15/08/2026 06:55

Cada fin de año acostumbro a hacer balance de lo que ha sido el año que se nos va y cuáles son los augurios para el nuevo año que comienza. Este fin de año 2025 va a ser especial, porque se cumple un periodo de cincuenta años en el que España ha cambiado de rumbo, dejando de ser lo que en esencia le correspondía para convertirse en la Anti-España. Ello nos obliga a hacer un alto en el camino y tomar conciencia de lo que ha sucedido antes y después de la llamada “transición”.

Quien, como el autor de este artículo, haya sido testigo del antes y del después del cambio, puede hablar a los jóvenes de hoy con conocimiento de causa y decirles honestamente que sean críticos, que no se dejen seducir por las patrañas interesadas que circulen por ahí y en manera alguna, den crédito a los relatos denigrantes de nuestra gloriosa y centenaria Nación.

Por supuesto que en las cinco últimas décadas ha tenido lugar un desarrollo científico y un avance técnico, sin precedentes. El escenario que ahora contemplamos poco tiene que ver con aquel otro de los años 50, esto nadie lo pone en duda. Aun así, cabe preguntar: ¿Hemos salido ganando o perdiendo con el cambio? ¿En la España de antes se vivía mejor o peor que en la España de ahora? En definitiva: ¿Los españoles de entonces eran más o menos felices de lo que lo somos actualmente?

Para responder a estas preguntas  debiéramos atenernos  a   los hechos  reales y objetivos, históricamente constados y constatables, que paso a  analizar someramente: En tiempos de Franco,  en contra de lo que nos ha dicho Pedro Sánchez, los expertos, ajustando, como debe ser, las cifras a los tiempos, nos aseguran que “la renta per cápita” de los españoles era bastante superior a la de ahora, los niveles de paro eran manifiestamente inferiores a los actuales, sobre todo por lo que a los jóvenes se refiere, los empleos eran menos precarios y más seguros, lo que permitía a los jóvenes matrimonios obtener en propiedad  una vivienda de forma relativamente fácil y comenzar a hacer planes de futuro. Se podía ahorrar porque apenas se pagaban impuestos. La deuda pública apenas existía y los créditos eran asequibles para cualquiera. La agricultura y la ganadería experimentaron apreciable auge, emergió una industria pujante y competitiva que ya la quisiéramos ahora.  En la España franquista, aparte de la construcción de presas por todo el territorio y de la impulsión del turismo, hay que hacer mención del plan de estabilización de 1959, llevado a cabo por los ministros tecnócratas que consiguieron el milagro de convertir a España en una potencia industrial de primer orden. Aparte del Instituto Nacional de Industria (INI), merecen ser recordadas algunas de las industrias como, por ejemplo: SEAT, Endesa, ENASA, ENAGAS, Telefónica, Astilleros Españoles, Renfe, Consolidación de Campsa, etc.

Por otra parte, no existía ese invento carísimo que son las “autonomías”, sino que todo estaba centralizado y cuando en cualquier lugar de España acaecía una desgracia, era el Estado quien, con eficacia y sentido de responsabilidad, se hacía cargo de la situación, como sucediera en el caso de Valencia en 1957, que dio origen a que se acometiera el gigantesco proyecto de desviar el cauce del río Turia hacia el Sur de la ciudad, para evitar daños mayores.  Esto es algo que los valencianos no han olvidado ni olvidarán.  Así era antes, porque lo de ahora es bien distinto. Más que construir presas lo que se hace es destruirlas, el sector del campo se ha visto obligado a salir a la calle para clamar desesperadamente y decirnos que ya no pueden más. A partir de la entrada en la UE en el año 1986, el potente tejido industrial ha sido desmantelado en España, perdiéndose enclaves importantes, como sucediera en el sector siderúrgico y naval, con consecuencias desastrosas para el empleo, además de haber relegado a la Nación a una economía de tercera división.

En materia de sanidad se dieron pasos importantes, aprobándose leyes como las del Seguro obligatorio de enfermedad de 1942, la Ley de Seguro obligatorio de Vejez e Invalidez de 1947 o la ley general de Seguridad Social de 1974. Se creó así mismo a través del Instituto Nacional de Previsión y la Seguridad Social una red importante de hospitales, en la que merecen ser citados el Gregorio Marañón, el Hospital 12 de Octubre, el Hospital Clínico de S. Carlos, o el Hospital Universitario “La Paz”. Con todo, no podemos decir que se llegara a cubrir las necesidades médicas de todos los ciudadanos, pero sí facilitó la labor para que esto se lograra con la ley de 1968.

