26/08/2026 07:45

Desde tiempos inmemoriales los grandes tratadistas militares como Sun Tzu o más recientes como Napoleón sabían sobradamente que para afrontar con éxito una campaña militar contra una nación enemiga, o un Ejército adversario hay que aprovechar un momento de debilidad suyo bien social, económico o político. Esta idea básica en los conflictos internacionales que jalonan la Historia mundial, también debe ser conocida por los gobiernos y políticos que son quienes declaran la guerra, pero nunca van al frente. España ha tenido buenos políticos y capaces de resolver conflictos o lo que es mejor aún evitarlos, pero en la actualidad, los que nos gobiernan no tiene parangón en inutilidad, incapacidad e incompetencia. No hay más que ver y conocer al actual Consejo de ministros(1).

Pero centrándome en el título de este artículo y dado que los recientes sucesos acaecidos en Ceuta tienen un parecido precedente por el comportamiento artero del gobierno marroquí me voy a retrotraer a la antigua provincia española del Sáhara.

El antiguo Sáhara español fue desde 1884 una colonia española, posteriormente provincia con representación también en las entonces Cortes españolas e incluso con matrícula de coches propia (SH). Tenía una superficie de 280.000 kilómetros cuadrados y una franja costera muy fértil y productiva de unos 1200 km. Limitaba al norte con Marruecos, al nordeste con Argelia y al sur con Mauritania.

El Aaiún era su capital que acogía gran cantidad de funcionarios, especialmente militares de todas las Armas y Cuerpos y los servicios propios de una pequeña ciudad peninsular hasta finales de 1975. El territorio del Sáhara español era fundamentalmente desértico y climáticamente duro y adverso. No obstante, el gobierno de Francisco Franco a través del Instituto Nacional de Industria (INI) a partir de 1962 comenzó la explotación en Bucraa de fosfatos con una obra de gran envergadura muy propia de esa época.

Con la llegada de la década de los setenta, un maestro coránico de nombre Basiri crea el embrión de un partido independentista que fue conocido posteriormente como el Frente Polisario y tuvo como uno de los principales jefes a Brahim Gali autor de atentados como el de Tifariti y multitud de combates contra el Ejército español al que le causó bajas mortales y secuestros. Este asesino, Brahim Gali, fue atendido en un hospital de Logroño en la época de la COVID entrando ilegalmente en España.

Llegó el mes de noviembre de 1975, crucial en la Historia de España. El Caudillo agoniza en un hospital público de Madrid, La Paz. El rey Juan Carlos ejerce la jefatura de Estado accidentalmente. No hay duda de que España vivía momentos de angustia y de cierta incertidumbre y como he dicho en el inicio del artículo, nuestro «enemigo del alma», Marruecos, aprovecha la coyuntura para jugar sus cartas político- militares y su rey Hassan II ordena lo que se denominó en su día «Marcha Verde» para apoderarse de la provincia española del Sáhara. Así las cosas, la invasión del territorio español se inició el seis de noviembre de 1975. A Franco le quedaban dos semanas de vida.

España en esa época ya estaba dispuesta a abandonar bajo los auspicios de Naciones Unidas y con toda dignidad ese territorio de manera progresiva y entregárselo a los propios saharauis para que estos formaran un Estado independiente. Pero Marruecos se adelantó a estos acontecimientos —debilidad del Gobierno español en esos momentos críticos— y con el apoyo de EEUU desplegó y dirigió una marcha pacífica de 350.000 hombres que invadieron el territorio saharaui.

El gobierno español en esas cruciales fechas estaba «herido» pues su jefe supremo se moría, pero sus Ejércitos no estaban acomplejados ni atemorizados.  El general Gómez de Salazar comandante militar del Sahara pone en marcha la Operación Marabunta y desplegó a todo el Ejército a sus órdenes en esa zona de operación e incluso a Unidades expedicionarias de soldados de reemplazo que acudieron desde la península. La moral de todas las Unidades era máxima. Las Unidades se reforzaron todas ellas con una promoción recién egresada de la AGM (la XXX). En aquel Ejército no había ningún ministro civil pacifista. Las Unidades de Ingenieros sembraron de minas toda la zona y tendieron multitud de alambradas.

Las Naciones Unidades se alarmaron porque se dieron cuenta de que España no iba a ceder ni un solo metro de su territorio y que su Ejército estaba dispuesto a cumplir con su misión: defender su integridad territorial. Dispusieron que ambas naciones, España y el invasor Marruecos negociaran ante lo que parecía un enfrentamiento armado y muy desigual. El ministro de la Presidencia Antonio Carro Martínez negoció en Agadir con Hassan la retirada de civiles y militares del Sáhara. Este acuerdo se confirmó el nueve de noviembre.

