El Rijksmuseum o Museo del Reino, sito en la holandesa Ámsterdam, todavía conserva su función original y ofrece al visitante lo que espera: una gran colección de obras de Arte. Y tal vez esto parezca una obviedad, pero no está de más subrayarlo porque, de un tiempo a esta parte, son pocos los museos que no han sucumbido a esa peste de la “redefinición de espacios”, “resignificación de obras” y “renovación del concepto expositivo”. De hecho, en nuestro último viaje por los Países Bajos, sólo el Mauritshuis, la recoleta Galería del Príncipe Guillermo V –ambos en La Haya–, el Museo Teyler –en Haarlem– y el Plantin-Moretus –en Amberes–, se ajustaban a lo que un ser humano normal entiende por museo; esto es, un bello contenedor que guarda y exhibe un contenido valioso de la forma más adecuada para su comprensión y disfrute. No un “marco” propicio o “ideal” para dar realce iconoclasta a cualquier ocurrencia, iniciativa o expresión “cultural”, entendiendo por “cultural” lo que el “experto” de turno decida en función de presuntas modas o tendencias. Pongamos por caso, el precioso Museo Van Loon –en Ámsterdam–, invadido por terribles “retratos de personas racializadas” vestidas de la forma más hortera y estridente que pueda imaginarse… o el Museo Real de Bellas Artes de Amberes, donde el visitante se encuentra, nada más llegar, una turba de mamarrachos haciendo mindfulness en el Gran Salón de Rubens, y las salas de los “Viejos Maestros” literalmente okupadas por las “creaciones” postmodernas de la exposición “Collected with vision”[1].
Dicho lo anterior –disculpe el lector el preámbulo y desahogo–, quiero detenerme en algunos elementos del Rijksmuseum que no suelen concitar la atención del visitante, pero que merecen alta estima por su calidad y belleza; concretamente, las vidrieras y murales que decoran el vestíbulo o “Gran Hall” que precede las salas de los “Grandes Maestros” y los lunetos de la llamada “Galería de Honor”. Las primeras, ejecutadas por el inglés William Francis Dixon (1847-1928), y los segundos, diseñados por el austriaco Georg Sturm (1855-1923), según el proyecto del arquitecto responsable de la construcción y ornamentación del Rijksmusum, Pierre Cuypers (1827-1921).
Dicho proyecto fue polémico debido al catolicismo de Cuypers y sus colaboradores más próximos, el historiador del Arte Victor De Stuers (1843-1916), a la sazón Secretario de la “Junta de Asesores Gubernamentales para los Monumentos Históricos y Artísticos”, y el escritor Joseph Alberdingk Thijm (1820-1889). Hasta el punto de que no sólo fueron objeto de ataques en su época, sino que apenas una década después de completarse la ornamentación del “Gran Hall” y la “Galería de Honor” en 1910, quien fuera director del Rijksmuseum entre 1922 y 1941, Frederik Schmidt Degener, ordenó retirar las pinturas de Sturm e incluso dio instrucciones para que fueran destruidas[2].
Por suerte, las vidrieras y los murales sobrevivieron y lo cierto es que sin el enfoque “católico” del programa iconográfico concebido por Cuypers, De Stuers y Alberdingk Thijm, empeñados en recuperar una visión amplia del Arte y la Historia de Holanda, incluido el Medievo y el Renacimiento anteriores a la Reforma, no se recordaría hoy a los artistas holandeses católicos significados en él.
Las vidrieras[3] de Dixon son en sí mismas una reivindicación del gótico, y muestran las Artes y sus numerosas ramas, rindiendo homenaje a algunos holandeses ilustres en cada una de ellas. De izquierda a derecha, la primera gran vidriera ojival está dedicada a la Pintura. En ella reconocemos, en su parte más baja, al mítico Apeles (clasicismo), seguido por los pintores locales Willem van Heerle (medieval), Lucas van Leyden (renacentista) y Rembrandt (barroco). Sobre ellos, se distinguen algunas especialidades de este arte, como la iluminación de manuscritos, el arte de la vidriera, la pintura de caballete y la pintura al fresco; y, más arriba, observamos la representación de otros oficios como visscher (pescador), boer (agricultor), werkvigkundige (ingeniero) y koopman (comerciante). En el espacio semicircular que remata cada uno de los cuatro tramos verticales en que se divide la ventana, figura un mes del año; y en la parte superior, ocupando la luz circular que remata la vidriera, la Fe.
