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Desde la parroquia de San Sebastián de Pomar, en Badalona, un grupo de voluntarios recorre las calles de Barcelona para atender a los más desfavorecidos. Reparten alimentos, ropa y artículos de primera necesidad, pero también ofrecen compañía, escucha y esperanza. Una labor silenciosa que une la caridad cristiana con el anuncio del Evangelio.

Hay una Barcelona que apenas aparece en las fotografías turísticas. Una ciudad que, cuando cierran los comercios y disminuye el tráfico, muestra otra realidad: la de quienes pasan la noche cubiertos de cartones bajo un soportal, en un cajero automático o en cualquier rincón que les permita protegerse del frío.

Hasta esos lugares llegan los voluntarios del Apostolado San Alberto Hurtado. Su objetivo es atender a los más desfavorecidos, especialmente a quienes carecen de vivienda, recursos económicos suficientes o una red familiar que pueda ayudarles.

No llevan grandes medios ni prometen soluciones inmediatas a problemas que suelen ser complejos. Llevan alimentos, productos de primera necesidad y algo que muchas personas necesitan tanto como la comida: alguien dispuesto a detenerse, escuchar y conversar.

El Apostolado desarrolla su actividad desde hace más de una década. Su trabajo, discreto y constante, constituye un ejemplo de esas iniciativas católicas que apenas encuentran espacio en los medios de comunicación, pese a la importante labor social y espiritual que realizan.

La jornada comienza

La actividad de los voluntarios empieza mucho antes de llegar a Barcelona.

Los viernes previstos para las salidas, el punto de encuentro es la parroquia. Desde las cuatro de la tarde y hasta aproximadamente las ocho y media, un grupo fiel de colaboradores se organiza para preparar los alimentos, reunir los materiales y distribuir las tareas.

La parroquia dispone de una cocina industrial anexa que facilita considerablemente este trabajo. Allí se preparan los bocadillos y se organizan unas 120 bolsas destinadas a las personas que serán atendidas durante la noche.

La preparación propiamente dicha requiere alrededor de cuatro horas de trabajo. Los voluntarios comprueban el contenido de las bolsas, organizan las provisiones y se aseguran de disponer de cuanto necesitarán durante el recorrido.

Los bocadillos suelen ser de atún y queso. La elección responde a una razón práctica y respetuosa: entre las personas atendidas hay numerosos musulmanes, por lo que se procura evitar alimentos que puedan resultar incompatibles con sus costumbres religiosas.

Las bolsas incluyen también zumos y otros alimentos. Además, los voluntarios llevan termos con café y caldo caliente, especialmente agradecidos durante los meses más fríos.

En invierno, cuando las temperaturas nocturnas agravan las dificultades de quienes duermen a la intemperie, se incorporan mantas, sacos de dormir, calcetines y prendas de abrigo, siempre dependiendo de las existencias disponibles.

Terminados los preparativos, el material se distribuye entre tres o cuatro automóviles particulares y una camioneta. Con ellos, los voluntarios se desplazan hasta los lugares habituales de atención.

El propósito es realizar las salidas cada viernes, aunque las disponibilidades del voluntariado y los recursos hacen que, en ocasiones, se organicen cada quince días.

Un recorrido que ya conocen quienes esperan

Las zonas de actuación incluyen Drassanes, el paseo de Picasso, el Paral·lel y los alrededores del Palau Municipal d’Esports de Barcelona, situado en la calle de Lleida.

La continuidad de las visitas ha hecho que muchos conozcan la presencia del Apostolado y sepan que los viernes pueden encontrar allí a sus voluntarios.

Este conocimiento mutuo facilita el acercamiento. En algunos casos, quienes reciben la ayuda reconocen a los participantes, recuerdan conversaciones anteriores y aprovechan el encuentro para explicar cómo ha transcurrido su semana.

Entre las personas atendidas hay hombres y mujeres sin techo, españoles y extranjeros, ciudadanos que han perdido sus ingresos, personas con enfermedades mentales, quienes padecen adicciones y otras que, aun disponiendo de algún recurso económico, no cuentan con medios suficientes para subsistir dignamente.

Cada situación tiene sus propias circunstancias. Los voluntarios saben que no todos han llegado a la calle por los mismos motivos y que tampoco pueden ofrecerse las mismas respuestas a problemas tan diferentes.

