«Como explicaría el filósofo austríaco Karl Popper en su clásica obra sobre las ideologías totalitarias desde Platón hasta Marx, el tribalismo “es el énfasis en la importancia suprema de la tribu sin la cual el individuo es nada”»
Axel Kaiser, La tiranía de la igualdad [Deusto, 2017, p. 109].
“Al final, nunca llegué a aprender a nadar en aquellas clases en la piscina, pero aprendí a mantenerme a flote con los manguitos y luego a recorrer pequeñas distancias con ayuda de los churros de gomaespuma.”
Sarai Herrera, Bosques aún más profundos [Blackie Books, 2025, p. 70].
A LEY MUERTA, LEY PUESTA
«Una educación igualitaria, por ejemplo, debe eliminar la libertad de elegir de los padres y la libertad de elegir o seleccionar de los colegios. Esta eliminación implica que la autoridad, reclamando servir al “interés general”, impone por la fuerza un esquema contrario a las preferencias individuales y, por lo tanto, opuesto a lo que las personas realmente desean.»
Axel Kaiser, La tiranía de la igualdad [2017, p. 110].
El objetivo de que el sistema educativo vasco contribuya al bilingüismo real con una competencia adecuada de la población escolar en ambas lenguas oficiales (vasco y español) ha dado una zancada de gigante (Goliat) con la Ley de Educación de la Comunidad Autónoma del País Vasco (BOPV 04-01-2024), que da por superado tras cuarenta años en vigor el sistema de modelos lingüísticos —A, español; B, bilingüe y D, vasco— por “discriminatorio y segregador”, reemplazándolo por la generalización del “modelo D”, en “lengua propia” —¿de quién, si la lengua propia de la inmensa mayoría de los hablantes es el castellano?—. Es decir, imponiendo como exclusiva lengua vehicular del aprendizaje el vasco, en pos de una normalización inclusiva de la lengua vasca para alumnos y alumnas —y repárese en la perversidad semántica de la inclusión que, para “alumnado”, consiste en desdoblar, de sesgada forma redundante, el género gramatical (masculino genérico), mientras para “normalización”, por el contrario, excluyendo dos de los tres modelos, comprime los tres en uno—. Todo ello con el fin de evitar que la (mala) elección del modelo lingüístico por parte de padres y madres (¡y dale Perico al torno de la inclusión reduplicadora), ahora que empezaban a repuntar los modelos A y B, “condene a las próximas generaciones a un monolingüismo real castellanoparlante” —mediante la usurpación del derecho de los padres a decidir, en nombre de sus menores de edad, por parte del (pseudo)estado de la autonomía, Cruella de Ville que, en sus ¡101! artículos, secuestra la libertad de elección de los progenitores para sus criaturas—, condicionando así la “igualdad de oportunidades” para vascos y vascas, en detrimento de la “cohesión e igualdad de una sociedad vasca euskaldun” —quod demostrandum erat— y “plurilingüe” —el ancilar español desescolarizado y la lengua anglobalista—..
Que la amortización del sistema de modelos lingüísticos —que aspiraba a un conocimiento suficiente del euskera— y su reemplazo en esta nueva fase del asalto al paraíso éuscaro cifren sus metas en un dominio medio-alto (vitaminado B2) al finalizar la enseñanza obligatoria no hacen sino confirmar que todo cuanto se haga, por fas o por nefas, por la discriminación “positiva” de la lengua vasca —cuya contrapartida implica la consecuente discriminación negativa (valga la redundancia) de la excluida (de manera tan inclusiva)— en favor de la lengua “minorizada” (falacia léxico-semántica y eufemismo que encubre su abandono por parte de los propios vascoparlantes naturales) será poco.
[Los entrecomillados proceden de comunicaciones de Kontseilua, organismo que agrupa a todas las instituciones y organizaciones a favor del pleno desarrollo del euskera.]
