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Pie de foto: La foto de Pablo Linares corresponde al diario La Razón

Pablo Linares Clemente. Nacido en Madrid en 1969, es nieto de un trabajador republicano que participó en la construcción del Valle de los Caídos. Los relatos de su abuelo sobre aquellos años despertaron desde muy joven su interés por la historia del monumento y dieron origen a una labor de investigación que se prolonga desde hace más de cuatro décadas. A lo largo de estos años ha investigado en numerosos archivos públicos y privados, reuniendo un amplio fondo documental compuesto por más de 17.000 documentos y artículos periodísticos, junto con cerca de 15.000 imágenes relacionadas con el Valle de los Caídos, su construcción y su historia. En 2009 fundó la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, entidad que preside desde entonces. Desde ella ha continuado desarrollando su labor de investigación, documentación y estudio de la historia del conjunto monumental y de las personas vinculadas a él. Este es su tercer libro dedicado al Valle de los Caídos, resultado de una trayectoria investigadora de más de cuarenta años.

Pepa Jiménez Vivas Nacida en Villafranca de los Barros (Badajoz) en 1964, pasó buena parte de su infancia en Quintana de la Serena, localidad en la que residió hasta los nueve años, cuando se trasladó junto a su familia a Mérida. Su relación con el Valle de los Caídos está estrechamente ligada a su propia historia familiar. En el año 2000 fijó su residencia en Madrid y, a partir de 2009, conoció a Pablo Linares y entró en contacto con la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos. Desde entonces comparte con él una extensa labor de investigación y documentación, consultando fondos relacionados con la construcción y la historia del Valle conservados en archivos de distintos puntos de España. Su vinculación familiar con el monumento tiene una especial relevancia: once de las treinta y tres personas cuyos restos fueron trasladados al Valle de los Caídos desde Quintana de la Serena pertenecen a su familia paterna. Esta circunstancia, unida a sus años de investigación, ha reforzado su interés por recuperar y documentar la historia de las personas enterradas en el Valle de los Caídos y a su Basílica.

Entrevistamos sobre el mismo a Pablo Linares, que no ha querido excluir a la coautora del libro, pues entre los dos lo han hecho posible.

¿Por qué un libro titulado Los Caídos del Valle? Es un juego de palabras que suscita un interés inmediato…

El título no es casual. Hemos querido poner el protagonismo en las personas que descansan en el Valle de los Caídos, más allá del monumento y de las controversias que lo rodean. Nuestro propósito ha sido recuperar sus nombres, apellidos y, en la medida de lo posible, sus historias personales.

Detrás de cada uno de los casi 34.000 enterramientos existe una historia humana que merece ser conocida y recordada, independientemente de que se tratase de un humilde jornalero, un empleado o un militar de alta graduación. No hemos querido establecer distinciones ni dar mayor protagonismo a unos que a otros, porque todas las vidas merecen el mismo respeto y consideración. Desgraciadamente, miles de los allí enterrados permanecen sin identificar; esa realidad constituye, sin duda, una de las partes más tristes de nuestra investigación.

¿Hasta qué punto era necesaria una investigación sistemática y profunda sobre estos enterramientos?

Era absolutamente necesaria. Durante décadas se ha hablado mucho del Valle de los Caídos, pero muy poco de las personas que descansan en su interior. Aunque existen numerosas publicaciones, los traslados de los restos mortales, las circunstancias que los rodearon y los procedimientos administrativos seguidos no habían recibido hasta ahora la atención y profundidad que merecían. Nuestra intención ha sido cubrir ese vacío histórico.

Hemos reunido, contrastado y ordenado una enorme cantidad de documentación dispersa en archivos públicos y privados para ofrecer una visión rigurosa de quiénes fueron los allí enterrados, cómo murieron y en qué circunstancias se produjo el traslado. Al cruzar diferentes fuentes documentales que de manera aislada apenas aportaban datos, hemos podido reconstruir con gran precisión numerosas historias personales.

