15/08/2026 04:04

«Tiempos Convulsos. Cuando se decidió el futuro del mundo. Historia de la revolución francesa por Santiago García Lucio»

Índice de contenidos

 ¿Por qué Tiempos Convulsos
 Justificación del tema y del objeto formal
 5 personajes Revolución Francesa
 Causas Revolución Francesa
1. Luis XV y la Guerra de la Independencia Norteamericana
2. Explosión demográfica sin precedentes
3. Una mala cosecha
4. El déficit financiero
5. Resistencia a toda reforma no sancionada por los estados generales

¿Por qué Tiempos Convulsos?

Cabe preguntarse ahora: «¿Por qué Tiempos Convulsos?» —Al menos yo lo haría—. En pleno derecho, además. «¿Por qué esta marca?».

Me explico. Vas al Corte Inglés y compras una deportiva «Nike». ¿Esque, acaso, no te valdría cualquier otro zapato? ¡No! ¿Por qué? Porque «Nike» está ofreciendo, esto es claro, un valor diferencial, desmarcándose así de la competencia, convirtiéndose así en El zapato.

Nosotros buscamos eso mismo: convertirnos en el programa. Cosa que hacemos a través de una propuesta rupturista y un valor diferencial.

En el colegio, en la universidad se prepara a los niños siguiendo una hoja de ruta. Dicha hoja de ruta consiste en el despliegue de un mapa: un mapa llamado «Selectividad», donde los críos han de acumular y demostrar ciertos conocimientos, ora en cuantitativa, ora cualitativamente.

Finalmente esos niños superarán una serie de exámenes, dando así cumplimiento al «rito de paso» preparador para la vida adulta: la llegada a la universidad, donde decidirán en qué desempeñarse durante, probablemente, el resto de sus vidas, generando a su vez su propia hoja de ruta.

En su loable y siempre indispensable labor —vaya esto, por favor, siempre por delante— dicho sistema, dicha educación pautada comete un error: enseñar a «vomitar» sobre un folio.

Y esque, en su febril obsesión por Selectividad, el colegio y el profesor pareciera olvidarse de que el alumno no debe, simplemente, escupir sobre un folio, memorizando así una serie de datos. ¡No! El alumno debe de aprender. Que es muy distinto.

¿«Vomitar»? Sirve, sí. Para salir al paso. Nunca para aprender, para formarse, que es lo que está buscando un jóven ávido de salir al mundo, de valerse por sí el día de mañana.

• ¿Cómo «vomitar» sobre un folio mejora a ese jóven?
• ¿Cómo lo hace más competente?

o ¿Se buscaba el descubrimiento de América?
o ¿Fueron los Reyes Católicos beneficiosos, en líneas generales, para España?
o ¿Las Cruzadas están justificadas?
o ¿Fue Fernando VII un buen monarca?

Seguramente no todos hayáis sabido contestar a estas preguntas. ¿Por qué? Porque —vuelvo a repetir— la solución no pasa, no puede pasar, por limitarse a un acrítico volcado de datos, a un rellenar el expediente. No. Eso no es aprender, es memorizar, que es muy diferente.

Metodología empleada (Revisionismo histórico)

Pasamos ahora a hablar de la metodología empleada, que no es otra que el «Revisionismo Histórico».

¿Pero qué es este término? Como su propio nombre indica, el Revisionismo va a basarse en una exhaustiva y meticulosa comprobación de la disciplina —La Historia en este caso— de cara a poder dilucidar si lo que se nos ha contado de la misma ha sido «correcto» o no.

De este modo, Revisionismo en mano, será como vayamos desenmascarando a la Historia a fin de comprender si lo que fue contado durante la etapa de estudiantes tenía o no cierta base, si fue realista o no y, sobre todo, si realmente se trataron de los hechos objetivamente hablando.

Justificación tema y objeto formal

Lo primero —resulta lógico se mire como se mire— ha de ser, por supuesto, justificar el objeto formal de estudio. ¿Por qué la Revolución Francesa? En efecto, es la primera pregunta que deberemos hacernos. ¿La respuesta?:

«La Revolución Francesa es el acontecimiento más importante de la Historia Occidental. Hay avances como la Revolución Industrial, el Capitalismo, pero en lo que se refiere a acontecimientos no se me ocurre ninguno más importante». (Jack Censer, Prof. Universidad George Mason).

