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Este texto forma parte del análisis completo del caso:
👉 https://ntvespana.com/27/04/2026/por-que-escribo-tras-xi-capitulos-el-caso-ignacio-escolar-por-ignacio-fernandez-candela/
Ignacio Escolar debe de estar muy satisfecho por la defensa de su honor que le va a lucrar con mi dinero y años de tragedias desde el 2020; un luchador sin fin pagando a un cómodo aventajado en las lides de la vida fácil. Esa es la comparación objetiva. Se me ha condenado por una modificación editorial en el 2019 que no escribí, pese a que el contenido de mi artículo ha sido declarado plenamente ajustado a la libertad de expresión.
Escribo estas líneas para dejar constancia de una singularidad jurídica que, por lo visto, no es tal: se puede ser condenado por aquello que uno no ha escrito, incluso cuando lo que sí ha escrito ha sido declarado plenamente ajustado a la libertad de expresión.
Mi artículo de 2019 ha sido calificado por el Tribunal como ajustado a la libertad de expresión. Es decir, mi análisis es lícito. Y, sin embargo, pago con el rodillo in misericorde de los que quizá no encuentren misericordia cuando les toque dar cuenta de las siembras terrenas. Qué justa es la muerte que pone a todos en el sitio que les corresponde. Incluidos aquellos confiados que ufanamente complican la la vida de los inocentes.
Condenado no por el contenido, que describía a la perfección la realidad con tono sarcástico, sino por el titular. Un titular que no redacté y una modificación editorial ajena. El editor José Luis Sánchez , Josele Sánchez, (q.e.p.d.) decidió sustituir mi encabezado original, “El básico Ignacio Escolar», por otro que no solo no era mío, sino que tampoco reflejaba lo escrito: “Ignacio Escolar justifica a la asesina Ana Julia Quezada”. De este modo, queda fijada una idea sobre las particularidades de la injusticia: la responsabilidad puede desplazarse del texto al envoltorio, y del autor a quien no lo es. Una forma, podríamos decir, ampliada de autoría.
Cuando fui a recoger la documentación judicial sentí un indescriptible y visceral y profundo asco. La tragedia que aconteció en nuestra vidas se mezclaba con la frivolidad de los que porfían por defenderse de sí mismos, en realidad, pues las obras, que no las palabras, nos definen.
No me personé. Mi ausencia en el proceso cuando me declaré en rebeldía por consejo recibido en el Juzgado de Paz, donde se me entregó la documentación al estar empadronado fuera de Madrid, no fue una huida. Fue una taxativa decisión.
Conviene explicar también el contexto en el que decidí no entrar en esta maquinaria de saca cuartos que es lo que padecen muchos ciudadanos de bien entre abogados y recursos que ya viví cuando evité que un estafador engañara a miles de personas. La Justicia en vez de informarse con diligencia, instruyó una causa por decir una verdad que no se molestaron en comprobar. Así arrastré a un inicuo demonio con recursos interminables duante años, ganando yo todo, gracias a la superficialidad de aquellos que parecen ignorar la responsabilidad moral para con los inocentes.
En aquel momento acababa de enterrar a mi padre y, en menos de un mes, al padre de mi mujer. Ambos fallecieron en pleno confinamiento -29 de marzo y 23 de abril-, sin velatorios, sin despedidas. Mientras el país aplaudía en los balcones, nosotros los enterrábamos en soledad durante un confinamiento ilegal. Durante otro confinamiento ilegal nos arriesgamos a una multa para llevar flores a las tumbas de nuestros padres. Así nos pasamos por el forro la inhumana legalidad de los monstruos que gestionaron la plandemia para asesinar protocolariamente a nuestros padres y a decenas de miles de inocentes, por sedación hasta la muerte. Por eso se apresuraron a aprobar la ley de eutanasia, una excusa para matar sin dejar rastro criminal. Mención especial a aquellos obedientes y sumisos uniformados que en su distracción moral del cumplimiento del deber más allá del deber, cargaron a sus espaldas personales y colectivas el karma que se recoge cuando se finaliza la etapa terrena. Ay esas conciencias fáciles que, llegado el momento inesquivable, se muestran ante el espejo de la complacencia con el Mal. Demasiado tarde. La Parca solo es un canal para recoger las siembras. Y, gracias a la sabiduría divina que pone fin para separar el trigo de la cizaña, nadie se libra…
En el entierro de mi suegro, durante esa pesadilla infernal, rompí con un puñetazo una pared del tanatorio cuando escuché el llanto de mi mujer en aquella sala donde nos encontrábamos los dos, al otro lado el funcionario apretando el botón de la incineración; todavía recuerdo las paladas de los operarios cerrando la tumba de mi Padre. Acaso eran otros lo que deberían haberlo recibido con justicia universal, un puñetazo visceral y un fin de ciclo; acaso eran muchos otros los que deberían haber sido incinerados, siendo cadáveres de cuerpo y alma.
