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Resumen

El llamado tomismo intensivo, desarrollado principalmente a partir de Cornelio Fabro, interpreta el actus essendi de Santo Tomás de Aquino como un acto intensivo de perfección, recibido en diversos grados por las esencias finitas, y presenta esta noción como la clave hermenéutica fundamental de la metafísica tomista. En ciertos iniciados o entusiastas del tomismo, esta lectura ha sido elevada no sólo a interpretación privilegiada, sino a criterio necesario para determinar qué cuenta como tomismo auténtico.

Este artículo examina críticamente esa pretensión de necesidad. Sin negar la centralidad del esse en Santo Tomás ni la fecundidad filosófica de la lectura intensiva, se muestra que ni los textos tomistas ni la estructura lógica de la metafísica justifican que una hermenéutica moderna sea convertida en norma exclusiva de pertenencia al tomismo. En particular, se analizan y refutan cinco tipos de argumentos usados para sostener dicha exclusividad: el paralelismo con el progreso científico, la distinción entre ordo essendi y ordo cognoscendi, la apelación a la coherencia sistemática, la lectura genética de los textos tardíos y la analogía de la blancura.

La conclusión sostiene que el tomismo intensivo constituye una interpretación legítima y profunda del pensamiento de Santo Tomás, pero no puede erigirse en la única lectura filosóficamente válida ni en el criterio definitorio del tomismo como tradición.

Introducción

En el tomismo contemporáneo se ha consolidado, especialmente desde mediados del siglo XX, una línea interpretativa que afirma la centralidad absoluta del esse como acto fundamental de toda la metafísica de Santo Tomás de Aquino. Esta corriente, asociada de modo particular al pensamiento de Cornelio Fabro, ha sido denominada por diversos autores como tomismo esencial o tomismo intensivo, en la medida en que interpreta el actus essendi no sólo como principio constitutivo del ente, sino como acto intensivo de perfección, recibido en grados diversos por las esencias finitas.

Según esta lectura, el esse no sería simplemente el acto por el cual algo existe, sino el núcleo metafísico originario desde el cual se comprenden la esencia, la participación, la causalidad y la jerarquía ontológica de los entes. En esta línea, Fabro sostiene que la originalidad decisiva de Santo Tomás, frente a Aristóteles, reside precisamente en haber concebido el ser como acto, y no meramente como forma o actualidad categorial (Fabro, 1960/1997). Esta interpretación ha sido desarrollada y defendida por numerosos estudios posteriores, que presentan el esse intensivo como clave hermenéutica privilegiada, e incluso necesaria, para una comprensión auténtica del tomismo.

Diversos autores contemporáneos han hablado explícitamente de un “tomismo esencial”, caracterizado por la recuperación del ser como acto originario y fundamento último de toda perfección (Aguer, 2007; Benavides, 2015). En esta perspectiva, se ha llegado a afirmar que una interpretación del tomismo que no asuma explícitamente la doctrina del esse intensivo sería incompleta, deficiente o incluso ajena al núcleo auténtico del pensamiento tomista. Algunos estudios presentan esta lectura no sólo como una entre varias posibles, sino como la que haría justicia plena a la intención metafísica de Santo Tomás.

Sin embargo, esta pretensión de necesidad hermenéutica no ha quedado exenta de controversia. Investigaciones históricas y sistemáticas han mostrado que, si bien Santo Tomás atribuye al esse un papel central y fundante, la conceptualización explícita del ser como acto intensivo, en el sentido técnico desarrollado por el tomismo contemporáneo, no aparece formulada de manera unívoca ni sistemática en sus textos. Autores como John F. Wippel han subrayado que la lectura de Fabro constituye una interpretación filosóficamente poderosa, pero no exenta de opciones conceptuales que van más allá de una mera exégesis textual (2015).

El problema que se plantea, por tanto, no es menor, a saber ¿puede sostenerse legítimamente que el esse intensivo es necesario para pertenecer al tomismo auténtico, o se trata más bien de una interpretación filosófica posterior, válida y fecunda, pero no exclusiva ni normativa para definir la identidad del tomismo como tradición?

Este artículo se sitúa en el centro de esta disputa. Su objetivo no es negar la importancia del actus essendi en Santo Tomás, cuestión ampliamente reconocida, sino examinar críticamente la tesis según la cual una determinada hermenéutica del esse, de cuño intensivo-fabriano, deba erigirse en criterio único y obligatorio de autenticidad tomista. Para ello, se analizará el estatuto filosófico de dicha interpretación, su alcance histórico y sus límites conceptuales, distinguiendo cuidadosamente entre centralidad doctrinal, desarrollo hermenéutico y necesidad esencial.

I. El tomismo intensivo como tomismo “esencial”

En el tomismo contemporáneo se ha consolidado, especialmente desde mediados del siglo XX, una línea interpretativa que afirma la centralidad absoluta del esse como acto fundamental de toda la metafísica de Santo Tomás de Aquino. Esta corriente, asociada de modo particular al pensamiento de Cornelio Fabro, ha sido denominada por diversos autores como tomismo esencial o tomismo intensivo, en la medida en que interpreta el actus essendi no sólo como principio constitutivo del ente, sino como acto intensivo de perfección, recibido en grados diversos por las esencias finitas.