Juzgar la Revolución como acontecimiento va a ser, qué duda cabe, otra de las posibles catalogaciones-marco, dejando así de manifiesto su importancia en tanto en cuanto a evento histórico del panorama mundial, pues él mismo se ocupa de colocarla frente a espejos como Revolución Industrial o Capitalismo, momentos históricos por antonomasia.

Y es que sería entonces, allá por los 16 años, cuando, enamorándome de dicha frase comenzase mi periplo para con la Revolución Francesa en tanto en cuanto evento histórico.

«¿Cómo ha de ser la Revolución Francesa» —me preguntaba sin cesar, privilegios de una mente curiosa— para darse el atrevimiento de tildar a Capitalismo y Revolución Industrial como meros “avances”, mientras la ya mentada, observando desde su atalaya, lo hace en calidad de “acontecimiento?”».

Sencillamente, un servidor, no podía creer lo que estaba escuchando. ¡Simplemente no era capaz! ¿La Revolución Industrial? ¿El Capitalismo? ¡El antes y el después de nuestro Siglo, no, de nuestra era! Tan es así que esta última se divide y reparte el mundo junto al Comunismo en calidad de sistemas políticos imperantes. ¡Aquello, simplemente, no podía ser cierto! ¿Tan importante había sido la Revolución Francesa? ¡No podía ser!

«Acontecimiento más importante de la Historia Occidental», es, sin duda, algo definitivo, potente. Demasiado, quizá, para ser ignorado.

He aquí, pues, en esta insinuante oración de Censer, la que sin duda llegó a ser «la justificación del objeto formal», que así la apodan los estudiosos.

Queda, de nuestra cosecha, el siguiente dato, el cual vendría a sumarse a todo lo anteriormente mencionado. Considerada como uno de los eventos históricos más importantes de la Humanidad, la Revolución Francesa es a tal punto importante que ha servido para diferenciar dos épocas: la moderna y la contemporánea.

La Revolución Francesa es el surgimiento de una nueva era y, con ella, de un nuevo ser humano.

«Muchos autores han dicho que realmente la Edad Antigua termina con la irrupción de los árabes, evento que marca el fin del mundo antiguo —en torno al Siglo VII-VIII». (Fernando Díaz Villanueva – La Contrahistoria) La Revolución Francesa, por su parte, va a dar origen a otra época, la contemporánea.

5 Personajes Revolución Francesa

“¿Santiago. Cuáles serían para ti, los 5 personajes clave de la Revolución Francesa? Se me ha preguntado con no poca frecuencia, ora en entrevistas, ora en redes sociales. La pregunta es, no solo pertinente, sino necesaria.

Dicho esto, comenzamos ya con el desglose:

 1) Robespierre

 2) Luis XVI

 3) Jean Paul Marat

 4) Charlotte Corday

 5) Olympe de Gouges (Marie Gouze – nombre real)

1. Robespierre: Hemos seleccionado a Maximilien, santo y seña de la Revolución Francesa, por contar tan solo con una escultura dedicada por entero a su persona, sita en Rusia, lejos de los hechos acaecidos durante la Revolución. Dejamos dicho, así solo sea a modo de curiosidad, que la mentada estatua no será construida en oro, plata o marfil, como correspondería probablemente a tan insigne personaje, haciéndolo, contra todo pronóstico, en cemento único material con el que, por entonces, se contaba en aquel país

Particularmente difícil ha resultado decantarse entre dos figuras: Jean Paul Marat y Maximilien Robespierre, ambas dos por obvios motivos, —ambas hubieran merecido estar en este podio— esperando, eso sí, haber acertado con la elección tomada.

2. Luis XVI: Último Rey de Francia, suyo fue el dudoso honor de dar carpetazo al asunto, cambiando así Francia para siempre. «Quinceañero incompetente», dijo Farquhar, destacaría como el encargado de comandar la nave francesa durante el transcurso del evento que nos ocupa.

3. Jean Paul Marat: El amigo del Pueblo, siempre vigilante, siempre alerta. «Quien diga que me vendo, que venga a verme comer», llegó a afirmar, categórico, en uno de sus textos. La voz del pueblo por antonomasia, árida, caústica.

4. Charlotte Corday: Joven oriunda de Caen cuyo heroico acto iba a terminar por elevar aún más la ya imponente figura del icónico periodista. ¿Salvó Francia o la condenó? Para gustos colores, canta el refrán.

