28/08/2026 10:08

Las obras de regeneración de la playa de la Almadraba, en Alicante, han sacado a la luz un rostro de mármol que permanecía oculto bajo la arena desde hace casi dos mil años. Se trata de la cabeza de una Venus romana, una pieza de extraordinaria calidad y conservación que ya está siendo considerada uno de los descubrimientos arqueológicos más relevantes de la historia reciente de la ciudad.

El hallazgo se produjo el pasado mes de mayo durante las excavaciones arqueológicas vinculadas a los trabajos de regeneración del litoral. La zona, próxima a los restos de una antigua villa romana relacionada con Lucentum, ya era conocida por la presencia de vestigios de época romana. Sin embargo, nada hacía presagiar que bajo la arena aguardaba una pieza escultórica de semejante importancia.

Un rostro de mármol bajo la arena

Los trabajos permitieron localizar una cabeza femenina tallada en mármol blanco y conservada en un estado prácticamente excepcional. La pieza mide 22,22 centímetros de altura y 19,78 de anchura, y pesa alrededor de 14 kilos.

Los técnicos consideran que no se trata de una escultura concebida como pieza independiente, sino de la cabeza de una estatua de tamaño natural cuyo cuerpo se perdió con el paso del tiempo. Su extraordinario estado de conservación ha sorprendido incluso a los especialistas. José Manuel Pérez Burgos, responsable de Patrimonio Cultural de Alicante, calificó el hallazgo de «asombroso» y lo describió como «un milagro».

La pieza conserva buena parte de sus rasgos y permite apreciar con claridad los detalles de su ejecución, una circunstancia especialmente valiosa para conocer cómo se realizaban y utilizaban las esculturas de carácter mitológico en el mundo romano.

¿Por qué se considera una representación de Venus?

La identificación de la figura como Venus se basa, principalmente, en sus características iconográficas. El elemento que más ha llamado la atención de los especialistas es el peinado.

La cabeza presenta el cabello ondulado, recogido hacia atrás y dividido mediante una raya central, un modelo de clara influencia helenística asociado a representaciones idealizadas de divinidades femeninas como Afrodita y Venus.

Ese tipo de detalles resulta fundamental para identificar una escultura antigua incluso cuando solo se conserva una parte de ella. En este caso, el tratamiento del cabello constituye una de las principales claves que apuntan a la diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad, equivalente de la Afrodita griega.

Una pieza del Alto Imperio

Los primeros estudios sitúan cronológicamente la escultura entre los siglos I y II después de Cristo, durante el Alto Imperio romano y en pleno periodo de la denominada Pax Romana.

Fue una etapa de extraordinaria expansión económica, política y cultural por el Mediterráneo. En ese contexto, Venus ocupaba además un lugar destacado dentro de la religión y la tradición romana. La diosa estaba estrechamente vinculada al origen mítico de Roma y su representación formaba parte del repertorio simbólico de las élites.

Hace alrededor de dos mil años, por tanto, aquella imagen de mármol pudo formar parte del paisaje cotidiano de una familia acomodada asentada en las proximidades de Lucentum, a los pies del monte Benacantil.

El lujo de una familia acomodada

Una de las principales cuestiones que deberá esclarecer la investigación es el lugar que ocupaba originalmente la escultura.

La hipótesis de los arqueólogos apunta a que pudo decorar una residencia perteneciente a una familia romana de elevado poder adquisitivo. Sus dimensiones son compatibles con una pieza destinada al ámbito doméstico, posiblemente instalada sobre una peana como elemento ornamental, pero también como una inequívoca manifestación del prestigio social de sus propietarios.

El entorno arqueológico hace pensar que pudo pertenecer a la residencia de una familia distinguida de Lucentum o a una villa de recreo situada en las inmediaciones de la ciudad.

La calidad del mármol y el cuidado de la talla refuerzan esa posibilidad. Según Pérez Burgos, se trataría de una pieza que únicamente alguien «pudiente» habría podido permitirse, incluido el coste de importar un mármol que pudo proceder de canteras de Grecia o de la península itálica, entre ellas las de Carrara.

Más allá de la propia escultura, el descubrimiento aporta así una valiosa información sobre el nivel de riqueza y sofisticación que pudo alcanzar este enclave costero durante la época romana.

Un descubrimiento excepcional

La reacción de las instituciones refleja la relevancia que se concede al hallazgo. Nayma Beldjilali, concejala de Cultura de Alicante, lo ha definido como un descubrimiento de «valor incalculable» y lo ha situado entre los hallazgos escultóricos romanos más importantes de la historia de Alicante y de su provincia.

Para determinar con precisión su origen, función y características, el Ayuntamiento ha establecido un convenio con la Universidad de Murcia y ha encargado su estudio a José Miguel Noguera, catedrático de Arqueología y uno de los principales especialistas españoles en escultura romana.

La investigación contará asimismo con la participación de expertos en mármoles y policromía de las universidades de Zaragoza y Córdoba. El objetivo es reconstruir, en la medida de lo posible, la historia de la pieza: determinar la procedencia exacta de la piedra, conocer cómo fue realizada y averiguar si conservaba originalmente restos de color.

Las preguntas que todavía quedan abiertas

La Venus de Alicante ha aparecido prácticamente intacta, pero todavía son muchas las incógnitas que rodean su historia.

Los investigadores deberán determinar de qué cantera procede exactamente el mármol, establecer si la cabeza perteneció a una escultura de mayores dimensiones, identificar posibles restos de policromía y reconstruir las circunstancias que llevaron a la pieza hasta el lugar en el que ha permanecido oculta durante siglos.

También habrá que aclarar cuándo y por qué se separó la cabeza del resto de la estatua y de qué manera terminó enterrada junto a la costa.

Lo que ya parece fuera de toda duda es la relevancia del descubrimiento. Un rostro de diosa que sobrevivió durante casi dos milenios bajo la arena y que ha vuelto a ver la luz gracias a unas obras de regeneración del litoral.

La historia, en este caso, estaba literalmente a unos centímetros de distancia. Bajo la arena de una playa alicantina permanecía escondida una pieza de la Antigüedad que ahora permite asomarse, casi dos mil años después, a la riqueza, el gusto y la cultura de quienes habitaron aquel territorio durante el esplendor del Imperio romano.

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