15/08/2026 05:43

-Ya no quiere hablar conmigo. Me ha abandonado en el infinito del silencio.

-¿Quién?

-La máquina que regula toda mi existencia finita.

 

Lo único que debemos agradecer es que con la inteligencia artificial ya no habrá incultos. Ahora, con la inteligencia artificial, solo tendremos idiotas. Lo importante de todos estos dispositivos y programas, que condicionan la existencia de cada vez más personas, es proporcionar la exclusión del sujeto en el proceso de formación del pensamiento. El pensamiento queda sustituido y sustraído en su totalidad por una alambicada cadena de algoritmos encadenados remotos y desconocidos y, por tanto, invitando a la renuncia incondicionada del desenvolvimiento y uso propio de todo razonamiento natural.

Hoy no existe complemento mental de ninguna especie. La Inteligencia Artificial (IA) no viene a asistir o a complementar, en todo o en parte, a la Inteligencia Natural (IN). Lo que se produce no es más que una invasión en toda regla de la operativa del pensamiento (esa conjunción simultánea de lógica, raciocinio, memoria, etcétera) que tiene su fundamento y expresión en la genética y en la experiencia, cuya conjunción constituye el activo singular de cada persona.

Allí donde se impone la IA queda eliminada la IN. Se produce algo similar a lo que se produjo con la introducción de las máquinas de cálculo matemático en sus inicios: la simplicidad operacional en beneficio del cálculo externo, con relegación de la operación mental interna que resulta, con el tiempo, cada vez más inasequible.

Así teníamos entonces que una operación aritmética como la suma, pongamos por caso, se reducía a cuatro pasos: primero, pulsar los botones de unos guarismos, pulsar a continuación la tecla de función «+», acto seguido pulsar otro guarismo y, por fin, la tecla «intro» o «igual» (=). Eso es sumar y el todo mecanismo mental de la suma aritmética que pueda subyacer queda eliminado o reducido a la pulsión de una secuencia en serie de teclas (también, en el ámbito de la IA, ordenamos con una orden de voz o de imagen que sea equivalente organoléptica a las pulsiones de las teclas).

Consultar datos e información, resolver una duda o cualquier otro problema mental con IA reduce las capacidades del cerebro porque, en lo esencial, orienta toda actividad mental a la adecuación formal que exige el formato de la IA. El acto simple que proyecta la IA ya no tanto pensar como para pulsar compulsivamente a la respuesta a una máquina que nos engulle.

El primer condicionante, en efecto, la constituye la solicitud que se hace a la IA y que debe hacerse siempre del modo exacto y preciso que requiere e impone su formato (voz o palabra, también con imágenes).

Y el resultado, sea el buscado o no, cierto o erróneo (puesto que falla la IA porque todavía empleamos la IN y podemos evaluarlo y ser consciente de ello), la respuesta de la máquina también impondrá su forma implacable al responder con una presentación determinada en el dispositivo.

Luego ¿el medio se convierte en el mensaje? o, mejor, ¿el medio remite al medio? McLuhan estaría cavilando sobre su idea de que «el medio es el mensaje» pero aquí estamos ante una desestructuración brutal de las capacidades naturales por dispositivos mecánicos. Ni medio ni mensaje: flujo de información pura, en la entrada y en la salida, en los circuitos y en la red por la que discurre. El medio ha sustituido al mensaje.

Lo artificial del pensamiento solo puede producirse en tanto que es susceptible, como en el resto de los ámbitos en que impera, de su capacidad de separar unidades, elementos y lógicas. Y eso ya estaba ultimado desde los tiempos de Aristóteles (véase su Lógica). Luego lo único que se ha hecho ahora, con la tecnología digital, ha sido convertir y someter a unas cadenas de algoritmos lo que ya preexistía en el orden de la mente (de su supuesto funcionamiento lógico-racional). Prescindimos de ese constructo referido como «realidad» y todo queda reducido a expresión lógica, en un juego de signos donde la significación ya no queda limitada por el orden natural de las cosas. Nuestro orden mental ha alcanzado las cotas más elevadas de artificialidad mecánica. Entonces ¿qué función tiene el humano, el ser pensante? La de construir máquinas que lo condicionen y lo sometan.