Queda, para terminar, nuestra quinta y última figura, no por ello menos importante que las antecedentes:

5. Olympe de Gouges: De nombre Marie Gouze va a ser la primera feminista de Francia. Pionera e innovadora, su lucha se ha convertido, hoy, en la lucha del Siglo XXI, alcanzando así una importancia histórica solo calificable de incuestionable.

Programa: Inicio

En este primer programa de Tiempos convulsos vamos a comenzar estudiando las causas más inmediatas de la Revolución Francesa, colocando así los cimientos para la emisión de posteriores programas.

INDEPENDENCIA A LA FRANCESA

“Años de mala administración por parte de la monarquía han llevado a los franceses a pasar penurias y hambre. Casi una década antes, el Rey Luis XV había perdido una guerra de 7 años luchando contra Inglaterra por América del Norte.

El desafortunado conflicto casi arruina a Francia, dejándola sin dinero y sin prestigio. Las arcas del Estado estaban casi vacías. Sin embargo, su población aumentaba día tras día”. (History Channel. 07:38-08:06)

Debemos, para ello, remontarnos ligeramente en el tiempo, concretamente hasta la figura de Luis XV, abuelo de Luis XVI, Monarca reinante durante el evento en cuestión.

La mayoría de manuales —esto es un hecho fehaciente— tienden a situar las causas del evento en una tríada de ejes más o menos consistentes o afortunados, glosando así el conflicto, eso sí, de forma quizá un tanto «incompleta» (Nótense aquí las comillas, pues no se pretende faltar al respeto, bajo ningún concepto, a otros estudiosos o manuales, a buen seguro bien documentados).

¿Por qué Luis XV? ¿Porqué retroceder? A veces, canta el refrán, deben darse dos pasos atrás para dar uno adelante. Eso es lo que haremos nosotros hoy aquí.

Dicho retroceso se debe, por supuesto, a la Guerra de la Independencia Norteamericana.

a) Porque a la luz de los hechos la Revolución Francesa se consagra como Hija directa de la Guerra de Independencia Norteamericana.

b) América lleva a Francia a la bancarrota, apunta William Doyle, (Prof. en la Universidad de Bristol) porque para luchar en esta guerra los franceses tienen que recaudar una enorme cantidad de dinero. Esto lleva a la Monarquía Francesa a endeudarse para poder luchar en la Guerra de Independencia Americana.

¡Fantástico, Santiago! ¿Pero qué tiene esto que ver con Luis XV?, se estarán preguntando. ¡Si es su nieto el que envía las tropas en cuestión! ¿Porqué echarle la culpa a su antecesor?

Sencillamente, porque el joven Rey Luis quiere vengarse de las derrotas de su abuelo en la guerra, no importándole los costos a asumir por su magna persona y su Estado, el francés.

¿FRÍO O CALIENTE? PARA GUSTOS COLORES

– ¡Abuelito! -empapado en sudor, aquel hombre vuelve, una vez más a despertarse en sueños – ¡Oh, profecía, acógeme bajo tu brazo!

¡Clap!, ¡Clap!, ¡Clap! Se escucha, rítmicamente en aquel salón. Aquellos pasos, cortos y decididos, parecieran embadurnarlo todo con su sonsonete.

– ¡Ya lo ha oído, Comandante!

-Pero…Pero…

-¡Por las barbas de Poseidón, cállese! ¡Obedezca!

-Sire…

-¡Cállese, imbécil!

-Dos mil millones, lo suficiente para alimentar y dar cobijo a 7. 000. 000 de franceses durante un año -se ha escuchado musitar al Comandante, incrédulo

-¡Eso es exactamente lo que he dicho, idiota!

-¡Pero nos arruinará, sire! ¡Tenga compasión!

-Compasión, ¡Ja! ¿Acaso alguien la tuvo de mi abuelo? ¿La tuvieron, acaso, esos bastardos ingleses, imbécil? ¡Cállese y de la orden! -en los ojos de aquel puede observarse una locura desquiciada, febril- ¡Hágalo o le degrado!

El monarca, ni corto ni perezoso, se decide a confiar a la causa un total de dos mil millones, lo suficiente para alimentar y dar cobijo a 7. 000. 000 de franceses durante un año.