El siguiente vitral, cuadrangular y de menores dimensiones, está dedicado a la Filosofía y la Teología. Nos muestra a Platón y Tomás de Kempis[4] en el nivel inferior y, sobre ellos, dos escenas representando la enseñanza y el estudio.
A continuación, en una posición central frente a la “Galería de Honor” –al final de la cual se encuentra la Ronda de noche de Rembrandt–, otra vidriera ojival de grandes dimensiones conmemora la Arquitectura. En la parte inferior de esta ventana cuatro mujeres representan los principales estilos arquitectónicos: clásico, paleocristiano, gótico y renacentista; sobre ellos, oficios vinculados a la construcción como albañil, herrero, carpintero y constructor naval; más arriba, las figuras de un médico, un obispo, el rey y un soldado, y, en lo más alto, en el vidrio circular en contacto con el intradós del arco, la Caridad.
A su derecha, un vitral rectangular de menor tamaño dedicado a la Poesía y la Música nos presenta a Joost van den Vondel[5] y a Jan Pieterszoon Sweelinck[6] y, sobre ellos, dos escenas que representan la recitación y la ejecución instrumental.
Finalmente, una última ventana apuntada de gran tamaño tiene la Escultura por motivo central. En la parte inferior, el gran Fidias junto a los escultores holandeses Jan Sluter (medieval), Jan van Terwen (renacentista) y Hendrik de Keyser (barroco)[7]; encima, se nos muestran distintas especialidades como la talla en mármol, la escultura arquitectónica, la talla en madera y la orfebrería. Más arriba, otros oficios ligados al trabajo manual: bouwmeeser (arquitecto), wever (tejedor), pottermakker (ceramista) y goudsmid (orfebre). Y, por último, el medallón superior representando la Esperanza.
Por lo que se refiere a los murales, hay que decir que su autor fue el austriaco Georg Sturm, quien, pese a su juventud –apenas 28 años cuando empezó a trabajar en los diseños–, poseía una sólida formación –ya que se había instruido con su padre, Friedrich Sturm (1823-1898), profesor de la Escuela de Artes Decorativas de Viena, y con el muralista Ferdinand Laufberger (1829-1881)–, y por aquellas fechas ya era profesor de la Rijksschool voor Kunstnijverheid (Escuela Nacional de Artes Decorativas de Ámsterdam). De hecho, en la ejecución de los murales aludidos –realizados entre 1885 y 1910– participaron como ayudantes sus alumnos en dicha escuela [8].
Las pinturas del “Gran Hall” recorren la Historia de Holanda, reivindicando también y muy llamativamente el período anterior a la Reforma, con episodios como “Willibordus predicando a los frisones[9]”; “Jan van Schaffelaar sobre la torre de Barneveld”[10]; “El obispo Bernulphus, promotor de las Artes”; “El caudillo bátavo Georg Claudio Civilis llamando a la rebelión”[11]; “Guillermo I el Bueno sentencia al alguacil de Kennemerland[12]”; “Carlomagno y Einhard[13”…, destacando en ellos cualidades morales y evitando la perspectiva reduccionista y maniquea de una Holanda fundada en el protestantismo. Es decir, poniendo el foco no en las Guerras de Religión, sus héroes y mártires, sino en los aspectos positivos vinculados al mundo del conocimiento: “El arquitecto Jacob van Campen mostrando el modelo del edificio del Ayuntamiento de la ciudad de Ámsterdam”; “Artesanos holandeses del siglo XVII”; “La invención del reloj de péndulo por Christiaan Huygens”, “Hugo de Groot escribiendo sus obras académicas”[14]… así como alegorías de la Verdad, la Bondad y la Belleza; Fe, Esperanza y Caridad; la Prudencia, el Sacrificio, la Justicia, la Ciencia, las Artes, el Cálculo, la Industria, la Geometría, la Música, las Matemáticas, la Astronomía y la Ingeniería… ¡hasta treinta y seis escenas en total!, en las que pueden contarse, además, treinta medallones con retratos de pintores, escultores, arquitectos, poetas y compositores, sólo en el vestíbulo.