El pensamiento práctico será reconvertido paulatinamente a protocolos, reducido a un repertorio en serie, y proyectado a una reacción previsible dentro del imperio de un sistema de información omnipotente. Y así sucede con la práctica médica o jurídica, tanto en la arquitectura como en la ingeniería inclusive, al tratarse de ámbitos profesionales del discurso donde es factible dividir en elementos discretos y discontinuos todo su cuerpo discursivo y de significados… buscando los efectos, los mismos efectos, que una cabeza pensante privilegiada por la experiencia.

La política, todavía, parece un ámbito sustraído de ser procesado dentro de un algoritmo complejo de última generación por su carácter profundamente aleatorio, extremadamente arbitrario, indeterminado. Pero no sucede así con todo lo que la rodea y la trata de fundamentar, desde la Historia hasta la Geografía (eso de la geopolítica, algo tan reciente pero tan antiguo, responde a una combinación concertada tanto del espacio —las geografías— como del tiempo —las historias— junto con la fuerza militar regida por una voluntad política allí, claro, donde exista como condición de una cierta configuración de poder).

¿Qué interrelaciones  los humanos tejemos con las máquinas?

La conversación con las máquinas… lo que nos proporciona la IA, frente a la IN, sería la posibilidad infinita de establecer un diálogo con las máquinas, todas las máquinas inteligentes (las construidas con algoritmos y diseñadas por humanos). El futuro inmediato será este: que un humano pueda dialogar con una máquina (no unilateral sino en sentido bilateral y en feeback). Lo que también podemos contemplar desde el punto de vista inverso mucho más radical: que una máquina (IA) hable con otra máquina.

¿Quién pondrá al otro en función de sus requerimientos? La máquina no precisa al humano porque puede hablar con otra máquina o consigo misma o con nada. Y el humano, que renuncia a dialogar con otro humano, se convertirá en incompatible con la máquina (esa incompatibilidad  se traduce hoy en forma de impericia, consistente en «no entender» el funcionamiento del aparato). Lo que nos lleva a entender con nitidez por qué el sujeto se convierte en objeto.

Todo el aprendizaje actual, la propedéutica relativa a las formas de educación digitales, no es más que una preparación al abismo de la comunicación máquina-hombre donde el segundo elemento de la ecuación está en situación más precaria y tiende hacia la desaparición.

¿Qué nos queda, acaso la filosofía? Si la filosofía pudiera entenderse como la matemática del lenguaje y una forma más que bimilenaria de saber de la consciencia consigo misma, carece de relevancia en nuestro tiempo donde predominan las máquinas pensantes y prácticas. Allí donde no hay conocimiento humano, lógica y raciocinio propio, queda proscrita la inteligencia natural y toda filosofía pierde completamente su sentido de ser, su propio fundamento de escrutar el sentido y de producir pensamiento.

La IA que están haciendo los estadounidenses es muy diferente de la que están haciendo los chinos. Se centraron en la robótica, obviamente, en mucha mayor medida. Robotizar fábricas, es la culminación y la clave de la inteligencia artificial. Bueno, su condición previa es la electricidad porque hay enormes requisitos de electricidad para hacer funcionar todas estas computadoras. Y en segundo lugar, el diseño de chips de computadora en el que Estados Unidos hasta ahora ha tenido un monopolio y esperaba que  «Nvidia» demostrara la enorme capacidad de ganar cientos de miles de millones de dólares innovando en chips de computadora.

«Amazon» está intentando usar IA para reemplazar la mano de obra en sus almacenes. Y ya hemos visto fábricas en China donde se fabrican automóviles completos con máquinas sin apenas asistencia de humanos. Toda la línea de ensamblaje la realizan robots. Eso es IA. Así que está transformando las cosas. Pero para desarrollarla realmente hasta convertirla en algo llamado supercomputación se necesita energía. Y el hecho de que Estados Unidos esté tan comprometido con dejar que la industria petrolera domine sus políticas en todos los ámbitos es porque Donald Trump no quiere ninguna alternativa al petróleo en Estados Unidos ni a las políticas verdes de Europa. Hablando de clima, control y eliminación de combustibles fósiles… todo eso es la infraestructura, mental y material, del nuevo orden digital que adviene.