Cifras y letras o el tonto del bote
Se había convertido ya en un clásico, en el modelo D, la creciente recaída detectada por el informe PISA en la Comunidad Vasca en las materias troncales de Matemáticas y Lengua, claramente a la baja y, más allá de otras variables, desde esta generalización indiscriminada del modelo D (currículum en lengua vasca, a excepción de la asignatura Lengua Española), lo que arroja un inquietante balance en capacidad numérica y verbal. O lo que es lo mismo, la eliminación del concursante que mayor presupuesto destina a la educación en toda España, a la primera de cambio, de Cifras y Letras, lo que convierte al sistema educativo vasco en el tonto del “Bote”, una utopía para él, si no fuera porque la Constitución del ‘78 contempla que pase el bote por los territorios “a-históricos” tras su “Concierto económico para chistu y tamboril” y le caiga en suerte el Cuponazo —privilegio y premio de consolación por haber perdido todas las guerras civiles de la España contemporánea.
Admitamos, pues, como punto de partida entre la espa(l)da y la pared, el dictum legal. No sin apuntar su carácter utópico, milenarista incluso, por no decir imposible —no hay existe el bilingüismo real, si acaso la conllevancia de una diglosia colectiva—, por más que se quiera talar el tronco del castellano y hacer luego leña del árbol caído, mediante el relevo generacional —como en su día, por medio del Terror, la diáspora de (aprox.) 200.000 personas sirvió para depurar un censo electoral, ya domesticado, sumiso a esta planificación de los vencedores, pero ahora de muerte natural—y educación obligatoria en exclusiva lengua vasca inclusiva —¿el español, para los hijos de la inclusa?—, a la vez que se interviene al alza la cotización del título vasco para el acceso al mundo laboral, público y privado incluso, y a todo ámbito en manos del ogro filantrópico que redistribuye, en beneficio de sus especies protegidas, la exacción fiscal a los contribuyentes: subvenir a los siervos con los tributos de quienes trabajan para ellos: esos esclavos 2.0.
La tiranía del igualitarismo
Acerca del concepto de igualitarismo como falaz garantía de libertad de la izquierda (y cierta derecha) dice el chileno Axel Kaiser en La tiranía de la igualdad [2017: 87]:
«Esto es lo que la Declaración de Independencia de Estados Unidos llamó “el derecho a perseguir la felicidad”, y es eso lo que el estado nos puede garantizar. El derecho a perseguir nuestra felicidad, no el derecho a ser efectivamente felices.» Y añade el autor: “La educación puede ser más urgente para la mayoría de las personas —no para todas— que el automóvil. Pero que una necesidad sea más urgente que otra no transforma a la más urgente en un derecho que el resto debe financiar.” Y es improbable que Axel Kaiser esté pensando en concierto económico y cupo de las comunidades vasca y navarra.
¿Cuáles son, pues, las coordenadas de espacio-tiempo o dónde están legislados los plazos y las zonas de inmersión, con los eventuales cambios del mapa sociolingüístico: arabiarrak, arabeses especialmente en Araba/Álava? En las decisiones parlamentarias de la mayoría nacionalista, ¿no? De unos gobiernos nacionalistas y colaboracionistas [¿del Gobierno de Bitxi (‘extraño’), hermanado con el régimen de Vichy Catalán?] que han sustituido (y a la fuerza ahorcan) el racismo por el etnicismo, en su versión lingüística, urgidos a acreditar cuanto antes el hecho diferencial de una “mayoría” vascoparlante bilingüe (por no decir bífida, como la serpiente de la leyenda urbana) que confirme—euróboros que se muerde la cola— que son lo que decían ser, quod demostrandum erat.