Y en ese mismo momento, de pesadillas indescriptibles, irreales e insoportables-solo Dios puede dar fuerzas para aguantar lo insoportable-cuando todavía no habíamos podido ni asimilar el terror de semejante duelo, llegó la exigencia tributaria. No sobre algo disfrutado. No sobre una herencia recibida. Sobre algo que ni siquiera habíamos ni hemos percibido por el cuidado de nuestras madres, siempre las primeras. La carroña sacando rédito de la tragedia. Vuelta a la carga esta sociedad inhumana dirigida por inhumanos seres del averno con apariencia bípeda; no simiesca, aunque se comporten con menos emociones benignas y nobleza colectiva que los inteligentes chimpancés. Carentes además de la maldad que supura hoy por todos lados.
Se nos exigió entonces, sumidos en un infierno, pagar tributariamente en momentos de ruina generalizada e incertidumbre de la plandemia que asesinó a nuestros padres, sin testigos que no fueran los coaccionados y que saben la verdad de esos tiempos de Satanás. Por lo que no habíamos recibido nada con herencias en usufructo henchidos de dolor. Por lo que, en la práctica, no existía para nosotros. Estoy seguro de que más uno, funcionario o no, se revolverá en la tumba. Buitres, serpìentes y escorpiones, insensibles, automatizados por una sociopatía aceptada.
Esa es la realidad.
Cada cual que la nombre como quiera. No hay calificativos y la visceral repugnancia es mejor dejarla en el pensamiento porque de obra…
Nada de ello altera lo esencial: cuando nos estabilizamos después de tanta tragedia, Ignacio Escolar se nutre de nuestros inenarrables sacrificios. Se reconoce que lo que escribí es lícito, pero se me hace responder por algo que no escribí: un titular cambiado. Y además a publicar la resolución en un periódico puntero.
No se trata, además, de una interpretación elaborada a posteriori. En su momento ya dejé constancia expresa de esta misma cuestión en un correo dirigido al editor, Josele Sánchez que en Paz descanse, en el que señalaba con claridad que la responsabilidad derivaba del titular introducido en el proceso editorial y no del contenido del artículo. Como escribí entonces:
Asunto: «Me han condenado por un título cambiado, que no por el contenido de mi autoría».
Destinatario: Josele Sánchez, que en Paz descansa.
No es irrelevante añadir que esta es la primera condena que recibo décadas de años de ejercicio y miles de columnas publicadas. No por el contenido de lo escrito -que aquí se declara conforme a la libertad de expresión-, sino por un elemento ajeno a mi autoría.
Jesús hablaba de los perseguidos por causa de la justicia. No de quienes delinquen, sino de quienes quedan atrapados en inercias de iniquidad que no controlan. Cada cual sabrá en qué lugar se sitúa.
Asumo el pago. Por obligación, no por convicción. Pero conviene dejar constancia de lo ocurrido: mi palabra es libre. La condena, no.
Extracto de la sentencia:
La pieza firmada por Ignacio Fernández Candela sobre el mismo tema merece una consideración distinta. Aportada como documento cinco a la demanda, en la misma no se realiza una imputación de declaraciones a Ignacio Arsenio Escolar.
