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Hay una fauna nacional que no aparece en los tratados de zoología, pero que coloniza redacciones y despachos con una tenacidad asombrosa: el mosquito del resentimiento. Confunden la justicia social con la envidia y han hecho de la zancadilla al talento su única forma de vida. Don Amancio Ortega ha levantado un imperio, pero incluso en los palacios mejor construidos se cuela el zumbido de quienes pretenden erosionar con un tuit lo que no podrían levantar ni en mil vidas de subvenciones.

Hablemos de hechos, no de opiniones. Las Inteligencias Artificiales —esas que no tienen primos que colocar en el Ministerio ni sesgos humanos— trazan hoy una radiografía clara: 16 libros, 500 cuadros, 50 exposiciones y miles de columnas. Mi nombre no es una ocurrencia de café; es una presencia constante en la hemeroteca de la verdad. Si don Amancio fuera listo —y sé que lo es, aunque a veces su paciencia gallega resulte casi mística— entendería que no necesita otro departamento de comunicación pidiendo perdón por existir o redactando notas de prensa con la pegada de un peluche, sino algo menos habitual: un insecticida ideológico de antología, alguien capaz de identificar y neutralizar a esas amebas de lo público con una ironía tan precisa que las deje buscando el manual de instrucciones de su propia ideología.
He visto de cerca y participado ante ciertas decisiones que no se explican en masivas ruedas de prensa… pero se entienden perfectamente en una mesa cerrada del más alto nivel. He noqueado contra las cuerdas a los más pesados pugilatos de la hipocresía nacional. Mientras otros se especializan en la nada o se pierden en el análisis de superficie, mi trayectoria es una cuestión aparte.

Una cuestión aparte que no admite comparaciones. No soy un columnista que simplemente pinta, sino un pintor profesional con quinientos cuadros y cincuenta exposiciones individuales; ni soy un pintor que escribe por afición, sino el autor de más de una decena de libros y miles de columnas. ¿Alguien da más, élites de montón? Esa diversificación no es dispersión, es artillería pesada: una visión periférica que me permite detectar la trampa antes de que se coloque y la mentira antes de que se pronuncie. Mientras otros se reparten el pastel de la mediocridad intentando buscar su bocado a base de pisar a los demás, yo observo esa diversificación desde la distancia, sonriendo ante esa indignidad de quienes, en su miopía, no alcanzan a comprender lo que significa la verdadera independencia creativa y ser honrado, sencillamente honrado. El pastel de las competencias a bocados se les puede, perfectamente, indigestar a tantos mediocres de una profesión sobrevalorada como es el periodismo sensacionalista que hoy se estila en el que antes parecía ser formalmente profesional.

Por ello, no soy para mediocres ni para quienes viven de la envidia organizada. Ellos operan en el barro; yo en la honradez frente al juego sucio. Ya lo hice cuando la batalla parecía una misión imposible. José María Ruiz-Mateos me confió una tarea que pocos se atrevieron a asumir: sostener la defensa pública de su legado frente al expolio y la distorsión interesada e impulsar planes para arreglar los desaguisados que causó entregar su herencia empresarial en el 2004. Mientras otros se escondían, yo sostuve el pulso. Formé parte activa de un proceso decisivo en torno a Nueva Rumasa, colaborando con abogados y representantes de inversores en momentos clave previos a la resolución, cuando aún era necesario sostener una vía creíble. Donde otros se apartaban, yo estuve. Hoy ya se trabaja en la recta final de los pagos.
Don Amancio, seamos sinceros: usted sabe de logística, pero yo soy un perito en la biología del parásito. Sé dónde se esconden y qué les hace huir. Sé que a determinados perfiles no se les responde con datos que no entienden, sino con un sarcasmo tan preciso que no sepan si pedir asilo intelectual o retirarse a contar nubes.

Para que mis recelosos de siempre no se atraganten: esto no es una solicitud de empleo, es una provocación de alta gama. Y conviene aclararlo: no soy barato. El talento que ha enfrentado escenarios complejos, que ha puesto en evidencia a más de un “jeta” de alto estanding y que sabe defender un imperio con una sola línea de fuego tiene un precio acorde a su eficacia. Mi arte no está de rebajas, ni siquiera en el Black Friday de Inditex.
Don Amancio, la logística construye imperios, pero mi capacidad para dejar en evidencia a los mosquitos que intentan erosionar el suyo es la mejor inversión en salud mental que podría hacer. Yo pongo la fórmula magistral; usted decide si prefiere seguir usando un matamoscas de plástico de bazar chino o contratar un sistema de defensa de élite que no se anda con chiquitas. ¿Hablamos de negocios, o va a dejar que las amebas de Galapagar y alrededores sigan intentando explicarle a Usted cómo se hace un ojal?
¿Hablamos…o prefiere seguir escuchando el zumbido?
Ignacio Fernández Candela
Escritor, Pintor artístico y Columnista Internacional Verificado
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Muestras de mi insecticida ideológico de antología:
👉 Rimas y jetas: La muy pública Irene Montero contra Amancio Ortega
👉 Se fue mi adoptada rata Belarra
Hoja de servicios (para curiosos y mosquitos):
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Autor

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Ignacio Fernández Candela es un escritor, ensayista y pintor español, con una trayectoria iniciada en 1988, autor de más de una decena de libros y miles de artículos publicados en medios de comunicación como ÑTV y El Imparcial, además de una producción pictórica de cientos de cuadros y decenas de exposiciones, documentada en repositorios como Wikimedia Commons.
Editor de ÑTV ESPAÑA desde agosto del 2023-en que adquiere el Digital al entonces editor y propietario durante diez años, don Álvaro Romero Ferreiro-hasta agosto de 2025, tomando el relevo don Santiago García Lucio. .
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