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Nieves Valverde Pérez. Madre de familia sevillana. Informática, dejó de trabajar cuando nació su hija mayor. Descubrió la liturgia tradicional por sus hijos. Ha participado como voluntaria en la Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad de Oviedo a Covadonga en las ediciones de 2023, 2024, 2025 y 2026.
¿Qué supone para usted haber peregrinado un año más a Covadonga como voluntaria?
Supone una oportunidad para ofrecer esos días, renovar el encuentro en torno a la liturgia tradicional con tanta gente querida, ofrecer el servicio que prestamos para que todo salga lo mejor posible. Es una manera distinta de peregrinar, y los que por uno u otro motivo tenemos dificultades para participar caminando encontramos en el voluntariado la manera de hacerlo.
¿Y el hacerlo con tantos miembros de su familia?
Una alegría añadida. El primer año que pudimos venir, mi marido y yo decidimos hacerlo como voluntarios y que nuestros hijos caminaran. El segundo año que vinimos, nuestro hijo pequeño tenía una lesión en un pie y acompañó a mi marido en su voluntariado, y desde entonces se ha hecho un “fijo” en su equipo, el de orden de paradas, encargados de organizar los puntos de parada durante cada etapa -media mañana, comida y media tarde- organizando el reparto de agua, fruta, pan…
Existe una opción de peregrinación que es la ruta de familias, con menor recorrido adaptado para ellas, y nuestras hijas se apuntaron como voluntarias en ese apartado, para organizar las familias en los puntos de inicio y fin de su recorrido, acompañarlas en los autobuses… Y este año además se incorporó al equipo de familias nuestro futuro yerno, ya que nuestra hija mediana se casa el año que viene.
En mi caso, estoy en el equipo de transporte de personas, donde nos encargamos de atender y trasladar a aquellos peregrinos que durante la etapa sufren algún percance y no pueden seguir caminando, o de traslados que necesite alguien de la organización o del clero.
¿Cómo va viendo que la peregrinación se consolida y va mejorando su organización con los años?
Me parece un regalo de la Providencia. Aunque las dos primeras ediciones no pudimos venir, sí conocíamos desde muy cerca todo el proyecto y vemos la evolución. Tanto en la participación como en la organización. El crecimiento ha sido enorme, con muchísimas familias con niños pequeños, incluso bebés. Esto te da una esperanza muy grande. No sólo por ver que el futuro está aquí, que los jóvenes buscan, necesitan la tradición, también por ver a gente que se acerca por simple curiosidad y acaba enamorada de esto. Incluso vemos en esta sexta edición a parejas que se conocieron en la peregrinación y ya están viniendo con sus hijos pequeños. Es una maravilla.
En cuanto a la organización se va mejorando muchísimo año a año. La primera edición salió todo bien… porque Dios quiso, porque se iba con toda la ilusión del mundo pero también con toda la inexperiencia. A partir de ahí se ha ido aprendiendo y mejorando de manera exponencial. Los organizadores además le dedican muchísimo tiempo, aprendiendo de otras peregrinaciones, sobre todo de la de Chartres, en Francia. La dedicación de nuestros jefes es impresionante y muy de agradecer.
Igualmente hay que destacar el fervor en lo religioso y el fraternal ambiente en lo humano…
Por supuesto. Sin eso, no tiene sentido nada más. La tradición no es rezar en latín, es amar y redescubrir el tesoro de la Iglesia, de su Magisterio, de su enseñanza, en suma, de su tradición. Y parte importante de ella es, por supuesto, la liturgia que alimentó a los santos durante siglos y siglos. El conocer y entender esta liturgia te hace conocer y entender mucho mejor la fe de la Iglesia. Lex orandi, lex credendi. El cómo rezas modela lo que crees. Y, por supuesto, lex vivendi. Esa fe tiene que transformar tu vida. Y eso hace que, tras rezarle a Dios, te vuelvas hacia el hermano. Y aquí todos lo somos y estamos para servirnos unos a otros, sirviendo con ello a Dios.
¿Qué ha supuesto para usted el poder vivir la caridad y ayudar a desplazarse a las personas con algún pequeño percance?
Cuando pudimos plantearnos el participar en la peregrinación entendimos que, para los que no podíamos afrontar los casi 100 kilómetros, estaba la oportunidad del voluntariado. Y me apunté al equipo de transportes. Durante tres años serví en ese equipo, con José María García y con la Hermana Ana Payo como responsables. Ahí tuve la ocasión de atender a todos esos peregrinos, hablar con ellos, contarles a unos, escuchar a otros, compartir experiencias, cómo llegamos cada uno a la liturgia tradicional… Es, como digo, un servicio, y una manera de peregrinar.