Georg Sturm realizó también cartones para los catorce grandes paneles de azulejos con representaciones históricas y artísticas que decoran el exterior del museo (en las fachadas oeste, este y sur), veintiséis más pequeños con heraldos que portaban los escudos de las ciudades y pueblos holandeses más importantes en el ámbito artístico (en la fachada norte) e infinidad de bocetos y modelos, destinados, entre otras cosas, para ilustrar algunos de los paneles de las vidrieras de William Francis Dixon que no satisfacían a Cuypers y De Stuers.
No muy querido en Holanda por su condición de extranjero –Sturm se casó con una austriaca y nunca renunció a su nacionalidad–, su carácter reservado y, sobre todo, por excluir en sus motivos a Guillermo de Orange –“Padre de la Patria” holandesa–, Sturm demostró ser un extraordinario muralista, a la altura de los más grandes –como el gran artista checo Alphonse Mucha (1860-1939), con el que guarda nexos evidentes– en un período –el cambio de siglo– que fue la edad dorada de las artes decorativas y en el que abundaron los artistas de primer nivel[15].
En todas y cada una de las pinturas llama la atención la armonía de la composición, la perfección y limpieza del dibujo, el dominio de la anatomía y la documentación histórica de objetos y vestimentas. El dibujo de las figuras de cada mural, ampliado y transferido al lienzo mediante cuadrícula, queda realzado por el suave y dulce colorido de la pintura, a partir de tonos poco saturados fruto de la mezcla de óleo y caseína, obteniendo así un efecto mate y luminoso[16], discreto a la par que atractivo.
Por otra parte, el colosal trabajo pictórico de Sturm abarca también los diez lunetos semicirculares de la “Galería de Honor” –ocho en los laterales largos y dos sobre las puertas del Vestíbulo y la Galería de la Ronda de Noche– que rinden homenaje a los artistas holandeses. En el centro de cada luneto, una figura femenina simboliza el tipo de arte en el que destaca cada provincia y, flanqueándola a ambos lados, artistas especializados trabajando en algún aspecto del oficio. Así, por ejemplo, la cerámica se asocia a Holanda Meridional (por la industria cerámica de Delft); el arte textil a Zelanda (y su tradicional industria del lino) … pudiéndose identificar, entre otros, un carpintero cepillando un tablón, un monje iluminando un manuscrito, un arquitecto midiendo con un compás, un artesano repujando un plato metálico, un artesano pintando una pieza de porcelana, un grabador, un cantero, un pintor de caballete…
Finalmente, si nos fijamos en la estrecha banda inferior de los lunetos que recorre todo el perímetro de la Galería podemos observar los nombres de los pintores Jan van Helm y Jacob Ruysdael (c.1628-1682); Ferdinand Bol (1616-168o) y Bartholomeus van der Helst (1613-1670); Gabriel Metsu (1629-1667); Jan Steen (c.1626-1679), Rembrandt (1606-1669), Frans Hals (1582-1666) y un largo etcétera.
NOTAS AL PIE
[1] Organizada por la “curadora” Lisa van Gerven, y justificada como un “diálogo” entre los Viejos Maestros y el Arte Contemporáneo, esta exposición (del 4 de abril al 12 de octubre de 2025) permite al visitante “disfrutar” de una aberrante “instalación” visual y sonora de un tal Tony Oursler; fotografías de un enfermo de SIDA (obra de Nan Goldin) entre obras de Rubens y Van Dyck; un espantoso retrato de Alice Neel al lado de una Mater Dolorosa de Pedro de Mena; un bodrio titulado Skull head I de un tipo llamado Thomas Houseago junto a pinturas del siglo XVI; una enorme mosca irisada en una vitrina que exhibe pequeños retratos del siglo XV; un cachivache gigantesco titulado “Melted House” (casa derretida, de un tal Erwin Wurm) en medio de una sala de hermosos paisajes del siglo XIX; unas rocas gigantes pintadas de rojo ocupando otra sala, firmadas por un pájaro llamado Christophe Coppens; un armatoste del vietnamita Dahn Vö; una “composición” indefinible hecha con maderas obra del “genio” Tadashi Kawamata; telitas enmarcadas y muy “comprometidas” de Louise Bourgeois: “Sewing is a process of emotional repair” (coser es un proceso de reparación emocional); una mano-garra gigante dando vueltas en una pared; unos muñecos de Juan Muñoz colgando de otra; proyecciones “conceptuales”… y entre tanto chirimbolo estridente, chisme “sofisticado” y cacharro ruidoso, reparamos en que los cuadros de Rogier van der Weyden se encuentran dispersos en cuatro salas diferentes y muy alejadas entre sí… ¡Qué gran “criterio” ese que pretende igualar por la fuerza lo que no es comparable!