El monarca, impulsado por sádicas ínfulas de venganza, acabamos de verlo, no puso el más mínimo reparo en arruinar, literalmente, a su país, asfixiándolo. ¡Y todo por simples ansias personales! Desde luego, alguna vez fue dicho, exclusivamente asuntos como éste le hacen ganarse a pulso calificativos como los vertidos por ciertos investigadores en contra de su persona.

Y es que ya lo dijo Victor Hugo en una de sus siempre lapidarias, brillantes frases: «Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga». ¿Qué nos dice esto del corazón de un monarca capaz, ya no sólo de arrastrar a su pueblo a la guerra, sino de arruinarlo en el intento por dedicarse a perseguir fantasmas (vengar las derrotas de su abuelo)?

¡Hablamos, esto es claro, de un señor que solo podría ser tildado de oportunista, mezquino y, por supuesto, sádico. Y creemos estar quedándonos cortos!

América lleva a Francia a la bancarrota, apunta William Doyle, (Prof. en la Universidad de Bristol) porque para luchar en esta guerra los franceses tienen que recaudar una enorme cantidad de dinero. Esto lleva a la Monarquía Francesa a endeudarse para poder luchar en la Guerra de Independencia Americana.

¡¡Será ésta inversión y no otra la que marcará el inicio de un colapso económico en Francia!!.

Como ha podido observarse la Guerra de la Independencia va a ser verdaderamente el motor primero de la Revolución Francesa, conduciendo así a la Nación a la bancarrota y al colapso más absoluto.

Puesto esto de manifiesto —Conviene no olvidarlo— vemos, ahora sí, el resto de las causas del conflicto (en todo conflicto histórico, no lo olvidemos, las causas son múltiples), en este caso a través de la consulta de manuales referencia como puede ser, por ejemplo, El atlas histórico de Editorial Planeta (VV.AA., 1986, págs. 220-221)

«La crisis que daría al traste con el Antiguo Régimen fue fruto de una triple coyuntura (VV.AA., 1986, págs. 220-221):

1. Una mala cosecha
2. El déficit financiero
3. Resistencia a toda reforma no sancionada por los estados generales

Este primer factor —no fue moco de pavo— iba a dar lugar a graves consecuencias como pudieron ser y, de hecho, fueron la hambruna, el desempleo, la miseria o los disturbios. Será así y solo así como pueda comenzar a comprenderse la posterior caída en desgracia por parte del pueblo francés.

Dicha mala cosecha conducirá a acciones tales como fueron el atraco a las panaderías, ocasionando así el caos por toda Francia en el amplio sentido de la palabra. Dicho de otra forma, será dicho atraco a las panaderías lo que terminará generando, ora el caos, ora la muerte, ora el disturbio público.

Ya lo dijo Albert Soboul:

«En 1788 para los franceses la harina era la esencia de la vida. La mayoría de los franceses comía casi 1 kilo de pan al día. Cuando el precio de la harina se disparó, el precio de una rebanada de pan pronto igualó al sueldo de un mes».

«Disturbio público», decíamos, y nos hemos quedado cortos… Se roban panaderías y los panaderos, acusados de guardar pan, son linchados allí mismo.

¿Pero al lincharlos realmente los mataban? ¿Y si simplemente los dejaban maltrechos, malheridos, agonizantes tal vez? Comprender esto resulta vital para aprehender el contexto histórico de la época.

Veamos que dice nuestra Real Academia al respecto:

linchar
Del ingl. to lynch, y este de Ch. Lynch, 1736-1796, coronel en la guerra de Independencia de Estados Unidos y juez de paz en Virginia, que encabezó tribunales irregulares que imponían severos castigos a los colonos leales a la Corona británica.
1. tr. Ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo.

El diccionario es meridiano en este punto. Aquellas jornadas sencillamente murieron muchos panaderos pues, ya se ha visto, linchamiento equivale a ejecución, para colmo de males, sin proceso o posibilidad de defensa. ¡Ay! ¡Bendita presunción de inocencia!

Imaginaos, sencillamente, la gran cantidad de panaderos muertos… ¡exclusivamente por el hecho de haber guardado pan! ¡Una auténtica locura, vaya!

Menos tranquilizador resulta aún el hecho de visualizar a esa gente linchando a quienes un día fueron sus convecinos, masacrándolos si es necesario para llevarse a la boca un pedazo de aquel pan salvador.

