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El Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos ha emitido un comunicado oficial pretendiendo desmarcarse de la orquestación del asedio fronterizo sobre Ceuta. Con un tono de impostada indignación diplomática, Rabat rechaza ser señalado como responsable de la presión migratoria e intenta rebajar la tensión invocando la «cooperación bilateral» y el «marco de buena vecindad».

Sin embargo, en el teatro de la geopolítica y de la guerra híbrida, las notas de prensa no neutralizan los hechos sobre el terreno.

Cuando la palabra no concuerda con los hechos y la incoherencia se convierte en el denominador común circunstancial, más allá de la apariencia que se pretende dar, se debe redoblar la prudencia como antesala a nuevos acontecimientos en la línea de lo experimentado. Un capítulo más en una escalada de sorpresas como la acontecida a finales de julio contra Ceuta y Melilla.

Este movimiento de apaciguamiento responde a un manual clásico de contención y blanqueamiento internacional. Rabat no ha modificado un solo ápice sus ambiciones expansionistas ni ha desmantelado la infraestructura de presión que rodea a nuestras ciudades autónomas.Loque pretende mediante este ejercicio de gaslighting diplomático es desactivar el estado de alerta en la opinión pública española, tranquilizar a los burocráticos despachos de Bruselas para asegurar el flujo de fondos europeos y trasladar la responsabilidad a la contención institucional española. Cuidado.

Lamento decirlo, pecaríamos de una ingenuidad suicida creer que las palabras de un ministerio borran la realidad del despliegue, máxime cuando los antecedentes han sido hostiles y sorpresivos: discursos anexionistas pronunciados de forma recurrente por sus altos cargos, construcción de bases militares estratégicas en las inmediaciones de la frontera y la comprobada instrumentalización de masas humanas utilizadas como ariete de chantaje geopolítico bajo la mirada complaciente de su gendarmería junto a mensajes guerracivilistas anunciando que habrá más víctimas que supervivientes.

Marruecos alterna la embestida con la sonrisa diplomática según sus necesidades tácticas. Cuando la denuncia se eleva, cuando los informes de inteligencia confirman la naturaleza de la agresión y cuando el discurso de la soberanía cobra fuerza en España, la diplomacia marroquí activa la palanca del apaciguamiento para anestesiar la respuesta del Estado vulnerado.

Confiar en la apariencia de calma o dar por buena la retórica de un vecino con pretensiones territoriales explícitas no es diplomacia: es negligencia estratégica. La seguridad de España, la intangibilidad de Ceuta y Melilla y la defensa de las Chafarinas no pueden depender de la voluntad fluctuante ni de las notas aclaratorias de un gobierno extranjero.

La alerta debe mantenerse intacta. Las Fuerzas Armadas y los cuerpos de custodia territorial no pueden bajar la guardia ante la cosmética del lenguaje oficial. La paz no se firma en los comunicados de propaganda; la paz se garantiza mediante la disuasión, la firmeza inquebrantable y el cumplimiento estricto de la doctrina de Seguridad Nacional.

Creer en repentinos amagos de pacificación diplomática mientras el eco del discurso expansionista sigue resonando resulta en una temeridad suicida para la soberanía de España. Durante las últimas jornadas, lejos de emitirse mensajes de sosiego o contención, las proclamas anexionistas articuladas desde el entorno del Ejecutivo marroquí han alimentado un clima de severa incertidumbre y amenaza directa sobre Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía. Esta escalada de reivindicaciones radicalizadas, exacerbada tras la instrumentalización de la masa humana fronteriza, no solo cuenta con el respaldo explícito de la dirigencia política de Rabat, sino con la benevolencia banalizadora de Mohamed VI, quien en ningún momento ha levantado el teléfono ni emitido señal alguna para tranquilizar a la Corona española o desautorizar las pretensiones territoriales sobre suelo patrio.

Frente a este escenario de agresión larvada, lo que está verdaderamente en juego es la integridad territorial de la Nación y la supervivencia del marco constitucional como garantía de amparo. Aceptar la cosmética de un comunicado tranquilizador cuando sobre el terreno se consolidan infraestructuras de presión y se sostiene la dialéctica de la anexión equivale a firmar una capitulación por etapas. Las Fuerzas Armadas y las instituciones del Estado no pueden dejarse adormecer por la diplomacia del engaño: cuando el adversario combina la amenaza explícita con el repliegue táctico del lenguaje, la única respuesta doctrinal posible es la máxima firmeza disuasoria y la activación permanente de los protocolos de Alerta Roja.

Frente al apaciguamiento engañoso y la retórica de despacho: vigilancia, soberanía y determinación.

RES NON VERBA

Ignacio F. Candela

URGENTE ALERTA MÁXIMA EN CEUTA: RIESGO DE CONFLICTO BÉLICO. Por Ignacio Fernández Candela

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.

Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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