En el Valle hay víctimas de ambos bandos de la contienda, e incluso un nutrido número de mujeres. Este último es un hecho muy poco conocido…

Efectivamente, en el Valle de los Caídos descansan víctimas de ambos bandos de la Guerra Civil, tanto combatientes fallecidos en los frentes como personas asesinadas en la retaguardia. Una circunstancia mucho menos conocida es la presencia de 226 mujeres entre los allí enterrados.

En nuestro libro hemos querido prestarles una atención especial. Muchas de ellas fueron salvajemente asesinadas, después de sufrir todo tipo de vejaciones, junto a las tapias del cementerio de la Almudena de Madrid. Todavía no se las recuerda en aquel lugar con una placa conmemorativa, ni se les ha dedicado una película o un homenaje institucional que contribuya a mantener viva su memoria. Estas mujeres, como todas las víctimas de aquella tragedia, merecen ser recordadas con dignidad y respeto, sin distinciones ideológicas ni políticas.

¿Queda reflejado en los archivos el espíritu cristiano de perdón en las familias que llevaron allí a sus difuntos?

Nos hemos ceñido escrupulosamente a lo recogido en las fuentes documentales. Podemos afirmar que fueron numerosas las familias que solicitaron expresamente el traslado de los restos de sus seres queridos, mientras que otras manifestaron su conformidad cuando fueron requeridas por las autoridades.

Lo que resulta verdaderamente edificante y sobrecogedor es comprobar, a través de los testimonios conservados, cómo muchos de los que hoy son venerados como beatos mártires afrontaron el martirio con resignación cristiana y, sobre todo, perdonando a sus verdugos. Son testimonios de una extraordinaria grandeza espiritual. El Valle fue concebido como un lugar de paz y reconciliación; ese propósito se ha materializado en el hecho de que miles de españoles de ambos bandos reposen hoy bajo una misma cruz, por mucho que a algunos les incomode reconocerlo. Esa realidad debería invitarnos a superar los enfrentamientos del pasado.

¿Cómo transforma la presencia de tantos mártires el sentido puramente histórico de las criptas?

La presencia de tantos mártires confiere a las criptas de la Basílica una dimensión espiritual que trasciende su significado puramente histórico y funerario. No debemos olvidar que entre los allí enterrados se encuentran 119 beatos y siervos de Dios, personas que afrontaron la muerte por su fe y perdonando a sus propios verdugos.

Para los creyentes, su presencia convierte las criptas en un lugar especialmente significativo de oración, recogimiento y recuerdo del testimonio cristiano. Sin embargo, esta dimensión religiosa no debe hacernos olvidar a los miles de españoles que descansan junto a ellos, cuyas vidas también merecen ser recordadas con idéntico respeto.

¿Siente que la memoria espiritual de esos mártires ha quedado olvidada por la sociedad actual?

En buena medida, sí. La memoria de estos mártires es hoy desconocida para una gran parte de la sociedad española. Se habla constantemente del Valle de los Caídos desde una perspectiva política, pero rara vez se recuerda que allí descansan 119 beatos y siervos de Dios que perdieron la vida por sus creencias religiosas. Sus historias constituyen testimonios sobrecogedores de fe, sacrificio y perdón.

Además, nuestra investigación nos ha permitido acreditar la presencia de otros 52 religiosos que perdieron la vida en circunstancias de martirio semejantes a las de quienes hoy han sido reconocidos como beatos por la Iglesia católica, aunque sus causas de beatificación todavía no se hayan iniciado. Hemos querido dedicarles un espacio destacado en el libro, convencidos de que su recuerdo no debe quedar relegado al olvido.

¿Qué valor tiene la oración diaria de los monjes benedictinos para el descanso de los caídos?

Tiene un valor espiritual incalculable. Una de las principales razones de ser de la comunidad benedictina en el Valle es precisamente la oración por el eterno descanso de quienes allí reposan, independientemente del bando al que pertenecieran. Desde su llegada en 1958, los monjes han mantenido viva esa misión, que constituye una de las expresiones más profundas del espíritu cristiano de reconciliación. Resulta reconfortante saber que miles de españoles, muchos olvidados o sin identificar, siguen siendo recordados diariamente en sus oraciones.

