grecolatinos?

Hablando con un amigo mío, teólogo él, me dijo que el proyecto de escribir comentarios al evangelio apoyándome en los clásicos es algo que nadie hace y, por ello, la idea es original.

En efecto, en la red hay infinidad de personas que hacen excelentes y brillantes comentarios a los textos del evangelio. Es bien cierto que cualquier pasaje evangélico lo encuentras en la red explicado y meditado por sacerdotes, párrocos, religiosos de diferentes instituciones o personas laicas. Internet se ha convertido en una excelente herramienta de evangelización y hay que aprovecharla para hacer llegar el mensaje de Cristo a todo el mundo. Ese saber adaptarse a los nuevos tiempos es un signo evidente de la eterna juventud de la Iglesia.

Pero, como decíamos, apoyarse para la explicación del evangelio en referencias a los autores clásicos es algo que creemos que resulta novedoso y puede resultar interesante y sugerente para estudiantes o intelectuales.

Y lo que nos resulta más reseñable es que la mayoría de estos autores a los que citamos (Plutarco, Sócrates, Valerio Máximo, Homero, Platón, Séneca…) no eran cristianos; muchos, de hecho, son anteriores a Cristo. Y es que la razón natural, sin ayuda de la Revelación, puede llegar a alumbrar muchos de los principios de la ley natural y de la moral. Esa eterna búsqueda de la virtud entendida como la excelencia humana, que emprendieron los griegos ya desde antes de Sócrates es, en el fondo, una búsqueda de Dios. Porque el hombre, por mucho que trate de negarlo, no puede dejar de buscar las preguntas últimas acerca de su identidad más profunda: ¿Qué es el bien? ¿Qué es la justicia? ¿Qué sentido encierra mi vida? ¿Por qué el ser humano sufre? ¿Por qué el mundo es a veces tan injusto? ¿Por qué estamos sujetos a la inexorable muerte y qué le sucederá al alma después de ella?

Y la respuesta última a todos estos interrogantes solo podemos colmarla en Dios. Y Dios se hizo carne en la persona de Jesucristo, en quien culmina la Revelación. Y su vida aparece plasmada en los cuatro evangelios. Por eso en ellos podremos hallar la respuesta a todas nuestras inquietudes. El evangelio es la solución a todos los problemas de nuestra existencia. Solo hay que meditarlo a la luz del Magisterio y de la Tradición.

Y en ese camino de meditación nos puede resultar útil comprobar que muchos de los principios de la moral aparecen ya plasmados en los pensadores clásicos paganos, ya que, si se usa el sentido común y se tiene un poco de honestidad intelectual, estas verdades se abren paso por sí mismas.

Salta a la vista que, en el plan de Dios hubo una praeparatio evangélica, según la cual se fueron sembrando “semillas de la Verdad” a lo largo de los siglos precedentes a la venida de Cristo. Y en nuestra página pretendemos rastrear esas semillas y transmitírselas al hombre y la mujer del siglo XXI.

Usted lleva años recopilando mucho material al respecto. ¿Cómo le ha enriquecido en su vida el estudio de los filósofos clásicos?

Los autores clásicos encierran un tesoro inagotable, en el que podemos hallar multitud de referencias y ejemplos válidos para el hombre de hoy. Tengamos en cuenta que la naturaleza humana no cambia; cambian las circunstancias sociales, políticas o económicas, pero el hombre sigue siendo el mismo y sus anhelos y preguntas más íntimas siguen siendo también las mismas.

Sin embargo, cuando hablamos del mundo clásico pagano podemos caer en el error de idealizarlo, lo cual sería un grave error. En efecto, el mundo grecolatino tiene luces, pero también muchas sombras. En la sociedad grecolatina se legitimaba la esclavitud o la inferioridad de la mujer frente al hombre; no había espacio para la humildad o para la misericordia y la crueldad alcanzaba, especialmente en Roma, unas cotas inadmisibles y nunca superadas en la historia posterior de la humanidad. De hecho, a los primeros cristianos les tocó la inmensa tarea de humanizar una sociedad profundamente deshumanizada y creemos que ese es uno de los grandes méritos de nuestros primeros hermanos en la fe, mérito que no siempre ha sido debidamente reconocido.

¿Cómo los sabios de la antigüedad nos pueden ayudar a meditar en las verdades del Evangelio?

Como decíamos, en los clásicos podemos encontrar interesantes y sugerentes reflexiones acerca de los temas eternos sobre los que el ser humano ha meditado siempre. De hecho, creemos que no hay un solo tema interesante sobre el que no hayan escrito algo los clásicos, ya sea sobre el amor, sobre la justicia, sobre la ley natural, sobre la paz, sobre el perdón…. Y muchas de esas reflexiones pueden seguir siendo de utilidad a los hombres de nuestro tiempo. En la medida en que esas reflexiones de los clásicos se ajusten a la verdad y a la ley natural, están corroborando los enunciados del evangelio.