Según esta lectura, el esse no sería simplemente el acto por el cual algo existe, sino el núcleo metafísico originario desde el cual se comprenden la esencia, la participación, la causalidad y la jerarquía ontológica de los entes. En esta línea, Fabro sostiene que la originalidad decisiva de Santo Tomás frente a Aristóteles reside precisamente en haber concebido el ser como acto, y no meramente como forma o actualidad categorial (Fabro, 1960/1997). Esta interpretación ha sido desarrollada y defendida por numerosos estudios posteriores, que presentan el esse intensivo como clave hermenéutica privilegiada —e incluso necesaria— para una comprensión auténtica del tomismo.

Diversos autores contemporáneos han hablado explícitamente de un “tomismo esencial”, caracterizado por la recuperación del ser como acto originario y fundamento último de toda perfección (Aguer, 2007; Benavides, 2015). En esta perspectiva, se ha llegado a afirmar que una interpretación del tomismo que no asuma explícitamente la doctrina del esse intensivo sería incompleta, deficiente o incluso ajena al núcleo auténtico del pensamiento tomista. Algunos estudios presentan esta lectura no sólo como una entre varias posibles, sino como la que haría justicia plena a la intención metafísica de Santo Tomás.

II. Resumen y síntesis del fundamento bibliográfico tomista de la hermenéutica del esse intensivo

La metafísica de Santo Tomás alcanza su punto más alto cuando sitúa al esse como el acto fundamental de toda perfección. No se trata simplemente del hecho de existir, sino de aquello por lo cual todo lo demás es actual y perfecto. De ahí la célebre afirmación: “esse est actualitas omnium actuum, et propter hoc est perfectio omnium perfectionum” (ST I, q. 4, a. 1, ad 3). Esta formulación no puede ser comprendida de modo débil o meramente lógico. Si el ser es la actualidad de todos los actos, entonces todas las perfecciones formales, sustanciales o accidentales, dependen intrínsecamente de la plenitud del esse que las fundamenta (Ferraro, 2025, pp. 34-35). En consecuencia, cuando Tomás afirma que la diversidad de perfección sigue a la diversidad del ser (“secundum diversitatem esse attenditur diversitas perfectionis”, ST I, q. 4, a. 1), está indicando que la jerarquía ontológica de los entes se mide, en última instancia, por la mayor o menor intensidad del acto de ser que poseen (Ferraro, 2017, p. 17).

Esta lectura se refuerza cuando Tomás explica que el actus essendi no se da de manera uniforme, sino que es recibido según el modo del sujeto que lo participa: “actus essendi recipitur in aliquo per modum recipientis” (De potentia, q. 7, a. 2, ad 9). Esto significa que el ser, aun siendo uno en sí mismo, se encuentra participado en grados realmente distintos en las criaturas (Ferraro, 2017, p. 19). Por eso Tomás puede afirmar: “quanto aliquid habet de esse, tanto est perfectius” (Contra Gentiles I, c. 28). La perfección no se mide por la cantidad de formas o accidentes, sino por la profundidad ontológica del esse que las sustenta (Ferraro, 2025, p. 35). Así, los ángeles son más perfectos que los cuerpos no por tener más propiedades, sino porque participan de un acto de ser más pleno. El tomismo intensivo ve aquí una ontología del ser en grados, donde el esse no es un simple punto de partida neutro, sino una fuente de plenitud que puede ser poseída de manera más o menos rica.

Finalmente, Santo Tomás mismo ofrece una analogía que apoya esta comprensión intensiva. En De veritate q. 2, a. 10, al tratar de la blancura, explica que una forma puede poseer una cantidad “intensiva” distinta de su cantidad extensiva: un cuerpo infinito podría ser blanco extensivamente sin límite, pero la intensidad de su blancura seguiría estando determinada por el modo del sujeto que la recibe. Tomás utiliza esta estructura para ilustrar cómo las formas y perfecciones se reciben según medida. Cuando luego aplica esta lógica al esse, como lo hace al afirmar que la nobleza de una cosa se mide por su ser (Summa Theologica I, q. 4, a. 1), el tomismo intensivo concluye que el acto de ser, aun no siendo una forma, es participado según grados de plenitud ontológica (Ferraro, 2017, p. 17. 22. 26-28. 35-48). Así, el esse se presenta como una perfección intensiva en cuanto fundamento de todas las demás, y como el principio que explica por qué unos entes son más, y no sólo “distintos”, que otros. En esta clave, la metafísica tomista aparece como una ontología dinámica de participación en el ser, cuyo núcleo es precisamente el esse intensivo.

