«Cuantos viven en estos tiempos huyen de la verdad y de practicar lo justo, dándose todos a la insaciabilidad y vanagloria por falta de juicio…» (Diógenes, Vida de filósofos, Libro IX sobre Heráclito)
¿Qué hubiera ocurrido si en vez de una ocupación de Ceuta por grupos de descontrolados, en la que el Gobierno español en activo ha resultado inútil, si, en efecto, hubiera sido una invasión en el rigor exacto de su definición?
No es baladí la cuestión. Pues solo teniendo claro qué ha ocurrido en Ceuta el 30 de Julio de 2026 podemos hacer un diagnóstico exacto (crisis humanitaria, crisis migratoria, crisis militar, etcétera), extraer información y actuar en consecuencia. Aquí sostenemos los siguientes significados:
-INVADIR: Irrumpir, entrar por la fuerza en un territorio ajeno. Normalmente por contingentes militares con ánimo de apoderarse del territorio y someterlo a su soberanía.
-OCUPAR: Movimiento de instalarse en un territorio ajeno, sin violencia (no discuto la presencia de la violencia física pero sí la armada). Antes fueron los nómadas que ignoraban los conceptos de frontera y de jurisdicción estatal y ahora es el estigma de grupos que, sin pretensión política ni militar, tratan de penetrar la frontera irregularmente y mantenerse en el país al que ha ingresado.
En ese sentido, la mayor parte de las entradas irregulares que provoca la inmigración no son épicas, cruzando desiertos y mares embravecidos. La inmensa mayoría de inmigración irregular viene a España (conforme al mito del occidente «deseante») a través de los aeropuertos. Las pateras son demasiado impactantes pero son cuantitativamente, en la estadística, poco relevantes. Esta sería la primera cuestión que debemos tener en consideración.
¿Qué ha ocurrido el 30 de julio de 2026 en Ceuta?
El relato que defendemos, con los datos de que disponemos en estos momentos, ofrece el siguiente planteamiento: una avalancha de personas organizada a través y mediante «las redes sociales» y de la cual ninguno de los países implicados se percató por sus dimensiones, superó la frontera de Marrueco/España en Ceuta y generó una situación sin control durante todo el día 30 de julio. El número de quienes traspasaron la frontera irregularmente y que se instalaron en Ceuta no ha sido nunca estimado a nivel oficial. Ni importa.
Las conclusiones: lo de Ceuta no ha representado ninguna invasión de Marruecos, del Gobierno alauita. La iniciativa la tomó la misma población que llevó a cabo el asalto masivo (listos y vividores, negros subsaharianos, aprovechados, cara duras, estultos y muchos incautos que saben de la desidia y de la estupidez de las autoridades españolas). Tanto a Marruecos como a España le han metido el gol una parte de la población «sin control» que no tiene nada que ver con indigentes del tercer mundo: son los más aventureros y espabilados. Lo sintetizaba muy bien Ali Lmrabet en la entrevista dada el 29/08/2026 a The Objetive: «Pienso que los servicios secretos se vieron desbordados por una situación que superó todas las previsiones». Y la describe como una «invasión humanitaria».
El armazón que ha unido y armonizado, organizado y estructurado todo ese grupo amorfo (que lo sigue siendo en la actualidad) han sido «las redes sociales» (si alguien quiere sostener que éstas han sido controladas por un Gobierno u otro, su policía o sus servicios de información, deben justificarlo como ya pudo comprobarse con el movimiento de la «primavera árabe»; mientras tanto no se doten de pruebas creíbles, que se callen). Y ha tenido que ser así porque ambos Gobiernos afectados no entendieron absolutamente nada de lo ocurrido: la sorpresa inicial de ambos gobiernos y la parálisis posterior en la que estuvieron instalados durante las primeras semanas sin saber qué hacer (por no saber qué sucedió) todo ello por las dimensiones de la turba que penetró la frontera es evidente. Todo lo demás que cuentan no es información.
La mayoría de los invasores que no quiere Marruecos que sean devueltos son subsaharianos de color. Y así es si te fijas en las fotografías o en los reportajes de las TVs. Pero también hay marroquíes que no quieren regresar a la espera de las respuestas benévolas y estúpidas del Gobierno sanchista sabiendo, en su fuero interno, que se quedarán y tendrán la vida cañón de subvencionados que buscan. Para ellos, para todos los que no quieren regresar, se trata de una aventura personal de no retorno y van a pelear por ello, con violencia si es preciso. Todo lo demás que cuentan no es información.
La inmensa mayoría de ellos actúan por sí mismos y no reciben instrucciones de ningún gobierno, y menos del marroquí al que detestan (todos los gobiernos son sus oponentes, unos al no permitirles salir y otros al no admitirles entrar). Ninguna minoría opera en el interior de esa masa informe de «busca vidas» pues no pretenden tanto eliminar como preservar al país que le puede proporcionar una vida de subvencionado que, olvídense de todo lo demás, es el único objetivo que los mueve. Eso no significa que carecieran de una vida anterior en Marruecos o en sus otros países de origen (lo de vivir mejor o peor es subjetivismo puro), simplemente, este hecho de pasar la frontera de un país de la Unión Europea es el premio gordo de su proyecto de vida: convertirse en un activo proveedor de su grupo familiar. Todo lo demás que cuentan no es información.