Aquel panorama debió de ser, sencillamente, dantesco, algo así como despertar repentinamente en el mismísimo Infierno.

El segundo factor, —déficit financiero— descendiente directo de la antes mentada Guerra de la Independencia, pondrá las cosas peor si cabe. El pueblo adolece de recursos, en gran parte debido al crash generado con la Guerra de la Independencia que ha dejado Francia en la más absoluta de las bancarrotas.

Se extraen de aquí, necesariamente, dos lecturas, por desgracia no excluyentes: ¡No hay comida (punto 1), pero esque tampoco se dispone de fondos para proveer de más! (punto 2).

¡Tenemos, sí, ante nosotros a un pueblo, ya no solo sin comida sino, lo que es aún peor, sin posibilidad de conseguir más, viéndose así en penosa situación!
Aquel Estado, falto ya de recursos fiscales, va a experimentar un déficit financiero que, con el tiempo llegará a cronificarse, no dejando al alcance de la mano ni los bienes más básicos convirtiéndolos, a la sazón, en un auténtico lujo.

Se ha hablado, conviene no obviar este punto, de que —citamos textualmente— «la harina se disparó, el precio de una rebanada de pan pronto igualó al sueldo de un mes» todo lo cual lleva a pensar en una inflación completamente surrealista, desmadrada, incluso. ¿Qué hará el pobre ciudadano cuando una simple rebanada de pan iguale al sueldo percibido con sangre, sudor y lágrimas durante todo un mes? ¿Y cuándo lo exceda?

Y esque, si al ciudadano le quedó otra que no fuese echarse a las calles, que venga Dios y lo vea. ¡Imaginaos! No tener dinero para dar de comer a tu hijo menor. Ver cómo, poco a poco, la caquexia va consumiéndole, muerto en vida. ¿Cómo se le viste? ¿Cómo se le alimenta? ¿Cómo, siquiera, se le enseña a vivir? ¿Qué opciones había? ¿Qué se os ocurre a vosotros? ¡Si tenéis alguna idea dejádnosla en los comentarios! Estaremos encantados de saber qué hubieseis hecho.

Resulta aquí altamente recomendable hacer una pequeña pausa a fin de explicar qué es la inflación, al menos, para los profanos en Ciencias Económicas.

Según la RAE:

inflación
Del lat. inflatio, -ōnis.
1. f. Acción y efecto de inflar.
2. f. Engreimiento y vanidad.
Sin.: • engreimiento, vanidad, envanecimiento, ensoberbecimiento, infatuación.
3. f. Abundancia excesiva. Hoy existe una gran inflación de títulos universitarios.
Sin.: • exceso.
4. f. Econ. Elevación del nivel general de precios.
Sin.: • encarecimiento, aumento, subida, alza.
Ant.: • deflación, desinflación.
5. f. Econ. Índice de inflación. Ha subido la inflación.

Existen, adjuntamos aquí esta nota a modo de mera curiosidad, dos tipos diferentes de inflación: la inflación reptante y la inflación subyacente, cada una con sus propias particularidades.
inflación reptante
1. f. Econ. inflación que se caracteriza por una elevación leve pero persistente en el nivel general de precios.
inflación subyacente
1. f. Econ. inflación que se mide a partir de un nivel de precios, generalmente el índice de precios al consumo, eliminando del mismo sus componentes más volátiles, como alimentos frescos, bienes y servicios energéticos.

Toda esta casuística es real, para muestra dos botones contemporáneos:

a) La crisis Chipriota, donde se llegó a congelar el dinero de la banca para que ningún ciudadano pudiera disponer de él, evitando así retiradas en masa de efectivo a fin de evitar la caída del valor moneda, dejando así indefensas a todas y cada una de las familias de la Nación.

b) Los corralitos que, de vez en vez, se dan cita, particularmente en Argentina, depreciando enormemente la moneda hasta el punto de encarecer hasta extremos insospechados el coste de la vida.

Y es que —esto es una obviedad— la ecuación es inversamente proporcional. A menor coste del valor moneda, mayor coste de la vida, y viceversa.

Otro buen ejemplo —tal vez el mejor— pueda ser encontrado en la obra literaria titulada Una princesa en Berlín donde su autor, Arthur R. G. Solmssen, centrándose en el Berlín de 1922, dejará sentir, casi en la piel del lector dicho fenómeno inflatorio, narrándolo con notable acierto.