En este artículo se lo titula entre comillas como defensor de la asesina, lo cual debe admitirse como lícito toda vez que el periodista ahora demandante reconoce haber realizado unas declaraciones recalcando que la asesina en cuestión estaba siendo objeto de un mayor odio por razón de sus circunstancias personales. Sin embargo, en el citado artículo también habla de la justificación del crimen. (La sentencia alude al título del artículo que fue modificado por Josele Sánchez).
Las manifestaciones de Ignacio Fernández Candela deben encuadrarse dentro del análisis de la libertad de expresión y opinión; todas ellas resulta que en su transcripción literal se refieren a juicios de valor sobre distintos extremos del señor Escolar. Por tratarse de juicios de valor ya no resulta aplicable el requisito de la veracidad, sino que serán otros los parámetros a emplear para enjuiciar su solicitud. La libertad de expresión incluye en estos casos la profusión de expresiones mal recibidas, molestas, que choquen o que inquieten; esto es un elemento necesario para una sociedad libre.
Quienes me conocen y han seguido mi trayectoria a lo largo de miles de artículos saben que mi pluma nunca ha estado al servicio del mejor postor, sino de la verdad más descarnada. Mi dignidad no es una moneda de cambio ni se doblega ante sentencias que castigan la forma ignorando el fondo. Se me puede despojar de recursos materiales mediante el uso de una legalidad fría y deshumanizada, pero jamás podrán confiscar la limpieza de mi conciencia ni el honor que heredé de mi padre, a quien honré en la soledad de un cementerio prohibido, vigilado por cancerberos sin humanidad ni alma que jamás se disculparon por la atrocidad, a las órdernes de lo que fue después una demostrada ilegalidad sin punición.
Camino con la frente alta, sabiendo que la rectitud moral no se litiga en los tribunales de los hombres, sino que se forja en la coherencia de una vida entera. Que otros presuman de victorias económicas; yo seguiré custodiando el tesoro de mi integridad, ese que no entiende de embargos ni de claudicaciones.
El tiempo -ese juez menos formal y, a veces, más preciso- pondrá cada cosa y a cada cual en su sitio. Porque hay una justicia que trasciende las resoluciones y ante la que todos comparecemos, con las responsabilidades que hayamos ido sumando, llegado el último suspiro. Y ay de aquellos que, confiados, no hayan hecho bien sus deberes ni asumido con rigor sus responsabilidades morales y de conciencia.
Yo, Dios es mi testigo sí.
«Ay de los que pretendan hacerte daño», decía una persona muy importante de mi vida con ciertos dones irremplazables para la evolución del espíritu. Y nunca se equivocó.
Ignacio Escolar, tú podrás velar y enterrar a tu padre, pero cuando te toque ¿quién velará por ti cuando te enfrentes a tu siembra?
Mientras la frívola y lucrada maquinaria gestionaba la tesis documental, amanecíamos cada día con la pesadilla de que nos habían asesinado a nuestros padres, con el puto teatro de las mascarillas. Métanse por donde les quepa la frívola, estulta y carroñera función de saqueo en el infierno terreno que esos elementos jamás vivirán…cuestión aparte cuando sean cadáveres. Cuánto habrán de revolverse en la tumbas con el suspiro final. Viva la Parca que todo lo arrebata con verdadera JUSTICIA. Así de implacable pero noblemente generosa será cuando estén muertos. VIVA LA MUY JUSTA MUERTE.
Coda: Ilustro estas líneas con uno de mis 500 cuadros; una obra que nace de la búsqueda incesante de la Luz. Lo hago porque la oscura realidad que aquí denuncio no es la que me inspira mi existencia, ni es la que deseo encontrar cuando el tiempo se detenga. Mientras otros, al final de su camino, se vean obligados a encontrarse con las sombras de sus actos, yo elijo seguir refugiado en la claridad de la creación y en la paz de la conciencia limpia.
Si fuera uno de ellos, esos que he descrito, tendría terror en el momento del último suspiro.
https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Mundos_Comunicados._Obra_pict%C3%B3rica_del_autor..jpg
Ignacio Fernández Candela
(Para quien desee seguir otras líneas de mi trabajo)
Web de autor
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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