El actual gobierno socio-comunista de Sánchez provoca en la mayor parte de los españoles una actitud de rechazo, es más, un asco irreprimible.
Mientras el resto de la ciudadanía no comprenda qué gobierno ha salido de las urnas, qué objetivos pretende, cuáles son sus prioridades, qué significa el poder, o hasta qué punto, el uso del mismo, no contempla ningún tipo de límite, ya sea, personal, económico, social, nacional o moral, sólo puede tener una actitud de beneplácito acomodaticio, sumisión, acatamiento o reverencia, en resumen, un posicionamiento acrítico, con lo cual, contribuye a rellenar las urnas con el voto infecundo, propiciando una democracia contaminada e indefensa, ante las acometidas del gobierno desafecto de la Nación, del orden y la pacífica convivencia.
Ahora bien, en cuanto se comprende que el gobierno carece de escrúpulos, que el ciudadano le importa una higa, que en un futuro más o menos próximo, ese gobierno se convertirá en el origen de todos sus males, que todo ha sido un monumental engaño de gente atroz y monstruosa, entonces, se percata (el mal está hecho) del inmenso error, toma conciencia de que ha sido una víctima del impostado gobierno, que se ha aprovechado de él para sus bastardos fines particulares, y no puede dejar de sentir un insufrible asco hacia esa gente.
El rey Federico II de Prusia dijo: «Si mis soldados comenzaran a pensar, ni uno solo se quedaría en el regimiento»; cambiando lo que se deba cambiar (mutatis mutandis), ni un solo español de bien, votaría a este gobierno.
Y, es más, en mi opinión, pocos profesionales de la milicia estarían en disposición de proteger y garantizar el previsible orden constitucional, que pudiera derivarse en un futuro, una vez, valoradas y analizadas las expectativas inherentes del gobierno socio-comunista con pretensiones de Frente Popular.
El mal principal del mecanismo del gobierno no estriba, que también, en la mentira y el engaño, sino en la división de la sociedad, en la destrucción del orden constitucional, y en el levantamiento del muro que obliga e incita a los españoles a separarse unos de otros.
Solamente están autorizados a gobernar a los ciudadanos las personas con capacidad y mérito, pero, no es suficiente poseer estas virtudes, es necesario que estén dirigidas por algo espiritual, enraizado con el alma, la conciencia.
¿Alguien, con plenas capacidades cognitivas tendría la osadía de certificar, que el ejecutivo de Sánchez se caracteriza por tener como guía esa voz interior que le orienta a discernir sobre lo que está bien o mal?
Nadie que no posea una moralidad acreditada, ni siquiera alguien que no sea del todo inmoral puede ocupar la dirección de una nación, o ser ministro, o legislador: no puede decidir ni definir el destino de un pueblo.
Para ello, habría que institucionalizar unas pruebas de moralidad, de conciencia moral de los futuros dirigentes.
¿Acaso, algún elector, habría depositado su confianza en Sánchez, si este «examen» preelectoral previo se hubiese llevado a cabo?
Desde luego, los antecedentes eran claros, evidentes y tangibles, todos en perjuicio de su candidatura.
Maquiavelo nos enseña, y Sánchez, bien que se lo ha aprendido: «No es preciso que los príncipes posean virtudes, pero es indispensable que cada uno de ellos aparente poseerlas».
Más aún: para los gobernantes las virtudes sólo son perjudiciales. De ahí, que su alumno ejemplar, a diario, demuestra un rosario de maldades y vilezas sin parangón en su ejecutoria política.
Sánchez es capaz de conservar sólo su vida y su poder, cualesquiera que fueren los medios que él utilice con ese fin, lo demás, le trae sin cuidado, y piensa que serán considerados honestos y dignos de alabanza.
Cree que pasará a la historia (con minúscula), pero, se equivoca, la Historia se lo demandará y castigará (así lo esperan los españoles); sí, pasará a la chatarra de la historia como un ser perverso y un político corrupto.
Al gobierno de Sánchez, ¡Déjenme en paz!
Esto es lo que deberían gritar todos los españoles, si no estuviesen, unos, atontados, y otros abducidos, por la farsa y la mentira de su ejecutivo.
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Nos guste o no, no nos dejará en paz porque sus amos lo tienen muy claro, son amos de Pucherazos Soros/Indra y nosotros solo somos para ellos goyim a capturar, martirizar, someter y reducir