Por eso, además de entregar alimentos, procuran escuchar. La bolsa de comida puede resolver una necesidad inmediata; la conversación permite establecer una relación humana.

«Vas sembrando»

Una de las voluntarias explica que su participación nace de un compromiso personal con el Señor y con la evangelización.

Reconoce que no siempre resulta fácil mantener esa disponibilidad. Hay jornadas en las que el cansancio, las obligaciones familiares o las circunstancias personales hacen especialmente costoso salir de casa. Sin embargo, asegura que la alegría espiritual y la satisfacción con las que regresa compensan ampliamente el esfuerzo realizado.

Su experiencia le ha enseñado que el acompañamiento requiere paciencia y continuidad. Escuchar aquello que una persona necesita explicar, interesarse por sus preocupaciones y volver a encontrarse con ella en sucesivas visitas permite construir una relación de confianza.

No siempre aparecen resultados inmediatos. Algunas personas muestran agradecimiento, otras mantienen las distancias y otras necesitan mucho tiempo antes de abrirse a una conversación más personal.

La voluntaria resume esa experiencia con una expresión sencilla: «Vas sembrando». Es una manera de comprender el apostolado que no se mide exclusivamente por el número de bolsas entregadas. También cuenta la relación que se establece y la posibilidad de ofrecer esperanza a quienes han perdido buena parte de sus vínculos personales.

Evangelizar con las obras y con la palabra

La actividad del Apostolado San Alberto Hurtado tiene una identidad inequívocamente católica. Sus miembros consideran que atender las necesidades materiales constituye una obligación cristiana, pero entienden que su misión no termina con la distribución de alimentos.

Otro voluntario lo expresa con claridad:

«Lo más importante es llevar a Jesucristo y su palabra. Evangelizamos no solo con obras, también con la palabra. Damos a conocer a Jesús a quienes no lo conocen y se lo recordamos a quienes lo han olvidado».

Es una dimensión que los participantes consideran inseparable de su compromiso. Durante los encuentros, cuando las circunstancias lo permiten y las personas atendidas lo desean, conversan sobre la fe, comparten el mensaje evangélico y rezan con ellas.

La ayuda material no se condiciona a las creencias religiosas de quien la recibe. Precisamente porque entre las personas atendidas existen diferentes nacionalidades, culturas y religiones, los voluntarios procuran que cada encuentro transcurra desde el respeto y la cercanía.

El propósito es que quienes viven situaciones de exclusión descubran que no están completamente abandonados y que alguien se preocupa por ellos. No se trata únicamente de hablar de Jesucristo, sino de procurar que esa presencia cristiana resulte reconocible también en los hechos.

San Alberto Hurtado, una referencia para el apostolado

El nombre elegido para esta iniciativa recuerda al sacerdote jesuita chileno san Alberto Hurtado (1901-1952), fundador del Hogar de Cristo.

Hurtado dedicó buena parte de su vida a la atención de niños, jóvenes y familias que vivían en condiciones de pobreza. Su pensamiento social insistía en la necesidad de transformar la fe en un compromiso efectivo con los más vulnerables. Su ejemplo inspira a los voluntarios de Badalona.

En las tarjetas que distribuye el Apostolado aparece una referencia al Evangelio de san Mateo:
«Venid, benditos de mi Padre… A mí me lo hicisteis».

La cita procede del capítulo 25, donde Jesucristo identifica la ayuda prestada a los necesitados con la ayuda ofrecida a Él mismo. Es una enseñanza que los participantes intentan trasladar a la realidad cotidiana de las calles de Barcelona.

De la calle a una nueva oportunidad

La atención del Apostolado se encuentra vinculada a una labor social más amplia que tiene como referencia a la Fundación Domus Misericordiae Sant Josep. Esta entidad, nacida en 2017 en el entorno de la parroquia citada, respalda diferentes proyectos destinados a personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

Su intervención no se limita a proporcionar alimentos o productos de primera necesidad. Uno de sus objetivos es contribuir a que quienes viven en condiciones de exclusión puedan recuperar progresivamente su autonomía personal.

En este ámbito desempeña un papel importante la Cooperativa CON+PASIÓN, una iniciativa que ofrece oportunidades laborales y favorece procesos de integración social.

La colaboración entre estas realidades ha permitido ayudar a personas que vivían en la calle y que manifestaron su voluntad de abandonar esa situación. Según explican los responsables del proyecto, algunas han encontrado alojamiento, trabajo y un entorno estable desde el que reconstruir su vida.