Ley de Memoria Histórica del Euskera
Y en nombre de esa coartada legal, tan ideal como abstracta, se arrumba, cuando no se niega, todo el argumentario pedagógico y legal internacional —sucesivas disposiciones de la UNESCO sobre la enseñanza en la lengua materna del alumno o la escolarización en lengua natural, hasta al menos los 7 años, propugnada por la “Escuela de Ginebra”, así como el modelo quebequés, de bilingüismo orientado hacia la lengua natural del alumno— y que sirvió para reclamar el reconocimiento oficial de la lengua minoritaria, primero, y su obligatoriedad, después, extensiva al resto de la población mayoritaria castellanoparlante —según el modelo de inmersión (¡oh, sorpresa!) en hebreo batua de los kibutz coloniales israelíes, mediante el secuestro de mentes infantiles marcadas por la impronta de una lengua ajena a la familiar lo que raya en dolo pedagógico y clama no ya a la ejemplar Escuela de Ginebra u organismos internacionales con sede en Ginebra (¡caramba, qué coinsidensia!), sino directamente al “Tratado de Ginebra”—, en virtud de argumentos espurios como el de “lengua propia del territorio”, discriminación “positiva” frente al arraigo natural masivo del español en la población, la ¡integración! del alumnado en el entorno —en el IES vascoparlante de Laguardia (La Rioja)— o su precedencia al castellano, cuando hasta el siglo VI d. (¡DESPUÉS de!) Xto. no irrumpirían en la supuesta “Euskal Herria”, procedentes de Aquitania y a través de los Pirineos, los vascones/ (o navarros) que, en los siglos siguientes, irán vasconizando —como sostienen los filólogos Joseba Abaitua, Emiliana Ramos y Mikel Martínez Areta, para no remontarnos a maestros de la filología como Gómez Moreno o Marcos Marín—, hacia la cuenca del alto Ebro a pueblos celtas que serían “vascongados”. Y simultáneamente (¡caramba, qué coinsidensia!), por esas mismos siglos, queda constancia, en el occidente alavés de la raya de Burgos, de documentos en castellano primitivo que se anticipan en casi dos siglos a las glosas de San Millán de la Cogolla, como confirma Saturnino Ruiz de Loizaga en El castellano [2019] acerca de los cartularios de la Colegiata de Valpuesta. Monasterio-obispado del que dependieron desde la Alta Edad Media numerosas localidades de la alavesa Cuadrilla de Añana, lo que convierte al castellano en la auténtica lengua propia del llamado “País Vasco”, previa a la ¿impropia? sobrevenida. Y aún diría más, auténtica y, más allá de las falacias y supercherías de la mitología vasca que hacían remontar su génesis al Génesis, única lengua “vasca” —para la mayoría obstinada en tal gentilicio—, ya que el paleoeuskera —cuya diferencia con respecto al actual vascuence, conocido con idéntico nombre que aquel, sería cuando menos proporcional a la existente entre el latín y la lengua romance— no dejaría de ser una lengua extraña llegada a estos territorios históricos en boca de invasores procedentes de Aquitania —“a/quitanos la nuestra”, como diría el lugareño, más de un milenio después—. O de la cuenca del alto Garona, según otra hipótesis, pero por esas mismas fechas, lo cual echa por tierra la primacía que le atribuye el derecho de primogenitura vasquista.
Y más cuando, en puridad, no existe más lengua propia que la propia de los hablantes.
Igualdad ante la Ley y nunca a través de la Ley
Por lo tanto, se aprueba una ley no de salvaguarda de los derechos lingüísticos de los hablantes, sino como instrumento de una ineludible imposición lingüística masiva por parte de una minoría mayorizada, ad eternitatem —pues siempre habrá colectivos interesados que nieguen haber sido alcanzado ya el objetivo o que aún quedan pendientes tantas trasferencias (bancarias) o competencias (lingüísticas), que “la guerra no ha terminado”, en definitiva—, cuando “La verdad es que la única igualdad compatible con una sociedad de personas libres es la igualdad ante la ley y nunca a través de la ley [la cursiva es nuestra]. Ésa es la diferencia más relevante entre socialistas y liberales: los primeros buscan igualar por la fuerza lo que por naturaleza o azar es diverso […]; mientras los segundos reconocen una igualdad moral compartida por todos.” Puesto que “El colectivismo”, concluye KAISER [2017: 109], “esto es, la idea de que el individuo debe someterse a un supuesto interés colectivo o general definido siempre por la autoridad que controla el Estado y que, supuestamente, encarna a la comunidad, es parte inescindible del igualitarismo material y es contrario a la igualdad moral”.
