Las matemáticas son ciencias exactas, por lo que nunca fallan. Y dentro de ellas hay una ecuación fatal, simple, pero mortal: corrupción es igual a ineptitud, sumadas las dos son igual a ineficacia, y ésta provoca muertes y destrucción.
España vive hoy el resultado de dicha ecuación. Los últimos casos que demuestran que tal ecuación nunca falla son lo ocurrido con la DANA -más de 200 muertos e incalculables destrozos materiales-, con los incendios forestales del pasado verano y ahora con el tremendo choque de trenes en Adamuz cuya cifra pasa ya de más de treinta muertos y subiendo.
La corrupción galopante, desbocada, no sólo material, o sea por llevarse la pasta, que también, sino peor aún la moral y específicamente la funcionarial, la de la estructura de funcionarios de toda clase y condición que es la que sostiene a la material, porque de la cadena de funcionarios depende todo, también el corrupto, ahoga a España hasta niveles nunca vistos antes en toda su historia, siendo la causa de los males que sufrimos; bien que, todo hay que decirlo, porque los españoles de hoy, en su mayoría, están también corrompidos por la indolencia y la sumisión, prefiriendo soportar los males que la corrupción y la ineptitud les provocan que rebelarse contra un sistema y régimen fatal y mortal, precisamente, para ellos mismos, que son la parte más débil del entramado.
Lo ocurrido en Adamuz, ya lo verán, y con independencia de causas técnicas que seguro serán venteadas a voz en grito por los de siempre en la inmediata campaña del gran teatro de la confusión que podrán en marcha para escurrir de nuevo el bulto, es el resultado de esa ecuación mortal, porque la corrupción hace que nada sea como tiene que ser empezando porque son los menos idóneos los que llegan a los puestos de responsabilidad, tanto los de mayor como incluso los de menor, los cuales a su vez, para sobrevivir, se rodean enseguida de otros peores que ellos de forma que la ecuación mortal se concreta y queda preparada para provocar su nefasto resultado.
Ahora sabemos lo que nos ocultaron: que se venía pidiendo por los pocos técnicos honrados que hay, la reducción de la velocidad en este tipo de trenes por no soportarlo el estado de la red ferroviaria, también su peligro por el bajo mantenimiento que se realiza, y algunas otras cosas que nos recuerdan a los años de corrupción e ineficacia que han sido la causa principal de que la riada de Valencia no quedara, como tantas otras antes, en nada, sino que fuera una catástrofe humana y material de la que son responsables tantos cuantos corruptos, indolentes, interesados, ineptos y estúpidos se han salido de rositas una vez más gracias a la suicida indiferencia de los españoles, incluidos los familiares de los fallecidos. Increíble. Verán como, dadas las circunstancias, de lo de Adamuz ni el ministro de turno, un completo indeseable, ni nadie, asume responsabilidad alguna y todo se diluye, enmascara y… hasta la próxima.
La ecuación mortal sigue vigente y preparada para la próxima vez, en realidad no tanto por los que ya sabemos, o nos vamos enterando con cuenta gotas, sino porque la corrupción moral y material, sea por ideología, interés, cobardía o simple indolencia de la estructura funcionarial es peor que la de ellos, pues si cumplieran y cuando les toca o llega la ocasión dijeran que no sus mandatos corruptos, todo cambiaría de la noche a la mañana, pero para eso hace falta que cada cual tome conciencia de que tiene tanta responsabilidad en lo que ocurre, en el resultado mortal de la ecuación, como los que mandan.
Autor
Últimas entradas
Actualidad22/06/2026Camille Plagia: el feminismo antifeminista. Por Francisco Bendala Ayuso
Actualidad05/06/2026León XIV: una visita inoportuna y cómplice. Por Francisco Bendala Ayuso
Actualidad01/06/2026¿Quién fue Zapatero? Por Francisco Bendala Ayuso
Actualidad25/05/2026¿Zapatero? No, es el PSOE. Por Francisco Bendala Ayuso