En determinados casos, ese proceso de recuperación ha permitido que personas inicialmente acogidas y acompañadas consiguieran posteriormente un empleo o emprendieran una actividad profesional por cuenta propia.

No son procesos sencillos ni están exentos de dificultades. Recuperar hábitos laborales, estabilidad emocional, confianza personal y relaciones sociales requiere tiempo, acompañamiento y oportunidades reales. Pero esas experiencias demuestran que la ayuda puede ir mucho más allá de una bolsa de alimentos. El objetivo final no consiste únicamente en aliviar las consecuencias de la pobreza, sino también en ofrecer caminos para salir de ella.

Una parroquia, una fundación y muchos voluntarios

Conviene distinguir las funciones de las distintas iniciativas que participan en esta labor:

  • El Apostolado San Alberto Hurtado es el grupo que realiza específicamente las salidas y la atención directa a las personas necesitadas.

  • La parroquia de San Sebastián de Pomar constituye su comunidad de referencia y proporciona los espacios necesarios para organizar el trabajo.

  • La Fundación Domus Misericordiae Sant Josep respalda la acción social y desarrolla proyectos de asistencia y acompañamiento.

  • La Cooperativa CON+PASIÓN contribuye a la integración laboral de personas que necesitan recuperar su autonomía económica y personal.

Son realidades diferentes, aunque relacionadas por una misma inspiración cristiana y por el propósito de atender a quienes atraviesan situaciones especialmente difíciles.

Detrás de todas ellas existe un elemento imprescindible: los voluntarios. Personas que dedican parte de su tiempo a preparar alimentos, conducir vehículos, organizar materiales, acompañar a quienes viven en la calle o contribuir con recursos económicos.

No todos participan directamente en las salidas. Algunos colaboran desde la parroquia y otros aportan productos, ropa o donativos que permiten mantener la actividad. Su trabajo rara vez obtiene reconocimiento público, tampoco parece que lo busquen.

La caridad que no necesita protagonismo

El Apostolado San Alberto Hurtado no puede resolver por sí solo el problema del sinhogarismo en Barcelona. Esa realidad requiere políticas públicas, recursos sociales, atención sanitaria, vivienda y actuaciones coordinadas entre las administraciones y las entidades especializadas.

Pero sus voluntarios aportan algo que ninguna estadística puede reflejar completamente: una presencia humana continuada junto a quienes viven en situaciones de extrema vulnerabilidad.

Durante años han preparado bocadillos, cargado automóviles, recorrido las mismas calles y conversado con personas que, con frecuencia, pasan inadvertidas para el resto de la sociedad. Algunas de ellas han conseguido iniciar una nueva vida; otras continúan afrontando enormes dificultades.

Los voluntarios regresan porque consideran que su compromiso no depende exclusivamente de los resultados inmediatos. Su misión consiste en servir, acompañar y anunciar el Evangelio, sin olvidar nunca la dignidad de quien tienen delante.

Cuando termina la jornada y vuelven a sus hogares, queda el cansancio de las horas de trabajo, pero también esa satisfacción espiritual que describen quienes participan en la iniciativa: la sensación de haber dedicado unas horas a los demás.

Quizá sea esta una de las expresiones más sencillas de la caridad cristiana: acercarse a quien necesita ayuda, ofrecerle algo de comer, escucharlo y recordarle que su vida importa. El Apostolado San Alberto Hurtado lleva años haciéndolo, en silencio, con constancia y sin buscar protagonismo.

Conoce y colabora:

Apostolado San Alberto Hurtado

¿Cómo puedes colaborar?

Participando como voluntario, preparando alimentos, aportando productos de higiene, mantas, sacos de dormir, ropa de abrigo o contribuyendo económicamente.

Parroquia de San Sebastián de Pomar

Avenida de Terrassa, s/n
08915 Badalona
www.psantsebastia.org

Fundación Domus Misericordiae Sant Josep

Teléfono: 93 395 41 54
Correo: info@dmsantjosep.org
Web:
www.dmsantjosep.org

Donativos a la fundación

IBAN: ES38 2100 3323 0322 0007 9067

Para incorporarse al voluntariado o entregar donaciones materiales, se recomienda contactar previamente con la organización.

Tu ayuda puede cambiar una vida.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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