Este año, por necesidades de la organización, me propusieron como responsable del equipo, lo que me ha hecho estar menos en contacto con la gente, en labores de organización y coordinación. De las indicaciones que recibimos todo el equipo había un símil que quiero destacar y traer aquí, y que decía que la columna de la peregrinación es el Señor, y los lesionados, los que no pueden caminar, son la Cruz que no le deja avanzar. Nosotros tenemos que hacer del Cirineo para ayudarle a soportar esa carga y que pueda avanzar.
¿Cómo ha vivido los momentos de la Santa Misa?
Es el momento más importante del día, por supuesto. Llegas al final de la jornada, con el cansancio del día -no digamos para los que han caminado- y ves el cuidado absolutamente exquisito que se pone en la preparación de la misa de campaña, con un altar efímero que ya quisieran tantos templos, ese coro perfectamente dispuesto, los acólitos formados… Y la cuidadísima celebración, la devoción y amor a Cristo que se aprecia en el celebrante, en los acólitos… Todo ello hace que, entre los cuerpos cansados, los pies heridos, los niños somnolientos… se traslade un pedacito de Cielo en la Tierra. Además, disfrutamos de unos predicadores impresionantes, con unas homilías que son para imprimirlas, repasarlas y estudiarlas.
Igualmente se ha rezado el Rosario, se ha cantado, se ha rezado en silencio…
Durante el avance de la columna es continuo. El rezo del rosario, las charlas de los capellanes de cada capítulo, los cantos durante la marcha… En el caso de los voluntarios, dependiendo del área en la que se encuadre cada uno, a veces no hay tantas ocasiones, y eso se echa de menos. Pero se buscan las ocasiones. En el equipo de mi marido y mi hijo, por ejemplo, el responsable se encarga de que en cada actuación haya un momento de oración, de ofrecimiento, de acción de gracias… Y luego, como decía, dependiendo de cada área, la organización dispone de algunas charlas específicas para los voluntarios.
En el equipo de transporte hay poco tiempo libre pero siempre hay algún momento en el que podemos rezar el Angelus, el Rosario o simplemente charlar dando testimonio de conversiones o inquietudes.
¿Cuál ha sido el fruto espiritual que ha obtenido este año?
Cuando me pidieron que me encargase de la organización del equipo no sabía dónde esconderme. Me parecían todo complicaciones y dolores de cabeza. Y cuando me vi allí, con todo en marcha, pensé “que sea lo que Dios quiera. A lo que no llegue yo, que llegue la Virgen”. Y lo dejé todo en manos de la Providencia. Y una vez tras otra la he visto actuar. De las muchas cosas vividas creo que me llevo ese fruto, la confianza en la Providencia.
¿Por qué merece la pena participar?
Por todo. Por lo espiritual, es evidente: el recogimiento, la belleza de la liturgia, la devoción, la profundidad de las meditaciones y homilías… Es una ocasión de cuidar nuestras almas. Eso es lo principal, supongo que es lo que se espera que diga… pero también por lo humano, por el ambiente… Nuestra hija mayor, en el viaje de vuelta, iba calculando que quedaban 363 días para volver “al mejor fin de semana del año”. Mi marido y nuestro hijo pequeño se pasan varios días recordando anécdotas vividas y partiéndose de risa. Porque hay recogimiento, hay oración, hay vida sacramental… y también hay mucha convivencia, mucha alegría, mucha risa y mucho rato para disfrutar en compañía. San Felipe Neri decía que un santo triste es un triste santo. Mi marido suele recordar la frase de Belloc -atribuida a Chesterton- que dice que “donde brilla un sol católico siempre hay alegría, música y buen vino”. El catolicismo tradicional -y por tanto las comunidades en torno a él- es alegría.
¿Cómo va intentar que el fruto de la peregrinación dure todo el año?
Creo que es importante cuidar nuestra vida de fe, de oración, los sacramentos… pero también es muy importante fomentar y cuidar la comunidad. En torno a la peregrinación se crean lazos muy intensos, y tenemos la oportunidad -y el deber- de cultivarlos. La peregrinación gira en torno a la liturgia tradicional con el objetivo principal de la santificación del alma, pero va más allá: busca la restauración del orden social cristiano, y en ese orden es fundamental la comunidad. Durante el curso Nuestra Señora de la Cristiandad España organiza retiros de adultos y encuentros de jóvenes, a los que animamos a todos a participar. Y existen otras actividades de aquellas asociaciones, grupos, etc que hay detrás de los capítulos. Nosotros somos asociados de Una Voce Sevilla, y durante el curso tenemos las charlas de jóvenes, las charlas de formación litúrgica, las conferencias o los retiros, por hablar de la asociación concreta a la que pertenecemos. Otro ejemplo, una familia numerosa de Toledo ligada a la iglesia del Salvador organiza en las vacaciones de Navidad un encuentro de chicos más jóvenes, al que suele ir nuestro hijo pequeño y que también recomendamos…
Autor
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Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.
Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.
Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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