¿Y los supuestos menores no acompañados (menas) que han cruzado la frontera? No son menores no acompañados, puesto que, en no pocos casos, se han marchado de las casas de sus padres y quieren vivir esta aventura que costara que se repita en el tiempo. En cualquier caso, los menas son un grupo de especial interés al servir para el suministro de materia prima al gran negocio de la asistencia de menores (en Cataluña lo tiene controlado ERC y en muchas otras partes el resto de partidos políticos con responsabilidades de gobierno con el apoyo inestimable de las organizaciones no gubernamentales). Todo lo demás que cuentan no es información.
El Estado marroquí obtiene mucho más, desde el plano de la economía hasta en el diplomático, no tanto por invadir nada sino por mantener una presión provocadora permanente. Esa es su política estratégica, por el momento.
Por eso, sostengo, en el caso de Ceuta no hubo organización por el Estado marroquí de una invasión ni nada por el estilo. La iniciativa surgió de grupos que tienen como factores comunes la aventura personal y «las redes sociales» y, por tanto, se trata de grupos de incontrolados que arrastraron a otros con el único objetivo, repito, el único objetivo de obtener las ventajas de la residencia española de facto. Y ese es el problema de Ceuta: que un número indeterminado de irregulares no quieren volver porque han alcanzado su objetivo personal no el objetivo del Gobierno de Marruecos ni las pretensiones del gobierno español. Todo lo demás que cuentan no es información.
No pasó nada fuera del guion preestablecido que convinieron ambos gobiernos salvo gestionar las consecuencias del enorme descontrol en la frontera y el aprovecharse cada uno por su lado de la situación provocada por miles de lumpens, negros subsaharianos y de listos marroquíes. Todo lo demás y a partir del descontrol, todo, ha sido una performance: España y sus medios de comunicación hablando de «invasión» y de la integridad de la soberanía nacional (la oposición quiere gobernar, claro) y Marruecos «colaborando» como buitres en la normalización de la situación porque si hubiera sido promovido el asalto por Marruecos estaríamos ante una causa de guerra (causa beli). Y tanto tuvo que ser así que Sánchez, el Presidente del Gobierno de España, se marchó tan alegremente de vacaciones y el rey moro se limitó a llamar a su primer ministro, de vacaciones en las Islas Baleares, todo ello para facilitar la imagen conjunta de que no hubo ningún descontrol real (lo que implicaría admitir que el Estado marroquí no somete con eficacia a su población y que se mueve al margen de sus consignas con el descontrol de unos 70.000 ocupantes o asaltantes, y eso no entra en los cálculos del rey moro). Todo lo demás que cuentan no es información.
La enseñanza política es esta: por un lado van los hechos y por otro el orden político y debemos aprender, con este caso singular de Ceuta, que no todos los hechos de las poblaciones están guiados ni sometidos por la política. Circunstancia que, cuando se produce, puede provocar catástrofes y alteraciones del status quo.
Sigo pensando que la historia no es lineal ni siempre los comportamientos humanos están dictados ni regidos por los poderosos y, claro, tampoco están controlados siempre y en todos los casos por los políticos. A veces se producen sorpresas y este caso de Ceuta lo ha sido por el descontrol de la frontera que ha permitido el acceso a miles de personas. El resultado y las consecuencias posteriores sí son ya dependientes de los Gobiernos implicados. Y cada uno se quiere llevar su parte en la gestión y quedar lo mejor posible en el ámbito nacional e internacional. Todo lo demás que cuentan no es información.
La parusía política
Para los que confunden sus deseos con la realidad les digo: no vendrá ningún salvador, ninguna segunda ni gloriosa alzada militar para defender a España. No esperéis la parusía como solución política (al modo, por ejemplo, de López Burniol en su frustrado artículo no publicado en La Vanguardia). Soluciones hay y muchas. El problema de la inmigración se ha enviciado y se ha enrocado por la propia clase política manteniendo aquella filosofía de que no hay ni solución ni remedio y esto de la frontera es fruto de la misma impotencia generalizada asumida de fondo que se repite en todos los ámbitos: no se sabe qué hacer, España y Europa no saben qué hacer.
No es un problema limitado a España. El Gobierno marroquí tiene un mañana y tiempo para recorrerlo: pasar a la Modernidad que para ellos representa quedarse con los territorios que consideran suyos. Ese es su marco mental que les permite disponer de las aspiraciones que alimentan su futuro político, de esperanza y de destino… a la clase política y a sus plutócratas.
Europa, y España que está dentro, no tiene ningún destino y por tanto ninguna esperanza en el tiempo futuro (siendo todos mayoritariamente viejos la única mentalidad que prospera y se impone no es otra que la de vivir «cómodos y adocenados» con los canarios, los perros y los gatos) salvo la del progreso que se mide en porcentaje sobre el PIB y aguantar la sombra larga de EE.UU.