Además, también añade frase de Padres de la Iglesia, santos, Papas… ¿Cómo enriquecen el texto?

La Verdad es bueno que la veamos refrendada y corroborada por fuentes de plena y absoluta autoridad, como son los Padres de la Iglesia (San Agustín, San Juan Crisóstomo, Eusebio de Cesarea, Clemente de Alejandría…), los santos (San Josemaría Escrivá, Santa Teresa, Santa Teresa de Calcuta…), y también los últimos papas, cuyo magisterio nos ha iluminado en las últimas décadas.

Creemos que es interesante y enriquecedor el ver la concordancia de ideas que se hace evidente al comparar sus enunciados. Ello reafirma la fuerza argumentativa de la exposición.

¿En qué medida sus comentarios, además del estudio, tienen la fuerza de la oración y de la contemplación?

El Evangelio creemos que es el mejor libro de oración que existe. Como antes dijimos, en él se pueden hallar las respuestas a nuestras más íntimas inquietudes. Por eso creemos que el cristiano debe leer y meditar el evangelio, tratando de meterse en sus páginas como si fuera un personaje más.

Y no caigamos en la presunción de pensar que ya nos sabemos el evangelio, que ya lo hemos escuchado mil veces: siempre podemos hallar luces nuevas que nos ayuden a integrarlo mejor en nuestras vidas, hasta llegar a hacer de nosotros y de nuestra vida un reflejo más fiel de Cristo.

Todos los comentarios al evangelio que escribimos son fruto de nuestra oración personal; de hecho, el escribirlos es un acto de oración. En algunos de ellos se recogen reflexiones que, en algunos casos, me ha llevado años asimilar (tal es el caso, por ejemplo, de la parábola de las vírgenes necias o la de los viñadores homicidas). Esa oración me ha ayudado, creo, a comprender mejor el evangelio y a comprenderme mejor a mí mismo y a las personas que nos rodean.

¿Por qué la Iglesia ha recomendado siempre la cultura humanística y de hecho también se imparte en los Seminarios?

La Iglesia siempre ha promovido la cultura humanística porque considera que las verdades del Evangelio no se proponen en el vacío, sino a personas concretas en una cultura y en una sociedad determinada. La formación en humanidades (literatura, historia, filosofía, arte o lenguas clásicas) no es un mero adorno académico externo, sino una herramienta indispensable para comprender la condición humana en toda su amplitud.

Las materias humanísticas enseñan cómo piensa, sufre, ama y busca sentido el ser humano. Un sacerdote o un director de almas necesita conocer las inquietudes profundas del corazón humano para poder acompañar a las personas y llevarlas a buen puerto.

También en nuestro tiempo hay que buscar y crear un puente eficaz para el diálogo entre la cultura y la fe, que sabemos bien que no se oponen en la medida que su objetivo es el mismo: la verdad. El conocimiento de las humanidades permite a la Iglesia y a los fieles cristianos dialogar con el mundo contemporáneo, la ciencia y las distintas corrientes de pensamiento sin aislarse en un lenguaje meramente autorreferencial.

Por supuesto, el estudio de las lenguas clásicas (latín y griego) permite a los seminaristas leer la Biblia, los Padres de la Iglesia y la tradición teológica directamente en sus fuentes, evitando interpretaciones superficiales. Creemos que hay una gran diferencia entre leer el evangelio en griego y leerlo traducido. Hay matices que en la traducción al castellano se nos escapan. Ello, por ejemplo, lo hemos explicado en una de nuestras entradas, en la que tratamos de abordar las motivaciones de Judas en su traición a Nuestro Señor (nos referimos a la entrada titulada La mala conciencia).

También la literatura y la filosofía estructuran el pensamiento, enseñan a argumentar con claridad y mejoran la capacidad de comunicación, cualidad indispensable para la predicación y la enseñanza.

Estamos en unos tiempos en los que corremos el riesgo de la superficialidad: muchos de los contenidos que nos invaden en los medios y en las redes son profundamente banales e insustanciales. Las humanidades nunca han sido una opción mayoritaria, todo hay que decirlo. Pero hoy en día están en franco retroceso en un mundo en el que se prima la inmediatez y el éxito material. Y observamos cómo, año tras año, los hábitos de lectura de nuestras jóvenes generaciones se van empobreciendo más y más. Sabemos de buena tinta que actualmente se gradúan en Estudios Hispánicos alumnos que no se han leído el Quijote; y en Filología Clásica alumnos que no se han leído la Ilíada o la Eneida. Si desde nuestro blog podemos contribuir en alguna medida a alzar la mirada y salir de la superficialidad reinante, bueno sería.

¿Por qué recomendaría el contenido de su web?

Sinceramente, no quisiera ser yo quien recomendara la lectura de estos escritos. Preferiría que sean los propios lectores quienes los valoren positivamente y recomienden su lectura a sus amigos, familiares y compañeros de trabajo.

Y nuestro deseo es que sirva para acercar almas a Dios. Eso es lo único importante, pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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