III. El tomismo intensivo y su contexto

La lectura intensiva del esse no surge en el vacío. Aparece en un momento histórico preciso, cuando la filosofía del siglo XX —bajo el impacto decisivo de Heidegger— vuelve a interrogarse radicalmente por el sentido del ser. La célebre tesis del Seinsvergessenheit, el “olvido del ser” (Fabro, 1969, p. 82), no sólo afecta a la metafísica moderna, sino que es dirigida también contra toda la tradición escolástica, incluida la tomista, acusada de haber reducido el ser a un concepto, a una esencia lógica o a una simple determinación categorial. En este contexto, la relectura de Santo Tomás propuesta por Cornelio Fabro aparece como una respuesta filosóficamente poderosa: mostrar que en Tomás el ser no es un concepto entre otros, sino el acto originario que funda toda realidad (Ferraro, 207, p. 13). El esse como actus essendi intensivo permite entonces responder a Heidegger desde dentro de la tradición metafísica, afirmando que el tomismo no olvidó el ser, sino que lo pensó con una radicalidad mayor que cualquier ontología moderna.

Desde este punto de vista, el tomismo intensivo no es una exégesis arqueológica, sino una reconstrucción sistemática. Fabro y sus continuadores no pretenden simplemente repetir las fórmulas medievales, sino desplegar su potencia metafísica frente a los problemas contemporáneos: la diferencia ontológica, la participación, la finitud, la dependencia radical del ente respecto del ser. El esse entendido como acto intensivo permite explicar por qué los entes no sólo son distintos, sino ontológicamente más o menos, y cómo toda perfección creada es una participación limitada de una fuente infinita de ser. En este sentido, el tomismo intensivo puede presentarse legítimamente como una culminación racional de la metafísica tomista, una explicitación de lo que estaba virtualmente contenido en ella y que sólo la filosofía posterior permitió tematizar plenamente. Y he aquí, donde aparece una tesis que llama la atención, a saber: que “La lectura intensiva del esse no pretende introducir un principio extraño en Santo Tomás, sino hacer explícito un núcleo doctrinal que permanece implícito en su metafísica” (Ferraro, 2017, p. 11-12).

Aquí emerge la cuestión decisiva. Algunos van a interpretar esta tesis de un modo peligroso, a saber, si esta lectura es tan filosóficamente poderosa, tan coherente y tan apta para responder al problema moderno del ser ¿Se sigue de ello que deba erigirse en la única interpretación legítima de Santo Tomás? ¿Puede una hermenéutica nacida del diálogo/respuesta con Heidegger y la metafísica contemporánea convertirse en criterio absoluto de autenticidad tomista? ¿Debe todo aquel que se llame tomista —o que intente interpretar seriamente a Santo Tomás— aceptar necesariamente el esse intensivo en sentido fabriano, so pena de quedar excluido del tomismo “verdadero”? En otras palabras: ¿Estamos ante una profundización filosófica de Tomás, o ante una nueva norma que pretende gobernar retrospectivamente toda su tradición? Esa es la pregunta que ahora ya no puede eludirse.

IV. Advertencia metodológica

Conviene, antes de avanzar, introducir una precisión que no es ornamental, sino estructural; lo que está en juego en las páginas que siguen no es la verdad o falsedad del tomismo intensivo, ni su potencia explicativa, ni su legitimidad como lectura filosófica de Santo Tomás, sino algo conceptualmente distinto: el estatuto que una interpretación puede reclamar dentro de una tradición metafísica.

No se pone aquí en duda que el actus essendi ocupa un lugar central en el pensamiento del Aquinate; tampoco que la lectura de Fabro haya permitido articular con especial profundidad la participación, la causalidad y la jerarquía ontológica; ni siquiera que, desde el punto de vista sistemático, el tomismo intensivo ofrezca una reconstrucción particularmente coherente del núcleo metafísico tomista; lo que se examina es si de todo ello se sigue, o no, una consecuencia adicional, a saber, que esa reconstrucción deba operar como criterio normativo de pertenencia al tomismo.

En otras palabras; la cuestión no es todavía doctrinal, sino lógica y hermenéutica; no se trata de decidir cuál lectura es más verdadera, sino de determinar qué tipo de autoridad puede atribuirse a una lectura, por el mero hecho de serlo; porque una cosa es interpretar a Santo Tomás desde una determinada ontología del ser, y otra es afirmar que sólo desde esa ontología puede entenderse a Santo Tomás de manera legítima; la primera afirmación pertenece al ámbito de la filosofía, la segunda introduce una pretensión de exclusividad que requiere justificación adicional.

El problema, por tanto, queda abierto en este punto; no se ha decidido aún si el tomismo intensivo debe ser considerado una profundización entre otras, una clave privilegiada, o una condición necesaria de inteligibilidad del tomismo mismo; lo único que se ha fijado es el plano exacto en el que la cuestión debe ser tratada: no como una disputa sobre textos aislados, sino como una pregunta sobre el alcance, los límites y la autoridad de una hermenéutica filosófica dentro de una tradición viva.

Autor

Carlos Quequesana
Carlos Quequesana
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