Los problemas de occidente, que en buena parte son los de España, están representados por la disminución de población nativa, la inexistencia de fuentes de energía, el desbancamiento en la economía de la información por EE.UU., la carencia y monopolio de una moneda internacional de referencia y su sistema financiero adjunto, la brutal competencia de otras naciones del mundo, la ausencia de todo proyecto político y colectivo… y paro en este punto.
Y, en efecto, la mejor alternativa para afrontar esa novedosa situación nacional e internacional no son los regímenes partitocráticos que rigen en toda la Unión Europea. Olvídate de nostálgicos y de parusías políticas de retorno. La realidad es que el modelo actual no sirve y no tenemos con qué sustituirlo por cobardía y por impotencia y más seguramente porque deseamos estar sin movernos y no perder una vida indecente y mustia alérgica a los retos de la existencia.
La Europa Occidental se empecina en mantenerse en lo analógico cuando los problemas que aparecen son los de la extinción del orden de «toda la vida» y el exterminio radical de sus valores (lo woke y lo anti woke) y el surgimiento de un nuevo orden tecnológico que resulta imparable (enseñanza decisiva de esa deriva: ¿para qué importar trabajo inmigrante en una inminente sociedad tecnológica donde opera el algoritmo?, ¿qué queréis: nuevos esclavos y hombres de segunda?).
Lo que no resulta admisible es esperar que un iluminado o una minoría nos salve. La parusía política no es la solución en tanto que forma parte de la teología cristiana de la resolución de la existencia: esperar, en el final de los tiempos, el advenimiento del salvador político implica no tener vida propia (en tanto que falta) sino la que nos proporciona otro protagonista que ha de venir para alumbrar una especie de redención antropológica total. Diría más: quitar a los que hay actualmente en el gobierno de la política pero sin definir los contenidos de la nueva realidad que advendría ¿qué sentido tiene realizar un esfuerzo de explosión de energías ímprobo (revolución, insurrección, golpe de Estado, etcétera) para un resultado final paupérrimo que repetiría lo que se cuestiona?
¿Vox no es al menos un anticipo de la solución de occidente, de sus ciudadanos y de sus proyectos? Pienso que no. La estrategia que mueve a Vox se reduce a aumentar votantes y futuros escaños para negociar con el PP prebendas y sinecuras para sus integrantes en el futuro Gobierno de la nación. Poner el foco en la inmigración, como Alianza Catalana, no representa ninguna estrategia política. Todo eso debe ir vinculado a un proyecto de mayor alcance que vaya más allá del ámbito de los términos analógicos de la existencia (en el pensamiento y en lo material). No hay esperanza con ese partido y menos desde que se fueron o expulsaron a los mejores (para otros los más ambiciosos).
Una política de desafío
La política correcta consiste en lanzar un reto a toda la clase política española y si la situación resulta tan grave, gravísima, y mientras todo se aclara, lanzar también un reto a la clase política marroquí y, en su consecuencia, adoptar por parte de España (sé que sueño y sé que ni este ni ningún otro gobierno lo llevará a cabo), al menos las siguientes medidas sin agotar las posibilidades y con el permiso de Pegasus Dios mediante:
-Revisar todos los expedientes de nacionalidad y de residencia de marroquíes
-Expulsar a todos los irregulares sin excepciones y, en especial, los marroquíes
-Romper relaciones comerciales aplicando de modo tajante los acuerdos y directivas de la Unión Europea respecto a Marruecos
-Evitar la salida de remesas financieras hacia Marruecos
-Potenciar y financiar a los partidos políticos de Marruecos que tienen por objeto derrocar el régimen del tirano
-Cortar los suministros de gas y petróleo que nos proporciona Argelia hacia Marruecos
-Cambiar por parte de España los amigos exteriores: Israel por asesinos palestinos (¿tienen Estado que no sea del terror?), los EE.UU. por China… y llevar una política exterior de aislamiento.
Al cabo de poco o tendríamos guerra (la ganaríamos seguramente ahora con el ejército profesional, sin contar con la población de cuestionable valor) o insuflaríamos a los gobernantes marroquíes, su élite política y a su plutocracia, (eliminando las posibilidades de preparar una guerra futura) la opción efectiva de un giro político o de cambio del régimen.
Es decir, aprovechar la circunstancia de que Marruecos no es un régimen democrático y exigir su democratización lo que conllevaría ipso facto a la caída de las actuales y más recalcitrantes élites «recuperacionistas» de territorios españoles. La democracia política sirve, sin duda, también para diluir a las minorías gobernantes imperantes y sustituirlas por otras más compatibles con la política de la modernidad occidental. ¿No pasó lo mismo en España?
Este sería el fin de la primera fase. La segunda, la gestión de la ocupación, será una fase posterior y distinta y objeto de otra colaboración.
NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO
(1) «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».
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