Los logros en materia de educación aún serían mayores. Ahí ha quedado como ejemplo para la posteridad, la Ley General de Educación de 1970, siendo ministro de Educación el Sr. Villar Palasí. Esta ley supuso una verdadera revolución. Su objetivo, plenamente logrado, no fue otro que hacer partícipe de un bien tan necesario como es la educación a toda la población española, lo que supuso una conquista importantísima, si tenemos en cuenta el elevado índice de analfabetismo que venía arrastrado España. Con esta ley se hizo realidad la integración de todos los españoles y la igualdad de oportunidades sin discriminación de sexos, razas, religión o ideología, consiguiendo de este modo una sociedad más justa y más humana. Con esta ley la calidad educativa llegó a ser superlativa, alcanzándose niveles altísimos de aprendizaje, que hoy en día se les ve como meta inalcanzable, bien distinto es lo que sucede ahora, en que la escuela se ha convertido en un laboratorio de experimentación, donde a los niños se les está robando su inocencia y muchos adolescentes son presa fácil de la droga y del sexo.

Con lo dicho, sería suficiente para darse cuenta que en los últimos años en nuestra nación ha habido un “modus operandi” claramente contrapuesto, que ha de ser valorado en razón de los frutos obtenidos. En cualquier caso, ello no nos ofrece razón cumplida del cambio que ha experimentado España en tan poco tiempo. Hay mucho más. Este cambio del que hablamos ha sido tan profundo que ha trasformado la familia, la sociedad  y ha acabado afectando a la propia identidad de España, que ha dejado de ser lo que le correspondía ser por derecho propio, para convertirse en la Anti-España y ello ha sido posible porque le han robado su historia, su tradición, sus valores, su esencialidad. España al dejar de ser católica quedó desposeída del ADN que siempre le caracterizó y que ya solo se la conoce como “Este País”, carente de connotaciones patrióticas y de valores arraigados que hicieron de ella «Una, Grande y Libre», donde se podía vivir en confraternización y no en un constante enfrentamiento cainista, que nos hace recordar a aquellos tenebrosos tiempos de las dos Españas.

Quiero poner fin a este espontáneo balance de fin de año, refiriéndome a quienes sostienen que, a pesar de todo, podemos felicitarnos y estar de enhorabuena por haber logrado rescatar para la ciudadanía un régimen de libertades y de igualdad para todos los españoles. Yo podía estar de acuerdo en que el ideal de igualdad está cada vez más cerca, ya que del mismo modo que en la escuela se ha conseguido igualar a todos los alumnos por abajo, bajando el listón, también vamos camino de conseguir la igualdad económico-social, tomando como rasero la penuria y la menesterosidad. Pronto en España, la clase mayoritaria va estar representada, si es que no lo está ya, por quienes se las ven y se las desean para acabar el mes.

Por lo que respecta al régimen de libertades, tengo mis dudas, en tanto Bruselas siga marcándonos el paso que tenemos que seguir las naciones europeas, mientras los niños no puedan jugar tranquilamente en los parques mientras haya leyes como las de “memoria histórica” o “memoria democrática” que atentan contra la libertad de expresión, y sobre todo mientras los poderes públicos y los medios de comunicación sigan manipulando la voluntad de los ciudadanos.

Autor

Angel Gutierrez Sanz
Angel Gutierrez Sanz
Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, habiendo obtenido la máxima calificación de “Sobresaliente cum laude”. Catedrático de esta misma asignatura, actualmente jubilado. Ha simultaneado la docencia con trabajos de investigación, fruto de los cuales han sido la publicación de varios libros y numerosos artículos. Sigue comprometido con el mundo de la cultura a través de la publicación de sus escritos e impartiendo conferencias en foros de interés cultural, como puede ser el Ateneo de Madrid. Su próxima obra en la que lleva trabajando bastante tiempo será “El Humanismo cristiano en el contexto de una Antropología General".
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