Así, el derecho a la educación en lengua vasca —aunque no, correlativamente, a la educación en español, como defiende la plataforma de defensa de la lengua común española Hablamos Español— transmuta en deber de obligado cumplimiento para toda la población vasca —felicidad por decreto, diría la Declaración de Independencia—, a la par que se esgrime el pseudo-derecho de “autodeterminación de los pueblos” (reservado a procesos de descolonización), como exigencia de carácter regional aplicable a la secesión con respecto al “Estado español”, de una autonomía de dos millones de vascongados, mediante la invocación de una estrategia puesta en circulación hace un siglo por el Pres. Goodrow Wilson para balcanizar el Imperio austro-húngaro tras la Gran Guerra.
Estrategia política que se compadece bien con el baño masivo de vascoparlancia, amén del efecto pentecostal de hablar una lengua nunca vista ni oída, que legitime de facto a la CAV —“territorio histórico foral” (históricamente en los orígenes de Castilla), con crecederas paraestatales en proceso político-administrativo “pseudo-descolonizador”— un estatus de “estado asociado”, subvenido por una Unión de Repúblicas Socialistas… —el Estado español será el paraíso, patria de la humanidad; perdón, UMMAnidad—.
Fábula de(l hacha y) la serpiente
Y sin reparar en gastos, mutando, para mayor abundamiento, su propia planificación, como se viene haciendo desde hace medio siglo con el sistema de modelos lingüísticos —y un modelo B, bilingüe, transmutado progresivamente en D vascoparlante— o una zonificación sociolingüística dizque en aras del bilingüismo, con refuerzo de una u otra lengua según zona, y tapadera de la intensificación vasquista de las castellanoparlantes.
El control de la lengua en las generaciones más jóvenes, en definitiva, como objetivo prioritario para hacer país, crear nación, construir una república vasca socialista y euscaldún, de una sola comunidad lingüística bilingüe escorada hacia la diglosia vasquista. Y es ahora o nunca, Porque a Perico (no Delgado, sino adelGAZAdo) de los Palotes hay que aFERRAZlo como sea, para sacudirle ciegos hasta el último caramelo de la piñata.
Aguadilla ¿O ahogadilla?
Y, entretanto, la etnia cuya lengua dizque fue perseguida por el franquismo —no parece haber sido tan aniquiladora su prohibición oficial, cuando surgieron ikastolas domésticas en el tardofranquismo y salían euskaldunes “de toda la vida” de debajo de las piedras, en cuanto el euskera se convirtió en una cotizada fuente de ingresos— sigue tomándose la revancha histórica contra los nietos de aquellos que presuntamente se la negaron a ella, mediante inmersión lingüística —¡al agua, pathos!— en la piscina probática —no la del milagro evangélico de una “persona de movilidad reducida”, sino la de ‘purificar el ganado destinado al sacrificio’—, con el lavado de cerebro nacionalista del alumnado en las frías aguas del batúa en aras del supremacismo totalitario vasco, y cuyos datos colaterales —bien conocidos y convenientemente maquillados— oscilan, en porcentajes nada despreciables, desde el río —Ebro— hasta el mar —Cantábrico—, entre la aguadilla o la ahogadilla —y no de niños de Gaza, sino de vascoahogados agazapados tras el salvavidas del español, porque por la boca muere el pez—, cronometrado por los vigilantes socorristas, al pie de la bandera roja, y anóxico por una lengua instru(ctivo)mental ajena a él —¡a ver cuánto aguantas sumergido sin respirar en español!, ¡qué tragaderas tienes!, o ¡menudo talento emergente estás tú hecho!—. Lumpen sociolingüístico y marginado local, hojarasca ya empapada y envoltorio de la flor innata étnica de Euskadi (‘bosque de euskos’) —como pez en el agua, con gafas de buceo para ver con claridad el fondo y navegar por internet— garantizando la supervivencia de la tribu.
Antes el naufragio que perder un sufragio (consigna). Y si no quieres taza, taza y media.