P.e.j:

Dos personajes se suben, inocentemente, a un taxi. Para cuando su recorrido ha terminado, dicho servicio no cuesta ya X, sino que ha pasado a valer 5X

Cuatro personas se sientan en torno a una mesa, presumiblemente, a fin de cenar en un restaurante. Pidiendo la carta, comprueban que el pescado tiene un valor Y. Para cuando les traen la cuenta, ¡cual no será su sorpresa! Dicho manjar ha alcanzado un valor de 13Y

¡Todo ello apenas en lo que se tarda en conducir de un punto A hacia un punto B o, en su defecto, en pedir y consumir una cena! ¿Dígame? ¿No le parece esto una auténtica locura?

Por último, pero no menos importante puede observarse una creciente resistencia a toda reforma no sancionada por los estados generales donde la representación aseguraba una mayoría automática, siempre sin posibilidad para el Tercer Estado.

«Mucha gente pensaba que era muy injusto que este Tercer Estado, que era la mayoría de la población tuviese sólo 1/3 de los diputados. Consideraban injusto que el Parlamento tuviese 3 cámaras y que las 2 cámaras, la de la nobleza y la del clero, pudieran siempre anular la votación de la plebe». (David Bell, Prof. Universidad Johns Hopkins).

Dicho obstruccionismo terminaba por hacer, en última instancia, inviable casi cualquier tipo de modificación que afectase a las clases altas, generando así un bloqueo ab infinitum, para todos aquellos que no ostentasen dicha privilegiada posición.

«Aquel pueblo, ya lo dijo David Jordan, (Prof. Universidad de Illinois) contó con nada más y nada menos que un 97% del total de sus habitantes dedicados por entero a la cosecha y el campo, aquello que posteriormente daría en llamarse «Tercer Estado».

Vemos, pues, a un 97% del total de la población —cifra, por cierto, escalofriante— bloqueada, sin margen de acción debido a ese 3% restante, por cierto, empeñado en impedir cualquier avance para estos, por nimio que éste fuera.

Y es que, evidentemente, nobleza y clero no permitirían, bajo ningún concepto, un cambio en el statu quo imperante, pues, evidentemente, su deseo seguía siendo repartirse el pastel entre ellos, como históricamente suele decirse.

Pero. ¿Qué es el statu quo, se estarán preguntando algunos de nuestros espectadores? Como es obvio, no todo el mundo tiene porqué saber latín.

Dice la RAE:

statu quo
Loc. lat.; literalmente ‘en el estado en que’.
1. m. Estado de cosas en un determinado momento.

Básicamente statu quo se trata de un extranjerismo, un latinismo para ser más concretos, que alude al estado de las cosas en un momento puntual. P.e.j.: el statu quo del S: XV, el statu quo castellano, statu quo medieval, etc.

Queda, para cerrar —esto también es de nuestra cosecha— una crisis demográfica sin precedentes:

“Con enfermedades como la peste totalmente erradicadas pocos morían, pero muchos pasaban hambre” (History Channel: 08-07-08:13).

En el S: XVIII la población de Francia aumentó de 20 a 26.000.000 tras haber crecido solo 1.000.000 en los dos siglos anteriores, sembrando así el caldo de cultivo idóneo para dar inicio a la tormenta perfecta.

En los dos siglos anteriores, ¿cómo es posible? Aquel pueblo aumentó sus cifras en la nada desdeñable cifra de 1.000.000 de habitantes.

¿Es siquiera posible matemáticamente hablando —nos preguntamos— este hecho? ¿Cómo en tan sólo el S: XVIII la población de Francia fue capaz de aumentar de 20 a 26.000.000, pulverizando así todos los registros anteriores? Demográficamente cuesta encontrar explicación, que ojo, no decimos que no la hubiese.

Y es que, por sí sola, esta crisis demográfica ya hubiera sido suficiente para provocar la hambruna con su consecuente asalto y linchamiento al panadero conduciendo, en última instancia, al temido déficit financiero derivado del astronómico sobrecoste de alimentar y vestir a toda esta población.

Eso por no hablar del tema «servicios». Una Nación, esto a nadie puede escapársele, acostumbrada a proveer servicios para un tipo poblacional que escala 1.000.000 en dos siglos, evidentemente jamás ¡Repito: jamás! Podrá estarlo para proveer servicios a una sociedad donde, de repente, empiezan «a multiplicarse como setas», permítasenos el coloquialismo.

