Trump se ha dejado arrastrar por Netanyahu, aunque en realidad no le ha hecho mucha falta que el líder israelí le empuje, pues los objetivos de ambos coinciden en aquella área desde siempre. En particular y en este instante:
- a) Netanyahu vive obsesionado por eliminar, y después doblegar con un régimen «amigo», al último enemigo que le quedaba en la zona que era Irán una vez que se había desembarazado de todos los demás sea por acuerdos y reconocimientos (Arabia Saudí, Qatar, Emiratos, etc.), sea por «primaveras árabes» (Egipto, Túnez, etc.), sea por destrucción (los palestinos de Gaza-Hamas y Hezbollah) o provocando su colapso y caída incluso utilizando como herramienta a alguien tan poco recomendable como son los sangrientos yihadistas, como ha sido el caso de Siria, cuyo actual régimen títere se mantendrá mientras siga siendo dócil a Israel.
- b) Trump ansía, además del control efectivo de aquella área tan geoestratégicamente importante como es Oriente Medio, para lo cual ya incrustó en su día allí al actual Estado de Israel, el petróleo iraní con el que, tras haberse apropiado del venezolano, y sumados al que posee gracias a sus tradicionales aliados en la zona (Arabia Saudí, etc.), pasará a dominar en exclusiva el 80% de las reservas del petróleo mundial, lo que dará a EEUU un enorme poder, por demás especialmente coercitivo sobre Rusia (a la que mantiene atrapada en Ucrania), pero mucho más sobre China que verá recortadas sus posibilidades de expansión y desarrollo; y también, todo hay que decirlo y recordarlo, porque con la caída del régimen de los ayatollah Trump se tomará la revancha de la humillación y menoscabo de los intereses de EEUU que supuso, en la forma y en el fondo, la caída del Sha de Persia a manos de la revolución jomeinista de 1979.
Así pues, por ambos, por Netanyahu y su objetivo final que es la creación del Gran Israel que abarca buena parte de los países de Oriente Medio para lo cual el control de Irán le es fundamental, y por Trump en su escalada hacia la imposición de un nuevo orden mundial en el que EEUU vuelva a ser el imperio dominante que últimamente venía dejando de ser, tenemos una guerra en marcha de la que sólo puede haber un vencedor; por cierto, guerra de agresión pura y dura, sin declaración previa, sin que mediara amenaza directa y clara de parte de Irán y por ello comenzada por Israel y EEUU vulnerando todo principio y norma de legalidad internacional y moral, para que luego vengan con sus moralinas aplicadas siempre a otros, no a ellos mismos.
En cuanto al posible desenlace, y debido a que ni Rusia ni China van a acudir en ayuda de Irán en la forma como lo vienen haciendo desde hace cuatro años EEUU y la OTAN con Ucrania, probablemente Irán será derrotada por agotamiento de sus recursos armamentísticos que no son comparables con los de sus agresores, eso sí, no sin haber causado antes graves pérdidas tanto a israelíes como a norteamericanos y países del entorno. Sin embargo, tras ello, no será nada fácil a EEUU e Israel controlar como desean a un Irán sumido en la anarquía en el que florecerán grupos radicales, que a su vez, y por mimetismo religioso se contagiará a otros países del entorno, aumentando la inestabilidad en la zona con posible extensión por atentados a otros puntos del planeta.
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