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Más allá de los sondeos demoscópicos -siempre relativos y manipulables- la sensación de crecimiento del área de la Derecha histórica parece fortalecerse día a día. Según los datos de Winpoll para el periódico financiero Il Sole 24 Ore, la coalición de “centro-destra” supera el umbral del 50% en la preferencia frente a una izquierda progresista fragmentada y en crisis como el M5S y el Pd.

Tampoco es novedad porque, a pesar de la crisis política casi permanente del panorama político italiano, Lega, Fratelli d’Italia y Forza Italia no dejan de crecer, a pesar de las diferencias dentro de la coalición respecto al Gobierno Draghi. La Destra juega sus cartas dentro y fuera del poder: los de Salvini y Berlusconi dentro, y los de Meloni fuera con “apoyos patrióticos puntuales”.

Si bien Italia es una, también es evidente las diferencias entre las diferentes regiones. Grosso modo, la división Norte-Sur aún sirve para interpretar aspectos históricos, políticos, sociales y económicos del Bel Paese. En el Norte manda Lega con un con su 28,8% y en el Sur crece Fratelli d’Italia con un con el 24,2% en detrimento del M5S. Si todo sigue así, las históricas “zonas rojas” van camino a perder su color.

Italia, como el resto de Europa y el mundo, también sufre el impacto pandémico sanitario, social y político global. No cabe duda de ello. Las clases medias, trabajadoras y menos favorecidas son las que padecen directamente las consecuencias del poder de las élites globalistas. El desencanto, desconfianza y hastío hacia la clase política es real y está justificado.

Sin embargo, Italia cuenta hoy con figuras del sector definido como patriótico, soberanista, e identitario de derechas, que no ha roto los puentes con su pueblo y en los que se depositan las esperanzas de millones. Y eso es un activo a tener muy en cuenta. A diferencia de otras naciones -según los números y la percepción ciudadana- este sector es mayoría. El discurso único global, políticamente correcto y asfixiante tiene una barrera de contención y de principios que se echa de menos en otras latitudes.

La política de partidos y de alianzas nunca es ideal, homogénea ni mucho menos, esto es sabido. Los intereses personales y de sector existen y entran en conflicto, siempre ha sido así. La lucha por el liderazgo también, es lógica, natural y comprensible. Salvini y Meloni hoy no escapan a ello, son dos jóvenes protagonistas que, quieran o no, se necesitan mutuamente y están condenados al entendimiento por el bien y el futuro de los italianos. Il Cavaliere Silvio Berlusconi acompaña, en parte, con los restos de su partido y su carisma populista que -hay que reconocerlo- abrió el camino hace tres décadas a lo “políticamente incorrecto”.

Para la política real, para poder ganar y gobernar, se necesitan todos los actores, y ello será posible en coalición. El 59% de los encuestados cree que en las próximas elecciones políticas será Matteo Salvini quien vuelva a liderarla. Tengamos en cuenta también que Fratelli d’Italia está hoy en la oposición, y por tanto podría también ser capaz de recoger parte del descontento por alguna actuación o decisión del gobierno Draghi que no sean del gusto de todos. Meloni apuesta a ello. En Italia son difíciles los pronósticos y muy fáciles y frecuentes las sorpresas.

A pesar de las dificultades, desavenencias, crisis y entorno hostil, En Italia puede abrirse muy pronto un camino a contracorriente, cuanto menos incomodo, para los que buscan la uniformidad de pensamiento y sumisión. Solo el tiempo y los italianos, más tarde o temprano tendrán la palabra.

Autor

José Papparelli
ÑTV España
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