Dar servicios a ‘n’ personas y que, de pronto, se multipliquen a 13N es, se mire como se mire, sencillamente inasumible, siendo que no solo Francia, cualquier Estado del Planeta sería susceptible de desmoronarse ante algo semejante.

Imaginemos, vamos a poner un ejemplo, nuestro Estado, el español, cuenta con tejido funcionarial para brindar atenciones a, más o menos, 10.000.000 de ciudadanos. ¿Qué creéis que pasaría si, de la noche a la mañana, se le exige hacer lo propio con, no sé, 32.000.000 de ciudadanos? ¡La respuesta es obvia!

¡Aquella maquinaria, aquel Estado, sencillamente, no estaba preparado para lo que se le venía encima!

Estamos hablando ¡Fijaos! De que tan sólo este elemento hubiera conducido con bastante probabilidad a la Revolución Francesa.

Nos detenemos aquí a llevar a cabo una enconada defensa de su Real Majestad, no pudiendo, en ningún caso, echarle la culpa de semejante hecho, explicado, qué duda cabe por una gran diversidad de factores.

Y esque diversos estudiosos, véase Farquhar, no han dudado —no sin justa razón— en tildarle de «quinceañero totalmente incompetente».

Bell, por su lado, no ha sido menos al hablar de inconsistencia de carácter: «Siempre la última persona con la que hablase podía hacerle cambiar de opinión». «Estas no son las cualidades que tendría que tener un líder»,

¿Fue acaso — volvemos a repetir— el monarca responsable de la insospechada escalada de crecimiento demográfico? Nosotros, por nuestra parte, somos muy claros: ¡no! ¿O también va a echársele la culpa de eso?

Dicho atrevimiento resultaría, a todas luces, ilógico.

Volvemos de nuevo, una última vez, sobre el libro Una princesa en Berlín, ahí donde se habla de —Y cito textualmente— «la más impresionante inflación de todos los tiempos». Nosotros, ciertamente, no nos atreveríamos, por obvias razones, a contradecir a Solmssen, haciendo, al menos, algunas matizaciones puntuales.

Y esque la Alemania de aquel entonces probablemente, casi con absoluta certeza, no hubiese experimentado un crecimiento demográfico semejante al francés ¡¡De 20 a 26.000.000!! ¡¡Tras haber crecido solo 1.000.000 en los dos siglos anteriores!!

Y esque, aún cuando la inflación alemana de entonces se destapase realmente —volvemos a repetir, no buscamos desacreditar a Solmssen— como «la más impresionante inflación de todos los tiempos», a buen seguro no contó con otros factores tan caóticos y anárquicos como éste. ¡¡Sencillamente Francia se ve obligada a luchar en dos frentes!! 1. Afrontar un crecimiento poblacional sin precedentes y 2. Conseguir recursos para una población que creció ‘n’ veces, de forma desproporcionada, como hasta entonces jamás lo había hecho, cosa que, obviamente vino a sumarse a esa ya de por sí elevada inflación, trayendo consigo el caos a Francia.

En síntesis, que Francia se vio azotada por muy diversas causas, las cuales iban a terminar por conducir a la Revolución Francesa —las cuales nos hemos encargado de desglosar hoy aquí—, a saber:

1. Guerra de la Independencia Norteamericana y costes derivados de la misma
2. Una mala cosecha
3. El déficit financiero
4. Resistencia a toda reforma no sancionada por los estados generales
5. Crisis demográfica sin precedentes

Vistas quedan pues las principales causas generadoras de la Revolución Francesa, ora recogidas en manuales, ora inferidas por nuestra propia persona, generando así una radiografía de índole integral acerca de los elementos causantes.

causas de la Revolución Francesa
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Autor

Santiago García Lucio
Santiago García Lucio
Experto en Revolución Francesa de relevancia Nacional e Internacional, (Argentina, Colombia, Venezuela, México, Chile).

Propietario y Editor de ÑTV ESPAÑA. Periodista y corrector editorial.
Cuenta con una colección de libros (Tiempos Convulsos - Historia de la revolución francesa).

Cuenta, además, con un Podcast especializado ubicado en Youtube (Tiempos Convulsos - Historia de la revolución francesa).
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