No obstante, y desde el profundo respeto, considero que quizás hubiera sido deseable una actitud más activa por parte de la comunidad benedictina cuando la Secretaría de Estado de Memoria Democrática inició por la vía de hecho las labores forenses en los osarios. Entendemos que las circunstancias no eran sencillas, pero la defensa de la integridad y el respeto debido a los restos mortales constituye una responsabilidad moral estrechamente vinculada a su propia misión espiritual.

¿Qué implicaciones sagradas tendría convertir la basílica en un cementerio estrictamente civil?

Nos resulta difícil comprender, y todavía más aceptar, que se pretenda convertir los osarios del Valle en un cementerio civil, cuando estos se encuentran en el interior de una basílica pontificia, un templo católico consagrado al culto y a la oración por los difuntos. Se hace verdaderamente complicado entender cómo puede establecerse un cementerio de naturaleza estrictamente civil dentro de una basílica pontificia por decisión de una autoridad política. Existe una contradicción evidente entre el carácter sagrado del recinto y la pretensión de otorgar a sus osarios una naturaleza civil.

No debemos olvidar, además, que en su día se estableció como condición indispensable para autorizar el traslado que los fallecidos profesaran la religión católica. Es decir, la condición religiosa de los difuntos constituía uno de los requisitos para recibir sepultura en aquel recinto sagrado. Por ello, resulta absolutamente incomprensible que, décadas después, una decisión política pretenda convertir el lugar en un cementerio civil, despojando administrativamente a las sepulturas del carácter religioso que precisamente se exigió para admitirlas.

¿Podrá el Valle cumplir alguna vez su misión espiritual de ser un altar de reconciliación bajo la Cruz?

Considero que esa misión ya se ha cumplido en buena medida. Bajo la Cruz descansan juntos miles de españoles que estuvieron enfrentados. La muerte los igualó y hoy comparten un mismo lugar de descanso, independientemente de sus ideas políticas o de su bando.

Lo verdaderamente lamentable es que, mientras los muertos descansan juntos desde hace décadas, algunos vivos parecen empeñados en mantener abiertas las heridas de aquella tragedia. Al contrario de lo que sostienen esos sectores, en el Valle no hay vencedores ni vencidos; los caídos del bando vencedor no están más dignificados que los del ejército derrotado. Todos descansan en las mismas condiciones y con idéntico respeto. Afirmar lo contrario forma parte de una ignorancia interesada de quienes pretenden despojar al Valle de su verdadero espíritu de paz y reconciliación.

¿Cree que el Gobierno ha tenido interés en que se hable del Valle de los Caídos, pero no de las personas con nombre y apellido cuya paz se quiere alterar?

Considero que el debate político ha terminado por eclipsar a sus verdaderos protagonistas: las casi 34.000 personas que descansan en su interior. Se habla constantemente del monumento y de las actuaciones que se pretenden llevar a cabo, pero muy pocas veces se habla de sus nombres, de sus familias y de las circunstancias en las que perdieron la vida.

Además, en el Valle descansan más de 12.000 caídos cuya identidad se desconoce. Desde ciertos sectores políticos se pretende hacernos creer que estas personas fueron trasladadas sin el consentimiento de sus familias. Pero esta afirmación requiere una precisión fundamental: resulta imposible solicitar autorización a los familiares de una persona cuya identidad se desconoce. No puede confundirse la ausencia de una autorización familiar, imposible de obtener en estos casos, con la existencia de una oposición expresa.

Éramos conscientes de que las conclusiones de nuestra documentación, tras examinar archivos de toda España, no iban a resultar del agrado de esos sectores políticos, puesto que las pruebas que hemos reunido son verdaderamente concluyentes y desmontan el relato oficial.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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