La justicia, el sistema judicial, es base y pilar de la civilización, de la paz, de la libertad y buena convivencia en cualquier colectivo, sociedad y nación. Es, al tiempo, el poder fundamental que, cuando está bien administrado, alumbra a los otros, pues temen su capacidad de imponer penas. Cuando la justicia se vuelve injusta, por el motivo que sea, la tiranía vence y se asienta. Sin justicia no hay convivencia posible. Para la partitocracia que nos oprime, fue objetivo prioritario demoler la justicia, anular el único poder, la penúltima razón -la última son las FFAA-, que podía oponérsele; entre otras cosas porque sabían que tarde o temprano todos se iban a sentar en el banquillo, y nada mejor para entonces que tener, también, al sistema judicial en sus manos. España es hoy una nación sin justicia porque así se ha querido por unos y se tolera por todos.
Primero fue la inconstitucional ley de elección del poder judicial de 1985 -sí, del PSOE, qué casualidad-, ley que el PP nunca ha modificado ni lo hará -¿casualidad, también?-; después la promoción a jueces de los que nunca lo habrían sido -¿casualidad también del PSOE aceptada por el PP?-; a continuación los “sindicatos” bajo máscara de “asociaciones”. Con todo ello, la politización sectaria de la justicia, su consiguiente corrupción y su demolición actual que hoy sufrimos, entre cuyos males está la impunidad del transgresor y la indefensión del cumplidor, o sea, y en una palabra: la injusticia; y a las múltiples pruebas me remito sin distinción del color político de quien pasara por la Moncloa.
Los escándalos judiciales se repiten y multiplican a ritmo vertiginoso cual champiñones en otoño. El sistema judicial está corrompido hasta el tuétano, ergo no hay justicia, por lo cual la convivencia se deteriora a pasos agigantados. Sin poder judicial, sin sistema judicial, la tiranía se consolida sin freno que la pueda detener. Los tiranos y los corruptos, delincuentes todos ellos, campan a sus anchas porque nada temen. Al ciudadano de orden sólo le queda tomarse la justicia por su mano, pero hacerlo es difícil y conlleva el riesgo de que sea… sí, sí, él sí, sometido a la in-justicia que nos aplasta.
Tenemos un sistema judicial que proviene del siglo XIX y que apenas se ha modificado. Es una maraña, un galimatías incomprensible, ineficaz, prevaricador, burocratizado hasta lo indecible y económicamente extorsionador. Hay múltiples instancias judiciales: ordinaria, audiencias provinciales, superior, suprema, constitucional, que se pasan la pelota de unos a otros hasta que se desinfla. Los pleitos, se eternizan y, finalizados, ni se cumplen. Los jueces suelen ser autómatas y mindundis intelectuales dotados sólo de gran capacidad de memorizar textos para… aprobar. Se puede ser juez o funcionario de justicia hoy, mañana presentarse a un cargo político y pasado mañana volver a donde la imparcialidad debe ser pilar de su trabajo. En fin, sigan ustedes.
Claro que todo lo dicho y mucho más que podría añadir se debe, sobre todo, a los propios funcionarios, desde los jueces hasta el último secretario o auxiliar que se han dejado llevar, corromper, sin oponerse e incluso lo han hecho con entusiasmo, sea por sectarismo ideológico, intereses creados, cobardía o simple indolencia, sin querer darse cuenta no sólo del terrible mal que han provocado, sino incluso de que con ello han perdido su poder que era inmenso, el penúltimo -el último son las FFAA-, que podía frenar la degeneración y decadencia de nuestra sociedad y nación, la cual, aunque beneficie a algunos durante un tiempo, acaba perjudicando a todos, también a ellos, ya lo verán.
La justicia humana será siempre imperfecta, pero hay grados de imperfección y España se lleva, en esta época, la palma. Nixon tuvo que dimitir por la acción de un simpe juez. Zarkozy va a prisión por la de otro juez ordinario. Aquí la in-justicia viene mareando la perdiz desde hace décadas. González no fue ni siquiera juzgado por su corrupción, y quien gritaba que iba a tirar de la manta, Aznar, cando llegó y le preguntaron dijo “Yo no soy un ángel vengador” y de ahí hasta hoy, y de arriba, el rey incluido, abajo, todo quedó claro, acordado y sellado. Ya verán como ahora ocurrirá igual.
¿Hay solución? A vista, y de momento, no, sino que irá a peor, lo siento.
Autor
Últimas entradas
Actualidad22/06/2026Camille Plagia: el feminismo antifeminista. Por Francisco Bendala Ayuso
Actualidad05/06/2026León XIV: una visita inoportuna y cómplice. Por Francisco Bendala Ayuso
Actualidad01/06/2026¿Quién fue Zapatero? Por Francisco Bendala Ayuso
Actualidad25/05/2026¿Zapatero? No, es el PSOE. Por Francisco Bendala Ayuso

