Con carácter general hay que hacer mención a las causas que hicieron caer a Roma, entre otras razones, una de las principales fue la ingente cantidad de hordas bárbaras que se precipitaron sobre su territorio (1).
Los conflictos y descomposiciones internas, sumados a una gran presión de flujos migratorios que el Imperio fue incapaz de asimilar, propiciaron la caída de Roma.
La analogía con nuestra deteriorada España es evidente, de lo cual, se desprende que, de no reaccionar con urgencia, el futuro de la Nación está empezando a escribirse.
Quizá, esto sea el fruto de la «Alianza de civilizaciones» que propugnaba el fantoche y falsario Zapatero, en la actualidad personaje rastacuero, hasta el punto de hacer ostentación de su colección de joyas orientales.
Los pueblos invasores, menos civilizados, adquieren los principales rasgos culturales, se adaptan a las normas de vida de los territorios, de los pueblos que les acogen.
Así debería de suceder en beneficio de ambas comunidades, la realidad desvirtúa una convivencia en paz y armonía. No toda la responsabilidad recae en los invasores. En España esa responsabilidad atañe principalmente al gobierno del enfermo sicópata de la Moncloa y de sus erosivas leyes de inmigración.
Un viejo aforismo dice: «En todas partes se esconde una porción de virtud y dos de vicio».
Por mucho que rebusquemos, en el alma (si es que la tiene) del ilegítimo presidente no seremos capaces de encontrar ninguna porción de virtud.
Invasión es un ataque llevado a cabo por fuerzas externas, en el caso que nos ocupa, organizadas tumultuariamente y enviadas por decenas de miles de súbditos con el visto bueno del sátrapa marroquí; cuya intención es decididamente agredir, violentar la soberanía nacional, desoyendo los elementales principios de respeto y civismo, así como, vulnerando ley de derecho internacional.
El hecho de entrar de manera forzada en un territorio con el objeto de ocupar o ejercer una influencia sobre el lugar, ya sea desestabilizadora de la vida de sus ciudadanos, valiéndose de la violencia, de atentados sobre la propiedad privada, llevando al límite los servicios sanitarios o la salubridad pública, o bien sembrando el caos en la ciudad y el miedo de los ceutíes a salir a las calles; no dista absolutamente nada de haberlos convertido en «parias» del Estado español, en ciudadanos sin patria, apátridas, personas invisibles sin derechos ni protección alguna.
Todo lo anterior queda agravado por la intolerable desidia, incompetencia y repugnante actitud de sometimiento al sátrapa marroquí, por el cobarde desamparo y abandono de los ceutíes y la rampante y reiterada traición al resto de los españoles.
La lealtad a España no existe en el vocabulario gubernamental, se ha sustituido por la lealtad perruna y arrastrada de Sánchez al rey de Marruecos.
Rey al que se le conceden ventajas geopolíticas y estratégicas, que redundan en provecho del afianzamiento autocrático de sus políticas internas, sin que medie ninguna contraprestación a favor de España.
El gobierno carece de una previsión de futuro que impida otra acción similar, de otra burla por parte del reino de Marruecos.
Cualquier Nación de la órbita occidental, digna de tal nombre, tiene la ineludible obligación de adoptar las medidas defensivas para impedir que su territorio sea invadido y su soberanía violentada.
Esta humillación a la dignidad nacional se contempla desde la atalaya de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de las Fuerzas Armadas, directamente involucradas en garantizar la integridad territorial y la protección de los españoles, con pasividad, apatía y desconcertante desinterés, en un silencio que delata la triste situación en la que se encuentran.
Desgraciadamente no contamos con un Cicerón que interpele a Catilina con este discurso: ¿hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? ¿cómo no te mueven, para que desistas de tu locura, la vigilante guarnición del palacio?
La inmigración descontrolada e ilegal tiene consecuencias irreversibles en todos los ámbitos de la sociedad invadida; produce cambios en la identidad cultural, la lengua, la religión y en las estructuras político o administrativas de un país.
La invasión de Ceuta, además, por su singularidad las consecuencias son de una gravedad extrema; el objetivo a alcanzar está rigurosamente establecido por las directrices de Marruecos, pretenden que la respuesta de los ceutíes a las condiciones de vida inaceptables, de todo punto adversas, y arrastrados por la desesperanza y negro futuro que les espera, tomen la decisión de «emigrar» a la península o cualquier otro lugar que les proporcione una vida en paz.
Ya tenemos el argumento de un probable éxodo ceutí.
Y Sánchez y el rey marroquí celebrándolo.
NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO
(1) «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».
Autor
Últimas entradas
Actualidad31/08/2026Ceuta, de la invasión al éxodo. Por Antonio Cebollero del Mazo
Actualidad24/08/2026¿Estamos en guerra? Y Sánchez de vacaciones. Por Antonio Cebollero del Mazo.
Actualidad18/08/2026Deducciones posteriores de la invasión de Ceuta por los agarenos del magreb. Por Antonio Cebollero del Mazo
Actualidad03/08/2026Disputa para dilucidar la opción de una España democrática en libertad, o sojuzgada por la autocracia. Por Antonio Cebollero del Mazo