El resultado de este intento estadounidense de utilizar el petróleo, una vez más, es un cuello de botella para el mundo.

La irrupción del ordenador cuántico: la hiperlógica de la máquina su potencia infinita de cálculo representa la forma, precisa y exacta, del desplazamiento brutal de la lógica natural que será arrojada al estercolero de la historia del hombre analógico. ¿Para qué la lógica natural, para qué puede utilizarse?

La razón es simple, los ordenadores actuales están basados en el código binario, que depende de la tecnología de transistores que se desarrolló en el siglo XX. En cambio, la computación cuántica utiliza cúbits, que permiten abrir nuevas puertas cuánticas para desarrollar nuevos algoritmos. Y con ello, las opciones se multiplican.

Para entender la importancia de este logro, hay que diferenciar entre la computación clásica y la cuántica. La primera utiliza bits, que pueden tener un valor de 0 o 1. La segunda utiliza qubits, que pueden tener un valor de 0, de 1 o de ambos al mismo tiempo, lo que multiplica su poder de cálculo. Si tienes dos bits clásicos, puedes representar cuatro combinaciones (00, 01, 10, 11), pero solo puedes procesarlas una por una, de forma secuencial. En cambio, con dos qubits, puedes representar esas cuatro combinaciones al mismo tiempo. Cada qubit añadido al sistema duplica las posibilidades: con 3 qubits, hay 8 combinaciones; con 4, 16 combinaciones; con 10, 1.024…

El problema es que los qubits son extremadamente sensibles y propensos a errores. Cualquier mínima perturbación puede hacer que un qubit pierda sus propiedades cuánticas y se comporte como un bit clásico. Por eso, empresas como «Google» o «IBM» deben mantener temperaturas cercanas al cero absoluto para que sus equipos funcionen correctamente. El problema era que, al añadir más qubits, los errores aumentaban exponencialmente, y el sistema terminaba comportándose como un ordenador clásico.

¿No están insertas en las mismas entrañas del sistema digital su propio límite, el que protagonizó durante milenios el humano analógico, más allá del cual deja de existir desplazado por el imperio de la máquina?

Autor

Jose Sierra Pama
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4 comentarios
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Enzo Coll

No es sencillo asegurar si el hecho de consultar datos e información, resolver una duda o cualquier otro problema mental con IA reduce las capacidades del cerebro , ya que el impacto depende totalmente de cómo se use la herramienta. La ciencia sugiere una dualidad:

  • Efecto de «Descarga Cognitiva»: Al delegar tareas memorísticas o de cálculo a una IA, el cerebro puede volverse menos eficiente en esas áreas específicas (similar a cómo dejamos de memorizar números de teléfono por la agenda del móvil) .
  • Potenciación Intelectual: Si se usa para estructurar ideas complejas, aprender nuevos conceptos o resolver problemas mecánicos para enfocarse en el pensamiento crítico, puede actuar como una «prótesis cognitiva» que amplifica la capacidad mental .

Por lo tanto, el riesgo no es la IA en sí, sino la pasividad. Si dejamos que la IA piense por nosotros, podríamos debilitar ciertas habilidades; si la usamos como un tutor o colaborador, podriamos fortalecerlas

Maga

Lo importante es no perder el sentido critico .

Lola

Entiendo que los avances en la tecnología o la ciencia deberían de ser para ayudar al ser humano y hacerlo crecer en conocimiento. Pero en los últimos años es todo lo contrario, se tiende a crear tecnología para sustituir o eliminar básicamente al ser humano. Hablamos de que IA puede ser más exacta y no cometer errores, pero ya se ha visto que no es así. Por tanto que nos queda?, ….

Lrf

Estamos ante el último eslabón que les queda para la plena manipulación de la población…, cuando acabe de perfeccionarse. No hay alternativa a la evolución.

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