Josué Cárdenas debe de estar que trina contemplando al valorado Vito Quiles, cuando suciamente intentó defenestrar a la competencia periodística echando pestes en un oportunista libro editado por SND editores. El oportunismo ha sido proporcional al drama de estos últimos años. Hay una cueva de albañales fingidamente patrióticos, dados al sectarismo informe del interés especulativo con la excusa de España. Ergo, todo por la pasta y Viva España para el bolsillo. Es mi contrastada experiencia y mi exacta y fidedigna descripción de la manada patriotera que no patriota en busca de propios intereses: parásitos que se nutren de la tragedia ajena regurgitando la palabra España. Y así que nos va con estos «expertos» salvadores de pacotilla.
Vito Quiles sale reforzado después de ser descrito con falsedad por el iracundo elemento de juegos sucios que vomitó lo peor de sí mismo con la crítica de sus jefes y compañeros de profesión en el fracasado Dentro de la fachosfera. Este Josué al que le vas conociendo de verdad cuando menos te lo esperas, es lo más parecido a una serpiente que hinca a traición el colmillo con el carácter propio de una psicopatía no diagnosticada; así lo definía una de las personas que lo acogieron para recibir la puñalada inesperada. Su agresividad discursiva es sólo la punta del iceberg de un interior retorcido.
El mercenario de los intereses oscurantistas tras la apariencia patriótica, burdo sucedáneo del periodismo que representa Vito Quiles, como buen arribista solapado intentó criticar a sus compañeros de profesión viéndose el plumero de trepa y cobarde que usa sucias estrategias para encumbrarse. Debe de estar relleno de envidia, además de inoculado de grasa por las carnes que se mete entre pecho y espalda, cuando el muy cobarde se retiró de la primera línea del efectismo provocador recibiendo una somanta de palos por parte de los antidisturbios de la Policía-acaso se creía el teatrero que con una credencial periodística podía avasallar sin consecuencias-que le pusieron los pies en el suelo y las lorzas arrastradas y machacadas por las porras. Debe de trinar cuando el perro ladrador se esconde en los platós, en tanto Vito Quiles se patea los aledaños del Congreso en busca de alimañas, y se erige en puntal del periodismo honrado que él ni en sueños puede imaginar.
Josué Cárdenas: «El más odiado arribista del periodismo español»
Porque, según los que le han tratado, a Josué Cárdenas se le conoce en cuanto saca esa vena rastrera que con el tiempo se le ve por ser un envidioso mediocre de lengua larga y pundonor corto; el que insulta a terroristas que ya no matan…o que pueden matar… Si se lo piensa, el acobardado saguntino se mordería la lengua con sólo pensar que el colmillo de la serpiente aún puede inocular veneno si ataca.
A diferencia de Vito Quiles, al periodista insano en la crítica contra sus compañeros le falta un hervor de madurez cuando se manifiesta ñoño hasta el ridículo, llorón y pusilánime con las cuitas del amor no correspondido. Un contraste de feroz diatriba con la más estúpida actitud sensiblera que el muy compungido hipócrita desata en los mediocres versos de sus libros fracasados. Vito Quiles ha madurado con la profesión sin pisar a nadie, en tanto el otro es un poetastro de fondos sensibleros y corazón oscuro.
Libros fracasados como el poemario infantiloide de alguien que desconoce la experiencia de la vida que luego se convierte en la prosa traidora de quien insulta y ofende a colegas del periodismo, a los que desuella con cariz propio de un psicópata. La bipolaridad la lleva tan profundamente arraigada que sólo el tiempo permite vislumbrar la putridez de una conciencia disfrazada. Y si se ponen a observar la mirada fría del acobardado patriotero que se retiró de la escena callejera cuando los toros saltaron al tendido, comprobarán por sí mismos que la hipocresía más sangrante es lo que caracteriza a este polemista sin escrúpulos que puso a parir a personas tenaces y honradas como Vito Quiles; muerto de celos cuando el osado periodista se revela como el puntal de la batalla de la corrupción, en tanto los sebos cerebrales de Josué se desparraman ante la cámaras, interesadamente-España le importa una mierda- buscando suciamente, si tercia, el hueco que Alfonso Rojo le ha facilitado sin saber que tiene una víbora en el nido de nobles aves como son Bertrand Ndongo y cuantos componen el equipo de Periodista Digital. No saben lo que tienen dentro pero igual, a estas alturas, ya lo sospechan.
Vito Quiles, en tanto el trepador y magro becario Cárdenas usaba nuestras tragedias en el 2020 para buscarse la fama, con noble humildad lo entrevistó con el objeto de ayudarle a ser conocido y darle más visibilidad personal y profesional. Poco se imaginaba que alimentaba a una alimaña lisonjera que con rastreras estrategias pretendía sentar las posaderas allá donde envidiaba la suerte labrada de sus compañeros. Se les coló una manzana podrida del ventajismo sin escrúpulos que llegó el último para posicionarse primero, después de intentar aplastar a colegas dignos y respetables. Pero la vida da muchas vueltas y cuanto más cree el necio que se sale con la suya, más se coloca todo en su sitio para dejar al innoble en evidencia. Al tiempo, la vida da a los hipócritas en lo personal lo que siembran, por mucho que engañe la apariencia. Al miserable se le va conociendo cuanto menos disimula ser él mismo, confiado en su pútridos intereses que no duda en dejar cadáveres por el camino hasta que termina enterrado él mismo.
La rabia debe supurarle con sudores fríos a este becario de poca monta y altos vuelos de bajeza personal al que se han dado perlas que como buen puerco hocica, ensoberbecido en su estrategia de trepa que no dudó en provocar a ETA, a sabiendas de que las armas no escupirían fuego. Pero si cambia el tercio, dudamos que los asesinos olviden sus bravuconas ofensas que fueron, en realidad, un insulto a los verdaderos luchadores por la libertad. Quienes con menos provocación fueron abatidos en una masacre constante que el engreído y bisoño periodista jamás vivió. Así cualquiera, si a la osadía del ventajista se suma la ignorancia de quien se arredra a poco que mide la imprudencia de sus verborreas ofensivas. Cobarde.
Las grasas mentales del radical Josué Cárdenas, de ira impostada y seborreica buscando el efectismo estafador del discurso por la patria, son nada comparado con la solidez y la humildad de Vito Quiles, quien sin sentirse protagonista de las circunstancias se ha convertido en la principal referencia del periodismo honrado; algo que Josué Cárdenas no alcanzará por mucha vida que tenga por delante e impostada honestidad de la que carece. Los que le conocemos, de verdad, sabemos de la ponzoña que respira por oxígeno, envenenado de sí mismo. En esa mirada fría subyace el interés de un degenerado que traicionará a la primera de cambio a aquellos que lo valoran confiados y que hasta le pagan su deficiente redacción. Con el transcurso del tiempo será develado lo retorcido que esconde, si antes alguien no decide que sus ofensas llegaron demasiado lejos con absoluta impunidad.
Ese tiempo inexorable pone a cada cuál en su sitio y las siembras de Josué Cárdenas no son buenas, a pesar de la apariencia, puro espejismo en un ser dotado de vileza y pertrechado de engaños. La buena cosecha de Vito Quiles redunda con solidez en el bien de España. La diferencia entre Quiles y Cárdenas es que Vito es digno y no un sensiblero hipócrita con las entrañas del alma podrida, a quien la vida se encargará de bajarle los humos cuando menos lo espere. Eso se llama karma.
Josué Cárdenas, el valiente que provocó a ETA. Por Ignacio Fernández Candela
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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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