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Hay ofensivas políticas que, en su desesperación por destruir al adversario, terminan por retratar de forma implacable la catadura moral de quien las ejecuta. En la España actual, la cacería abierta, sistemática y sin pudor que el Ejecutivo y sus terminales mediáticas han desatado contra los jueces no es una demostración de fuerza; es el síntoma definitivo del pánico institucional.
Periodística e intelectualmente, es hora de apuntar el foco y disparar el análisis contra esta jauría que pretende dinamitar el último dique de contención del Estado de derecho. El diagnóstico es tan viejo como la propia condición humana: solo los culpables actúan así.
La ligereza revestida de aparente impunidad impele a los lacayos del Gobierno contra los jueces a posicionarse descaradamente en contra de la justicia. Nadie hace eso si no tiene trapos sucios que ocultar. Las evidencias de corrupción son tan claras, flagrantes y asfixiantes que solo quien está pringado hasta las zejas, o es cómplice directo, se puede atrever a erigirse en voz colectiva contra la magistratura.
Ahí, personalmente, han de ir dirigidos los tiros metafóricos de la denuncia: ¿Qué oculta Óscar López? ¿Qué teme Diana Morant? ¿Qué esconde Patxi López y ese largo etcétera de atacantes furibundos contra las togas?
Esta devaluación de las instituciones no es un daño colateral, sino una demolición planificada desde los despachos del sanchismo. Al erosionar la credibilidad de los tribunales, pretenden acostumbrar a la ciudadanía a un escenario de absoluta anomia, donde la ley ya no sea un límite para el gobernante, sino un estorbo maleable. Pretenden sustituir el imperio de la ley por el imperio de la consigna.
En este vergonzoso linchamiento, el papel de las terminales mediáticas y los corifeos subvencionados resulta especialmente miserable. Actúan como altavoces de la infamia, blanqueando el acoso a los servidores públicos y tratando de convertir la legítima acción penal en una conspiración imaginaria. Son los cómplices necesarios que, con su sumisión servil, pavimentan el camino hacia un régimen autocrático donde la verdad oficial sepulte a la verdad jurídica. Señalar a los magistrados con nombres y apellidos desde las tribunas parlamentarias, desacreditar los procedimientos y sembrar la sospecha sobre los tribunales es la estrategia desesperada de quien sabe que los hechos ya lo han condenado ante la historia.
Esta agresión sin precedentes al estamento judicial es la confesión de parte más flagrante de nuestro tiempo. Cuanto más rugen desde el poder contra la independencia de la justicia, más evidente es el lodo que intentan tapar en los despachos oficiales. Frente a su ruido, su hostigamiento y su degradación institucional, a la prensa libre solo le queda la firmeza de la denuncia, el rigor de los nombres propios y la palabra sin concesiones.
00Ignacio Fernández Candela
RES NON VERBA.
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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
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Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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