15/08/2026 04:51

No es el primer caso, sin duda, ni puede que el más sangrante, aunque desde luego lo es y muchísimo, pero viene bien citarlo para darnos una idea, una más entre tantas ya, de cómo de mal está nuestro sistema judicial, posiblemente la parte que más destrucción ha sufrido desde la engañosa imposición de la «democracia»; ese que no es el menos malo de los sistemas, sino el peor.

En 2021, dos hijos de su madre se «pican» en el interior de los túneles de la M-30 madrileña, llegando a alcanzar en dicho «pique» hasta los 170 km/h. Van retándose, zigzagueando, adelantándose y volviendo a adelantarse. Todo a altas horas de la madrugada. Hasta que pierden el control y uno de ellos embiste por detrás a un pobre hombre, joven médico de profesión que regresaba de su guardia, por cierto, voluntaria. Y el golpe es de tal calibre que el médico muere en el acto, dejando a la viuda recién embarazada y un hijo pequeño que ya tenían. No nos podemos imaginar el drama.

Detenidos los dos…, no hay calificativos, ambos dan positivo hasta las cejas en alcohol y drogas. Tras declarar…, ¡¡son puestos en libertad!! y… ¡¡pasan cinco años!!, sí, como lo leen, cinco largos años, es decir, que el feto llega ya a los cinco años y el otro niño a siete, durante los cuales la viuda pena su terrible situación. Y… por fin llega el momento del juicio. O sea, que se han tardado cinco años en sustanciar todo el trámite necesario para lograr que se celebre el juicio. Tampoco hay palabras.

¿Y qué pasa ese día? Pues que de los dos animales se presenta sólo uno y el otro se ha fugado. ¡Cómo no! Después de disfrutar de cinco años de libertad en los que ha vivido, trabajado y se ha divertido, y no sabemos si ha seguido pegándole al mollate y a la coca o vayan ustedes a saber a qué, el pájaro ha volado. ¿Y…? ¡¡El juez suspende el juicio!! Y emite una orden de busca y captura del huido que vayan ustedes a saber no sólo dónde está, sino si se le localiza, se le pueda detener, o sea, extraditar. Una prueba más de la miér…coles de sistema judicial que «nos hemos dado» junto con está boñiga de «democracia».

Si aquí alguien tuviera un mínimo de vergüenza, de humanidad, la cosa debió ser así:

  • Detenidos los…, repito que no hay palabras, y visto lo que había sucedido, que para más inri está grabado por las cámaras que hay en todo el trayecto de túneles de la M-30, ambos debieron haber ingresado ipso facto, o sea, ese mismo día, en prisión preventiva sin posibilidad de libertad bajo ninguna circunstancia, más la inmediata retirada para siempre del carnet de conducir, a la espera del juicio.
  • El juicio debió celebrarse en un plazo máximo de tres meses; y si debían pasar cinco años hasta su celebración, pues cinco años los dos a la sombra a la espera del mismo.
  • Según parece, la máxima pena que les podía, o sea, puede caer, es de quince años que…, al parecer es lo que vale para esta «democracia» la vida del fallecido sin culpa alguna, las amarguras de la viuda y la falta del padre a los dos niños. ¡Increíble! ¡Cadena perpetua, jo…, y sin posibilidad alguna de remisión!
  • Con lo anterior, la posibilidad de que alguno de los dos se fugara, como ha hecho uno de ellos, se habría evitado cien por cien.
  • Por último, y si como ha ocurrido, uno de ellos no se presenta al juicio, éste no se suspende, se lleva a cabo, y se condena al que sí y al que no se le condena también en rebeldía y se emite la orden de busca y captura, pero no se da más aire a los culpables, pues el que se presentó ha vuelto a la calle, a seguir su vida y a tomarse cañas a la espera de… ¿qué se logre capturar al otro?

La justicia, si lo es, debe ser ejemplar y rápida; en esta «democracia» que «nos hemos dado» y de la que tanto alardean tantos, ni ejemplar ni rápida, por lo que no es justicia. Y en este caso, que lo es, y lo es en tantos, si el Estado no cumple, como no lo hace, con su parte del contrato por el cual le hemos cedido nuestro derecho a defendernos, recuperémoslo y hagamos justicia por nuestras propias manos; sí, así, como suena lo digo y lo creo, porque sí, así estamos y hasta aquí hemos llegado y no nos queda otra si no queremos sucumbir en esta sociedad, en esta «suciedad», víctimas de esta «democracia» que nos atenaza y nos somete a un sistema anárquico y salvaje en el que los ciudadanos honrados y decentes somos pasto de los que no lo son y que precisamente por la «democracia» que «nos hemos dado», son la inmensa mayoría.

Autor

Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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