Las Unidades militares desplegadas en la zona creyeron que habían cumplido con su misión, que así fue, pero una actuación de sus gobernantes de manera sibilina llevó a cabo que el 14 de noviembre se firmara el acuerdo de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania por el que España abandonaría su provincia del Sahara antes del 28 de febrero de 1976. La felonía estaba consumada.

El 10 de diciembre de 1975 la Asamblea de las NNUU aprobó la resolución 3458B en la que básicamente se decía que los saharauis tenían la oportunidad de su libre determinación como territorio independiente en una consulta libre. Pero cincuenta años después España sigue teniendo posesiones en el norte de África, antes se llamaban plazas de soberanía, ahora ciudades autónomas. Ceuta que fue conquistada por Portugal en 1415 es española desde 1580 y Melilla fundada por Pedro de Estopiñán lo es desde 1497. También España dispuso, fueron españoles esos territorios, de lo que se llamó el Protectorado español hasta 1956 fecha en la que nació el Estado marroquí. La capital del Protectorado fue Tetuán.

Ceuta a muy pocos kilómetros de la península cuenta con unos 83.000 habitantes y Melilla algo más lejos de las costas españolas acoge a unos 87.000. Recientemente, Ceuta ha sufrido una invasión teóricamente pacifica —los caballas no lo ven así— de 60.000 inmigrantes y en torno a 100 fallecidos, ante la manifiesta pasividad del Gobierno gracias en gran parte a una sentencia del Tribunal Supremo de fecha ocho de julio de su Sala Contencioso Administrativo en las que ésta permite que las personas que lleguen a nado, «nada impide» que se les apliquen las «devoluciones en caliente». Aunque lo más grave del caso es que nos han invadido no solo por mar sino también por tierra alentados por Marruecos y consentidos por el gobierno español en especial por el canalla de Pedro Sánchez y el indigno Marlasca. España no ha tenido desde la época de Fernando VII unos gobernantes tan felones y tan indecentes.

Lo cierto es que lo ocurrido recientemente en Ceuta no es nuevo y desgraciadamente no será lo último si sigue gobernando el partido del puño y la rosa. Felipe González, el ahora verso suelto del PSOE, se despreocupó totalmente de estas dos ciudades españolas del norte de África en su largo mandato como presidente del gobierno; Rodríguez, el «primo» de Delcy se inventó lo que se llamó la Alianza de  las Civilizaciones, una estupidez que nos costó a los españoles millones de euros, y no tuvo inconveniente alguno —sonreía como un perfecto imbécil— cuando posó en una polémica foto con Mohamed VI mostrando este último los territorios marroquís entre los que figuraban obviamente Ceuta, Melilla Canarias y toda Andalucía.

Pero el felón que llegó a través de una moción de censura en el verano de 2018 y se hermanó totalmente con el «enemigo íntimo» de España de tal manera que el monarca alauita consigue de Pedro Sánchez todo lo que le pide. En estas cesiones intolerables ayudan a «falconeti» los inefables Marlasca y Albares.

No nos extrañemos de que las cesiones continúen: supresión de fronteras —en Gibraltar ya ha ocurrido—  tanto en Ceuta y Mellilla, puertas abiertas en ambas ciudades, adiós a las vallas y concertinas; creación de esos términos absurdos y sin sentido muy propios de este presidente como «desescalada» del conflicto con Marruecos, formación de  una «cosoberanía» o gobierno compartido y finalmente entrega de las ciudades a Marruecos obligando al Ejército y a la población civil a abandonar esas plazas de soberanía o ciudades autonómicas que son tan españolas como cualquier ciudad peninsular. Luego irán las Canarias.

Lo peor de esta ignominiosa actitud es que ninguna nación del mundo nos ayudará. ¿Quién nos va a defender si nosotros mismos no somos capaces de defender nuestras fronteras?

A un traidor y a un cobarde no le defiende nadie. Que Dios nos proteja, especialmente a ceutís y melillenses si este felón gana las elecciones el próximo año

«Una nación no se pierde porque otros la ataquen sino porque los que la tienen que amar, no la defienden». ( Blas de Lezo y Olavarrieta)

 

NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO

(1) «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».

Autor

Mauro Velasco
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