[2] Mandó cubrir el suelo de terrazo con figuras de mosaico, retiró las pinturas murales sobre lienzo de Georg Sturm y repintó la decoración del techo abovedado.
[3] Para más información, léase: Julia van Leeuwen, “The Stained-Glass Windows in the Entrance Hall of the Rijksmuseum: A Coloured National Art History”, Rijksmuseum Bulletin, vol. 70, nº 1 (2022), pp. 28-59.
[4] Canónigo agustino autor de la famosísima guía espiritual De imitatione Christi (c.1418).
[5] El más importante dramaturgo y poeta del Siglo de Oro holandés, fue un firme defensor de la tolerancia religiosa frente al calvinismo. Nacido en un entorno anabaptista menonita, se convirtió al catolicismo en 1641.
[6] Organista y compositor holandés (1562-1621). Conocido en Alemania como el “fabricante de organistas”.
[7] Originalmente se pensó en Artus Quellinus (1609-1668), que trabajó en Ámsterdam casi toda su vida, pero por un criterio nacionalista (Quellinus era flamenco), finalmente se decidió seleccionar un artista de los Países Bajos del Norte (Holanda).
[8] Entre los que cabe citar, por ejemplo, a Jan Visser Jr. (1856-1938) o Gerrit Dijsselhof (1866-1924) o Chris Lebeau (1878-1945).
[9] Tribus de etnia germánica asentadas entre Holanda, Alemania y Dinamarca.
[10] En el conflicto entre los Hooks y los Cods, Jan van Schaffelaar (del bando de los Cods) lideró el asalto y conquista de la torre de Barneveld el 16 de julio de 1482. Pero, atrapados en la torre por los Hook, éstos anunciaron que sólo aceptarían su rendición si los asaltantes derrocaban a Jan van Schaffelaar. Para evitar que mataran a sus hombres, Jan van Schaffelaar decidió arrojarse desde la torre.
[11] Revuelta contra Roma en el año 69, conocido como el “año de los cuatro emperadores”. Tras la deposición y muerte de Nerón en el 68, le sucedieron Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano, que gobernó desde el 69 hasta su muerte en el 79.
[12] Localidad de Frisia occidental.
[13] Consejero y biógrafo de Carlomagno, escribió la “Vida de Carlomagno” entre el 830 y 833.
[14] Jurista, autor de De iure belli ac pacis (Sobre el derecho de la guerra y la paz, 1625).
[15] No debe confundirse luminosidad con brillo.
[16] En el contexto histórico en el que nos movemos, con Bélgica independizada en 1830, y cuando por supuesto existía el Imperio Austrohúngaro, podemos citar grandísimos muralistas también en los países más pequeños de Europa, como los checos František Ženíšek (1849-1916) y Václav Brožík (1851-1901), responsables de la decoración del Národní Museum de Praga; el húngaro Károly Lotz (1833-1904) , autor de fantásticas pinturas para el edificio del Parlamento y el Palacio Real en Buda; o los belgas Godfried Guffens (1823-1901) y Jan Swerts (1820-1879).
Autor
Últimas entradas
Actualidad11/08/2026Artistas españoles en Londres. Por Santiago Prieto Pérez
Actualidad21/07/2026La Galleria Corsini, en Roma. Por Santiago Prieto Pérez
Actualidad13/05/2026La Biblioteca Angelica, en Roma. Por Santiago Prieto Pérez
Actualidad22/04/2026Virtuosismo barroco: maestros del estuco en las iglesias de Roma. Por Santiago Prieto Pérez