¿Susto o muerte?
Cifras VS Espíritu de la letra
Vale decir, considerables niveles de fracaso escolar calculado, cuando no ignorado. Y para empezar, entre el 15/% y 20% del alumnado con problemas cognitivos de diversa índole o escasa capacidad verbal —que exigirían por razones psicológicas la educación en su propia lengua—, junto a conflictos psico—sociales, en un sistema en estado sociológico permanente —que cuando se focaliza en el individuo lo hace desde la psicología social—, y al que escamotea su lengua castellana, haciendo de él correa de transmisión euskadiana, o incapacita en ambas, desintegrado des(h)echo escolar “analfabetizado”.
Si a ese tercio se suma otro tercio correspondiente a quien, sin dominar la lengua vasca al finalizar la escolarización, cada vez más adoctrinadora, se le da el visto bueno por su sumisión al Globalismo, en honor a la estadística —“en un grupo que suspende más de la mitad, el único suspendido es el profesor”—, sólo un tercio, con interés y capacidad, confirma el manido reclamo del bilingüismo multiplicador de las capacidades verbales.
“El precio debe ser una pérdida de todo el potencial humano que, producto de la represión de las preferencias individuales, no ha podido desarrollarse y que, debido a la ausencia de incentivos, ha optado por permanecer en la mediocridad” [KAISER: 110].
Teleología de la inmersión educativa en vasco
Una premeditada koiné de dialectos del vascuence, diseñada con tiralíneas en 1968 por los autores intelectuales (o cerebros grises) del Frente Cultural Vasco(pa’lante) como jerga identitaria formal de cohesión nacional-socialista —constructo de escritura oral para quien careciera de dialecto o habla local previos, no menos extraña al neohablante que al euskadunzarra de toda la vida— siempre en obras, sometida a una normalización más extensiva que intensiva —que al primer vacío verbal pide el comodín del español, figura de apego y enemigo íntimo— y un aprendizaje (público o concertado) adoctrinador de pensamiento inducido e ideológica normatividad —¿qué fue del grado cero de la escritura?— de Euskaltzaindia / Real Academia de la Lengua Vasca (1919).
Mensaje en una botella que dé fe de la existencia de esa irreductible aldea Potemkin en que da sus últimas boqueadas el pueblo más antiguo y envejecido de Europa. Y ante cuya política lingüística, el maquiavelismo totalitario nacionalista no se conforma con que cualquier medio justifique el único fin de practicarle la respiración de boca en boca al “ahogado más hermoso del mundo” (que escribiera el maketo García Márquez), sino que blinda su plan, acusando a cualquiera que ponga en entredicho sus medios de intentar acabar con su fin estratégico “atacando al euskera”, como si un sistema de signos fuera un ser animado —que tal vez lo sea, pues son cada vez más numerosos los animistas que, no contentos con vivir en euskera, exhortan a su prójimo a vivir el euskera—.
Y sin reponerse aún de este desahogo, le regurgitan a uno estos versos de Jon Juaristi:
“Jamás, sobre esta tierra de cristianos
volveré a hablar en vuestro ingrato euskera.”
Jon Juaristi, Diario del poeta recién cansado
[Pamplona, Pamiela, 1985, p. 52].
Autor
Últimas entradas
Actualidad15/08/2026¡ÚLTIMA HORA!: Granada tiembla con fuerza: un terremoto de magnitud 5 activa la emergencia y deja daños en edificios
Actualidad14/08/2026¡ÚLTIMA HORA!: Las cloacas del PSOE apuntan a Ferraz y elevan la presión sobre el Gobierno: Pedraz asumirá en solitario la investigación tras el verano
Actualidad13/08/2026¡ÚLTIMA HORA!: Anticorrupción apunta al PSOE como posible responsable penal por una presunta estructura para proteger al partido de investigaciones judiciales
Actualidad12/08/2026¡ÚLTIMA HORA!: La crisis migratoria resquebraja al PSOE de Ceuta: sus propios militantes cuestionan al delegado de Sánchez y candidato para 2027

