15/08/2026 06:42
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Carlos Rodríguez Nauza nació en Málaga, Colombia. Economista, especialista en opinión pública, Máster en marketing. Nos cuenta breve su sencillo testimonio de conversión.

¿Cómo fue su relación con la fe en la adolescencia?

Misa de domingo a las 7:00 a.m. porque mi mejor amigo no tenía opción y yo lo acompañaba a todas partes. No era devoto ni rebelde; era tibio. Como quien se queda en el borde de la piscina, con los pies en el agua, sin decidir si quiere nadar o salir.

Poco a poco, el agua dejó de parecerme interesante. No por desacuerdos con la fe, sino porque afuera había fiestas, carreras, chicas y ruido. Todo lo demás parecía más urgente, más entretenido. La vida cristiana me parecía lenta e ingenua.

¿Fue un rechazo frontal o más bien un olvido paulatino?

No me caí del caballo como San Pablo ni tuve una crisis existencial. Siento que fue más bien la Virgen quien, con guante de seda, me fue conduciendo en silencio. Nunca perdí la fe pero tampoco la cultivaba.

¿Y cuándo empezó el giro?

Recién entrado a la universidad, conocí a la TFP. Me invitaron a campañas, actividades, viajes. La verdad, al principio no me interesaban los temas. Pero el ambiente me encantaba.

Una vez, volvimos de una campaña en Brasil. Habíamos dormido mal, el calor era insoportable y los organizadores exigentes. En el avión, todos nos quejábamos… pero todos queríamos repetir. Hasta hoy recuerdo cada día de esas campañas y en cambio no tengo mucho para contar de los periodos de comodidad. Ese fue mi primer chispazo de conversión: el gozo profundo de la unión con Dios incluso en circunstancias de dificultad y sufrimiento.

¿Cómo cambió su vida después de ese momento?

Entendí que la fe no podía vivirse solo en vacaciones o en Semana Santa. Si había encontrado ese tesoro, tenía que llevarlo conmigo a todas partes: a casa, al trabajo, a mi vida entera. Ahora sin el freno de querer jugar seguro.

¿Qué es lo que más disfruta ahora de su trabajo?

La creatividad. La estrategia. Y sobre todo el hecho de que puedo ser un puente. Me gusta pensar que, a través de una campaña bien diseñada, alguien puede encontrarse con una misión o causa que le cambie la vida… como a mí me pasó, sin que nadie se lo propusiera. No soy un místico. Soy un marketero que reza, cree en los sacramentos, que en vez de vender zapatos o seguros, quiere promover causas que resuenen con mi fe de una manera más directa.

¿Qué es lo que más disfruta ahora de su trabajo?

La creatividad. La estrategia. Y sobre todo el hecho de que puedo ser un puente. Me gusta pensar que, a través de una campaña bien diseñada, alguien puede encontrarse con una misión o causa que le cambie la vida… como a mí me pasó, sin que nadie se lo propusiera. No soy un místico. Soy un marketero que reza, cree en los sacramentos, que en vez de vender zapatos o seguros, quiere promover causas que resuenen con mi fe de una manera más directa.

¿Cómo vive la presencia de Dios en todo lo que hace? 

Diría que lo vivo como quien ha descubierto un tesoro y, aunque no siempre lo contempla de frente, lo lleva consigo a todas partes. La presencia de Dios no siempre se manifiesta en emociones intensas, pero está ahí, como un hilo silencioso que conecta mis decisiones, mis proyectos y hasta mis silencios. Para mí, Dios no es algo que se “agrega” a la vida, sino alguien que le da forma. Después de haber probado una fe “tibia” en la adolescencia, y haber sentido la diferencia entre una vida cómoda y una vida ofrecida, entendí que no puedo dejar a Dios solo para los momentos religiosos. Si Él es real, lo tiene que ser en todo: en el trabajo, en el esfuerzo, en la creatividad y en las campañas que diseño.

¿En qué medida es importante su testimonio de fe en medio del mundo? 

No soy perfecto, ni pretendo dar cátedra con mi testimonio, pero sé que mi vida tiene que decir algo. No necesariamente con palabras piadosas, sino con coherencia, con alegría, con sacrificio. Vivimos en un mundo saturado de eslóganes y promesas vacías. Por eso creo que un testimonio auténtico —aunque imperfecto— puede abrir más puertas que muchos discursos. Si alguien ve que vivo con sentido, que enfrento la dificultad con esperanza, que hay una luz de fondo que no se apaga, quizás se pregunte de dónde viene. Y ahí empieza algo.

¿Cómo es la alegría de tener un sentido profundo en toda su jornada?

La alegría de vivir con un sentido profundo no es euforia constante, es otra cosa: es saber que incluso el cansancio tiene valor y que hasta los fracasos pueden ser ofrecidos. Ningún esfuerzo está solo. Eso le da peso a cada jornada, pero no un peso que aplasta, sino uno que enraíza. Que sostiene. Que da frutos donde antes solo había urgencia, ruido y prisa.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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Lucrecia Santos

TODOS DEBEMOS DAR GLORIA A DIOS CON NUESTRAS VIDAS, ESO ES LO PRIMERO Y LUEGO LO DEMAS.

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